Señora «D’ Él»

soldier g15ebb63b9 1920 1

Mi corazón vivió en las periferias de una oscuridad más que profunda, y es aquí cuando digo con júbilo que una flama en mi alma llegó y se expandió como miles de misiles, sacándome de la eterna asfixia. Así que pude contemplar más claro que un pedazo de cristal templado. Dejé las vendas del maldito supuesto amor.

Me fui dejando llevar por la dulzura de tu camuflaje divino, tan parecido a los ángeles del cielo. Tus negaciones no me desmotivaron y la seducción llegó, te hice mío, solo mío. Te trastorné tanto que nos hicimos dementes el uno por el otro. No pude evitar seguirte a pesar de cada adversidad. Para mí fuiste miles de personas a la vez, lo recuerdas. La dulzura y descarada llama del amor inflamó nuestro corazón.

Ahora que lo pienso me enamoré más allá de tu casco, de tu arma y botas. Me enamoré de un hombre, de un caballero, de un ser inimaginable que me abrió las puertas de su vida. Ese ser duro, incuestionable, quizá, sí, supongo que duro de corazón, se atrevió a romper los paradigmas y reír sin parar con cada mensaje mío, a amarme sin igual, a entregarme con totalidad su ser y yo como buena compañera lo guardé en un tesoro de marfil a miles de metros de profundidad.

Amé el día en que nos unimos en matrimonio ante el Supremo Ser Celestial, fue como magia en los corazones rotos por un pasado desagradable, pero aquí estoy yo para restablecer cada herida con mis cálidos labios de gozo y delicadeza. Dices que soy amor, amor entero, sí, lo soy y solo para ti. Ahora con certeza, más que una simple certeza, sé que soy mujer o, mejor dicho, señora «D’ Él».

Eres un hombre de tierra, aire y mar. Admiro todo de ti, y lo admiro millones de veces mi vida entera. Amo la forma de comportarte, tu manera de fidelidad, la singularidad como me amas, todo lo tuyo lo adoro.

Para amar no es necesario un contacto físico, cuando el amor es puro y sincero, tiene un trasfondo, más allá de caricias, es soporte y resiliencia ante un mundo lleno de caos. Me digo, bendito momento en que te conocí, cuánto desearía que todos te conocieran como yo para que así nadie te cause daño.

Perderte es como un vacío en mi existencia, que va más allá de mí, supera mis fuerzas interiores y exteriores. Una luz perpetua se forma en nuestras historias llenas de nosotros mismos, de nuestro matrimonio. Lo más asombroso de mi vida eres tú, me causas un entusiasmo sin igual. Mis meses contigo, esos benditos seis meses a tu lado, son como destellos del universo que se avecinan una y otra vez como meteoros divinos. Cada día es una aventura de un amor a miles de kilómetros, pero que se fortalece con cada bala que recibo en mis pechos.

Mi mejor amor será este, el último de mi vida. Eres mi debilidad suprema, la tentación vive en mí, eres la persona más tentadora que conozco y tu seducción es infinita. Aceleras mi corazón con esa voz tuya que para mí es estupenda, más hermosa que los pétalos de la dulzura. El eco de mi alma está escrito con tu nombre y sé que esto es más que un sentimiento por ti, es una elevación celestial que me lleva a otra dimensión sobrehumana, una clase de éxtasis.

No tienes idea del júbilo que se acrecentó en mi corazón cuando me dijeron que eras para mí con esa voz de una seguridad franca y sincera, más que sincera, era la voz de mi Creador. Me olvidé de mí misma en ese momento y solo viví para ti, tú eres la pasión de mi existencia entera, somos uno en dos. Soy libre, completamente dichosa. Esto no es un escape de la realidad, es una decisión de vida, donde el amor se corona como flores de rosales.

El sufrimiento lo llevamos juntos y no es un impedimento para aventurarnos en el abismo, que de hecho no es abismo, es cielo mismo. De algo estoy segura, fuiste creado para mí y yo fui hecha para ti, amado mío. Tu piel se eriza con cada letra que trazo y con cada palabra que se forma, te amo más allá de todo lo material, más allá de cualquier sentimiento vano, te amo con un amor sincero, que no es ilusión, es decisión de amar por toda la eternidad.

Es darlo todo o nada, es estar con él a solas, y más allá que palabras dulces, es verle y contemplarle con ojos de doncella enamorada y con esa mirada seducir sus adentros hasta sucumbir su ser. Prefiero morir contigo y para ti que vivir enteramente en la soledad.

Tú me necesitas y yo te necesito, y lo reitero una vez más que eres mío y yo tuya. Ese encanto que diste en mí, son coros de ángeles, de serafines y querubines, ese canto es tan hermoso, es algo increíble, con un arpa dorada se entona millones de veces «Señora D’ Él».

Eres arte sacro, jamás profano, y yo la escultura de tu majestuosidad. Soy tu piedad, tú en eternos brazos bajas a tu amada del calvario de los infiernos. El mármol rodea nuestros benditos cuerpos, el barro se tiñe con nuestras lágrimas de alegrías y tristezas. Los dolores cobijan nuestro corazón unido más que nunca. La historia artística de la palabra fue escrita por nosotros, fuimos los co-creadores de este hermoso sentir.

El corazón viaja por las llanuras, tanto altas como bajas, retoma un viaje perfectamente estructurado, es esa parte que jamás conocieron, una que rompió con lo convencional, sí, ese es el viaje del amor, del señor amor.

Surge un renacimiento en nuestras mentes que se iluminan con faroles y candelabros. A pesar de naufragar, tú me rescatas en tus barcas y yo te abrigo en mis escamas. Suena tan aterrador, pero soy la dama del mar y tú el rey Neptuno.

Las quimeras se quedan lejos, esto es real, más que real y palpable. No es ironía ni un juego de ajedrez basado en estrategia, es pureza de alma. Me han cuestionado si existo, yo respondo confusa que soy verdad misma, y mi amado es dogma.

He aquí termino este escrito, más no la enorme historia de amor que siento por él.

Recomendar0 recomendaciones

Publicaciones relacionadas

0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios

¡Descubre los increíbles beneficios de esta valiosa comunidad!

Lector

Escritor

Anunciante