Una excepción

Un jueves por la tarde, dentro de una pequeña ciudadela, un joven de escasos 16 años jugaba con su perro en el jardín de césped recién cortado y dos árboles frondosos cercados a su confortable casa. Tenía madre y hermana mayor, su padre había fallecido 5 años atrás en un accidente automovilístico; además, sus dos mascotas; Haru, su perro y Shiro, su gato eran muy queridos y apreciados por él. Su nombre Jared Sadler, delgado, altura promedio, tez clara un poco bronceada y ojos almendrados cafés.

Tiraba la pelota de plástico una y otra vez a Haru, este no hacía más que ladrar y mover su cola en señal de alegría y diversión, trayendo en cada ocasión la pelota consigo; pero algo en Jared no estaba bien, no era el mismo desde hace una semana, misma en la que Shiro no regresaba a casa; recuerdos, pensamientos trágicos y preocupación carcomían su mente; unas inmensas ganas de llorar lo anonadaban, aunque por las esperanzas de su regreso ni una sola surco su rostro. Su descuido fue muy corto pero basto para que perdiera de vista a Haru, busco dentro de casa, pensó que pudo ingresar por aquella pelota que lanzo minutos antes; fue erróneo creerlo, no se encontraba dentro, siguió escudriñando por los alrededores de la casa, no dio con él. Decidió buscarlo por la calle, recorrió unas tres cuadras, ahí lo divisó pero no de la forma en la que él hubiese deseado, su estimada mascota había sido arrollada por un auto pereciendo al instante.

Las lágrimas por fin se hicieron presentes, con cariño lo acogió en sus brazos y se lo llevo entre sollozos; su madre y hermana, impotentes, no sabían que decir o hacer. Unos minutos después, mientras su hermana trataba de calmarlo, su madre ensimismada en el agujero que cavaba en el jardín, para enterrar a Haru, recordaba como tres días atrás cavó uno similar cercano al que hacía en ese momento, sepultura de Shiro, a quién había descubierto en el tejado muerto por envenenamiento. La madre le daría la noticia a su hijo ese Jueves por la noche, sabía que lo quería mucho y que estaba sufriendo por no saber de su paradero, aunque con la nueva situación no podría, lo lastimaría con más intensidad y no le agradaba nada esa idea; guardaría esa verdad hasta encontrar un momento menos delicado y más oportuno.

Estando todo listo, la familia se despidió de Haru con tristeza y llanto. En la noche, Jared despertó una vez más con susto reflejado en su rostro; pesadillas, culpabilidad y todo tipo de catástrofes lo atormentaban al empezar a dormir ; inspeccionó con la vista su habitación, algo que no hizo en las otras ocasiones en que despertó, busco el rincón donde sus dos mascotas solían dormir juntas y el asombro lo inundo, ambos se encontraban ahí, durmiendo plácidamente; en ese momento, no sabía cuál era su realidad, si la trágica que había experimentado por la tarde o la que ahora observaba, ¿Cuál de las dos era un sueño?

Sin aviso previo, su entorno cambió, ahora se encontraba en el jardín bajo el sol resplandeciente con sus dos mascotas; supo al fin que se trataba de un sueño, no era capaz de hacer que amaneciese de inmediato y mucho menos cambiar de lugar en segundos; prefirió disfrutar de aquel momento, dejaría que aquella realidad trágica lo golpease más tarde.

Tras observar unos minutos a sus mascotas jugar, sintiendo la pasividad y alegría en ese grandioso paisaje, escuchó risas, llanto y gritos, no tenía idea de donde provenían, rodeo con la mirada aquel lugar dando con el artefacto responsable, una pantalla que mostraba imágenes de los últimos años y días en que no sacaba a su perro a pasear o jugar y donde ya no dedicaba el mismo tiempo que antes a su gato por las arduas jornadas de estudio, algo justificable en parte, aunque el problema real era que en sus vacaciones poseía mucho tiempo para derrochar, jugar, disfrutar y demás, tiempo que desperdiciaba en videojuegos, en el ordenador o en su celular; olvidando, en momentos, la existencia de Haru y Shiro, que se la pasaban encerrados, pero que aun así eran felices.

El paisaje se tornó oscuro, Haru y Shiro desaparecieron de aquel lugar que minutos antes había sido hermoso y a Jared solo le quedo llorar entendiendo porque de repente los perdió a los dos.

-Ellos jugaran y serán libres, no verán el mismo lugar y las mismas cosas todos los días-pensaba para tranquilizarse un poco, aunque la culpabilidad nunca lo dejaría en paz.

En la mañana, la madre ingreso preocupada a la recamara de su hijo, había escuchado unos sollozos desde fuera; al ingresar vio como él derramaba lágrimas mientras dormía, extrañada por la tristeza de su hijo lo despertó despacio. Ya incorporado, ella le preguntó sobre aquello que había soñado para que llorase, él le contesto tristemente que Haru y Shiro habían aparecido por última vez en sus sueños. Su madre reflexionó y entendió que había sucedido, enseguida dijo que no se preocupará, que todo fue un mal sueño y que sus dos lindas mascotas comen alegremente su desayuno en la planta baja. Desde aquella pesadilla y meditación, Jared les entrega el mayor tiempo posible a ambos, sabe que no hay terceras oportunidades y de hecho ni segundas para algunas personas, que en esa ocasión, él fue una excepción.

Recomendado2 recomendaciones

Publicaciones relacionadas

2 Comentarios
Ver comentarios más antiguos
Ver comentarios más recientes Ver comentarios más votados
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Alexandra
7 meses atrás

Muy conmovedor y con una gran enseñanza😭👏

Robin Agustin
7 meses atrás

muy denso y entretenido me encanta el drama

¡Descubre los increíbles beneficios de esta valiosa comunidad!

Lector

Escritor

Anunciante