SIN ALMA.

Caras bellas y sonrientes,

como el trigo sus colores,

no ocultan sus temores

en sus gestos indolentes.

Caras tímidas inocentes

deambulan como si nada;

caras frías sonrojadas

no delatan preocupación;

caras frías sin emoción

caminan despreocupadas.

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