¿Porque leer rápido?

Vivimos en la era de lo audiovisual.

Durante siglos el libro—al principio manuscrito y más tarde, a partir de Gutenberg, impreso— ha constituido el único medio para registrar, conservar, y transmitir el conocimiento.

Pero, desde hace varias decenas de años, la radio, el disco, el magnetófono, la película, el microfilm, y la televisión cumplen ese mismo cometido.

Nos transmiten los mensajes en una forma más fácil y seductiva de lo que hacía la austera imprenta; así, por ejemplo, resulta mucho más descansado escuchar a un brillante cronista radiofónico que leer cualquier periódico; sentimos mayor interés un documental televisado que por la lectura de un libro sobre un mismo tema.

Ahora bien, con general sorpresa, y al revés de las previsiones emitidas hace ya algunos decenios por los especialistas, la producción de libros impresos no ha bajado frente a esa terrible concurrencia. Incluso lo que ha ocurrido ha sido todo lo contrario; la cantidad de textos impresos cada año crece en todos los países del mundo.

La razón de semejante superioridad del texto impreso sobre el lenguaje sonoro y sobre la imagen animada y parlante, resulta tan evidente que ha sido ignorada por los especialistas modernos de la información, emocionados por una verdad demasiado elemental.

Mientras el oyente de una conferencia, de un disco o una emisión radiada, o el espectador de una película o una emisión de televisión percibe el mensaje con la velocidad de la articulación oral del locutor, al ritmo medio de 9.000 palabras por hora, cualquier lector llega a leer 27.000 palabras por hora. Si ese mismo lector, habituado a la técnica del desnatado, seleccionara tan solo las informaciones del texto que más le interesan (método evidentemente imposible de aplicar en la comunicación oral) puede triplicar su velocidad efectiva de lectura. Un lector rápido es capaz de duplicar semejante ritmo, y uno extraordinario—como Jaques Bergier— llegará incluso a multiplicarlo por diez.

Conclusión: Si la lectura sigue siendo el medio privilegiado para adquirir conocimientos, lo es simplemente porque resulta más eficaz que las nuevas técnicas audiovisuales.

Dicha superioridad es considerable y queda reflejada por la relación 3 a 1 en el caso más desfavorable ( el del lector medio que lee el texto en toda su integridad) y de 18 a 1 cuando se trata de circunstancias normales más propicias (un lector rápido que “desnata” el texto), llegando hasta alcanzar la relación 200 a 1, si se refiere al caso excepcional de algún lector prodigioso.

Al margen de eso, la imprenta moderna ( el libro o periódico), constituye, a cambio de una reducida dificultad, la “máquina para informar” más flexible.

El usuario experto, todo lector experimentado, puede elegir su velocidad de lectura, hacer que varíe ésta en función de los temas, invertirla y dar marcha atrás, pasar por alto largas descripciones o “saltarse” capítulos enteros, buscando tan solo las referencias que hacen al caso, anotar en los márgenes o intercalar algunas notas…

¿Hay algún otro material visual que permita semejantes posibilidades?

Y la ventaja de la información escrita sobre la hablada será además duradera. El progreso de la electrónica, de las técnicas de miniaturización y las telecomunicaciones no cambiarán en nada en relación al ritmo de nuestras palabras, que está en función de la estructura propia del lenguaje—estructuras que son casi definitivas—Por el contrario, no es imposible que el libro evolucione, que su topografía se torne más funcional y que la página se vea sustituida por una bobina o una ficha, o que la pantalla de televisión se ramifique en un centro planetario de archivo del saber.

Más poco cambiará para el “receptor”, para ese hombre que habrá de leer las palabras compuestas por los signos de nuestro alfabeto y que tendrá que hacerlo de una forma cada vez más rápida, si quiere captar progresivamente más cosas.

¿A qué se debe que la mayoría de las personas leen con tanta lentitud? Respuesta: Realmente no les enseñaron a leer bien.

Según parece, fue poco antes del final del primer milenio cuando el progreso en la escritura y en la paginación (blancos, puntuación, vuelta a la línea, etc.) permitió que un número cada vez mayor de lectores cultos leyera de verdad con los ojos, que transmitían directamente a los centros cerebrales los datos que se leían en el texto.

Pero, todavía por largo tiempo y siguiendo la marcha de la costumbre, habrá no pocos lectores que seguirán leyendo en voz alta, cuchicheando lo que leen o simplemente haciendo vibrar de modo imperceptible las cuerdas vocales.

El circuito ojos— cuerdas, vocales oídos ha quedado no solo inutilizado, sino que incluso ha llegado a ser algo parasitario, puesto que su ritmo de propagación es muy inferior a la del circuito visual, y reduce la rapidez de lectura que se podría alcanzar.

Ahora bien, el aprendizaje escolar se detiene precisamente en el estadio de la lectura oral, es decir, en una fase que cuenta ya mil años de antigüedad; en cuanto el pequeño es capaz de descifrar en voz alta un libro de lectura, su profesor pasa a otras materias tales como la escritura, el cálculo, etc.

Una vez llegados a la edad adulta, si hemos quedado a medio camino durante los años del aprendizaje escolar y universitario, por lo que toca a la lectura, la enseñanza se detuvo en el desciframiento oral de la sílaba. De manera que todos somos unos autodidactas en el terreno de la lectura oral y silenciosa.

En un laboratorio creado en Lille por el centro de estudio de promoción de lectura, se realizaron análisis de los mecánicos de lectura con un centenar de personas de distintas profesiones y culturas muy diversas, desde un empleado de oficina hasta el universitario y desde los lectores lentísimos hasta los casos prodigiosos.

Se lograron encontrar diferentes conductas oculares y mentales de los lectores rápidos y lentos.

Fueron hallazgos realmente curiosos e interesantes, tanto en los resultados de la velocidad de la lectura como en los niveles de comprensión y memoria.

Y se llegó a conclusiones que procedían de las experiencias llevadas a cabo en la dirección del Centro de Estudio y Promoción de la Lectura. Estos estudios fueron la base que emitieron múltiples controles para elaborar este exitoso método de lectura rápida, refrendado con éxito por el Instituto pedagógico nacional de París y galardonado como uno de los libros mejores del año.

Te espero para conocer los resultados obtenidos en cada tipo de personas que participaron en la investigación.

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Resultados del test.

A continuación daré los resultados del test de evaluación de rapidez: Medicion de la rapidez: Tiempo de lectura….signos/hora. 0.45……..450.000 1…………303.000 1,30……..201.000 2…………151.000 2,30…….. 121.000 3………….100.000…

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