Un amor espurio

Comenzar esta historia no es simple, porque está escrita en un papel re-escrito muchas veces… habla de un tobogán de acontecimientos, que fueron recreando una relación punzante, de altos y bajos, de amenazas y cuestionamientos, que minaron lentamente las capacidades de amar. Una relación, que tuvo como protagonista la estafa, el subterfugio, el miedo de quienes creyeron amarse, pero que solo estaban cubriéndose la espalda, para arrancar de sus verdaderos objetivos de vida. Una farsa sin premeditación, que surgió de la pasión, pero que no tuvo el suficiente empuje para arrollar los amaneceres y quebrantar los crepúsculos, que lentamente fueron apagando los días más felices.

Fue una historia, donde no hay entradas, ni salidas; un laberinto de emociones que siempre estuvo nublado por una psicosis, que impiden ver la luz para acoger a dos, haciendo que los caminos sean difusos, gredosos y empinados. Una relación que se fue cayendo de los deseos y planeamientos compartidos, para ser solo un trago amargo, que se bebe con dolor, se escribe con apatía y está lleno de ripios del destino, que enjugo lágrimas, que terminaron corrompiendo los desahogos, las palabras y los gestos emocionados de las mañanas. Un amor intenso que se quebró, porque la paciencia se fue agotando y los miedos y los deseos coparon las horas de los días y de las noches, haciendo desaparecer la realidad.

Así, el tiempo que va pasando deja huellas siempre, aunque nuestras vidas no tengan ninguna trascendencia, siempre hay algo, que nos hace rozar el umbral del ambiente quemante, que corroe lo que creemos cierto, aunque el camino recorrido para eso, haya sido construido de pequeños e insignificantes momentos de luz. Hubo en este caso, ciertas cosas tan potentes, que el tobogán de emociones subió hasta el cielo, pero que la caída golpeó tanto el corazón, que este se desangro en un mar de llantos corrosivos y deprimentes. En el piso, desarmado, enfermo y sin aliento, agonizó hasta llegar a los paraderos del dolor, donde aún exhibe una exigua esperanza.

Este amor, amor espurio, surgió de los deseos inconscientes, de necesidades biológicas, de encuentros furtivos, que debieron quedar allí, porque lo que vino después fue un viento fuerte, desgarrador, marcado por largos momento de indiferencia y búsqueda sin sentido de deseos no escritos y de anhelos mal entendidos, porque los ojos se miraron de otro modo y ya no hubo la complicidad de la primavera, que explicara lo que estaba ocurriendo: era una despedida de los besos y los abrazos; un desencuentro que, comenzó a allanar el camino de la partida, porque el enfermizo cuerpo y aquella mente psicótica, no se debían reencontrar jamás.

Fue un amor, que se quedó ahí, porque no hubo suficiente luz que le permitiera liberar de la oscuridad, aquello que llevamos dentro, que se apropia de nuestras vidas y nos acorrala a los vaivenes del destino, que está esperando una pequeña fisura en nuestras convicciones, para lanzar ahí su zarpazo y hacernos caer y pensamos que el mundo tiene otros motivos para nosotros mismos, pero hay tantas desilusión en las miradas, que ya no bastan las buenas intenciones y no existe ya ningún parámetro que pueda servir para explicar los trascendidos de las voces desgarradas por el silencio.

Hay historias de amor, que se explican solas, pero para ésta no bastan las explicaciones, porque cuando el amor profundo se va, ya no existe el perdón y las palabras adquieren un tono tan hiriente, que los besos y abrazos, que quedaron atrás, se desvanecen como un humo, que el viento arrastra a los confines del espacio… allí ya no queda nada más que un acarreo de luces, que se van quemando lentamente, en la antesala del olvido, extinguiendo de paso, todo aquello que nos tocó vivir.

Lo que duele es pensar, que ese amor estaba hecho de agua cristalina; que fluía libre en la dirección de nuestros corazones; que latía las 24 horas, con el solo propósito entregar afecto infinito… Pero no era así, todo pendía de pequeños hilos, que se fueron cortando lentamente: besos ardientes, que se fueron enfriando; abrazos cálidos, que se desentendieron de los propios cuerpos; palabras susurradas, que emitieron adioses, desde los extremos del corazón; voces que se apoderaron de nuestra razón y nos situaron al borde del abismo, donde una fuerza centrífuga, hizo que las manos se separaran para siempre…

Pero no basta decir: “se acabó”, si aún siguen brillando las estrellas en la noche azul de los abrazos y besos; eso que fue tan fuerte, pero que duró el corto tiempo de una flor, no se apaga por un decreto fraudulento; de un pacto de besos y anhelos, que construyen futuro sin barreras… No se detiene el tiempo nunca y nuestros corazones están amarrados a la cima de un monte más alto que el sol y desde ahí emite señales, que aunque parezcan dolosas, llegan a un destino superior.

Nuestro amor hoy no sintoniza con los acontecimientos, que nos entrega la vida y está a la deriva, esperando que las heridas cierren y se perdonen las decisiones que están quemando el porvenir. Es una esperanza que mantiene viva la luz; una lamparita que está alumbrando un abrumado corazón, que a veces se le olvida latir y no da señales de vida, excepto por aquella llama que se niega a desaparecer y está jugando con nuestras emociones, hasta el dolor más inmenso.

Talvez ya no hay tiempo, pero seguimos unidos, talvez ya no por amor, sino por las circunstancias que hacen ver que hay demasiado barro en nuestros zapatos para caminar el delicado camino del estar juntos; bruscos pasos para hacer entender, que existen otros lazos para compartir.

Aún estamos en los pañales de la vida que nos habíamos prometido, esperando que se expanda nuestros cerebros e hilemos frases que sean contundentes como una roca para apoderarnos de la realidad y cumplir los sueños que nos trazamos alguna vez… Pasaran aún muchas cosas y seguirán persistiendo los pájaros en anunciar los amaneceres y estará el miedo siempre dando vuelta sobre nosotros mismos, pero las entenderá como las señales de un amor que persiste en estar de pie y atraviesa un momento difícil, pero que no detiene el andar de la primavera que llevamos dentro.

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