Por culpa de mi memoria. Capitulo 8 

Después de reconocer el cuerpo de María toda nuestra vida cambio, regresar a casa y ver a ese pequeño que me miraba con ojos asustadizos y buscando detrás de nosotros a su mami, me partía el alma, no entendía como pude dejar que esto llegará así. María no podía estar muerta, simplemente me negaba, me rehusaba a aceptarlo.

Después de ese día, hicimos los respectivos preparatorios para el sepelio y eso exactamente eso me estaba matando. La habíamos sepultado, ya más nunca volvería a escuchar su voz, su risa y ver esos ojos marrones que me hipnotizaban, el niño no podía entender y solo se dedicaba a llamar a su mamá. Eso, eso precisamente me lastimaba más. Lo abrazaba como podía y le decía que su mami ya no regresaría, él no entendía pero sus ojitos se humedecieron más y empezó a llorar más fuerte, después de tanto llorar quedó exhausto y se quedó dormido en mis brazos, la señora Andrea simplemente estaba en shock, ya no era ni sería la misma que yo conocí. Por eso después de eso, decidí quedarme en el país y quedarme con mi hijo. Después de varios meses decidí mudarme a otro lugar, la señora Andrea la tuvimos que internar a un hospital pues su salud mental y física estaba deteriorando, estaba mal y era entendible, yo lo estaba yo tenía ganas de irme con ella con mi María pero mi Christian, nuestro hijo me lo impedía, es decir ya perdió a su madre y abuela, no podría perderme a mi también.

Después de cinco años mi hijo y yo estábamos viviendo en Málaga España, en una cabaña cerca a la playa, después de mucho tiempo ese fue el único lugar donde pude sentir un poco de tranquilidad, de paz. Ya mi hijo no lloraba por la ausencia de su madre, pero era obvio que la extrañaba y yo también lo hacía. A pesar de haber pasado cinco años, aún tenía en mi pecho el collar que ella tenía, con el que pude reconocer la. La veía siempre en esa foto sonriente feliz con nuestro hijo y cada vez al ver esa foto mi corazón se estrujaba y sentía un fuerte dolor.

-Papi, papi vamos a paya- decía mi pequeño hijo que a penas se le entendía bien sus palabras.

-Hijo, ven lo abrace y lo cargue, dame un minuto y mando un correo de mi trabajo y vamos a la playa. Respondí.

-Nu papi ahora, ahora. Decía y hacia pucheros.

Sonreía al ver su gesto, listo sonreí al mandar el correo y salimos a la paya, cómo decía mi hijo.

-Papi, papi, corría y jugaba mientras yo corría tras él.

en un momento me distraje con un caracol que encontré en la playa se lo iba a dar a Christian, pero al ver ya no estaba.

Lo empecé a buscar como un loco, Christian, joder Christian ¿Dónde estas? Gritaba, gritaba desesperado buscándolo por todo el lugar y no había rastro de él.

Mierda esto no podía ser posible, es decir es solo un segundo, un segundo que me distraje. ¡Christian! Buscaba y buscaba y no estaba, acaso se atrevió a meterse en el mar? No eso es imposible, le tiene miedo y no lo haría. Chris, Chris bebé ya no es divertido, ven bebé, dulcifique mi voz, de pronto solo se trataba de una pequeña broma de él.

Estaba corriendo, cuando de repente me choque con un cuerpo, estaba tan alterado que no podía ver más, disculpas le pedí y decidí seguir buscando, pero entonces esa voz, esa voz hizo que todo mi cuerpo quedará estático y el lugar se quedará silencioso…

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