PECADOR.

Escuche a muchos decir que eras la mujer convertida en pecado. Solo por el hecho de ser libre y capaz de amar a cuanto hombre quisiste tener a tu lado.

Pues he de confesarme pecador porque si amarte me hace ser uno más, con todo fervor me declaro culpable de serlo.

Y si el castigo es sentir tus besos y tus manos como acarician mi cuerpo.

El poder unirnos sin miedos y entregarnos todo lo que tenemos dentro.

Pues lo recibo con los brazos y el corazón abiertos.

Y si he de ser juzgado, que sea por dejar que susurres mi nombre al oído junto con la palabra te amo.

Que muerdas mis labios mientras nos fundimos en un beso apasionado.

Que me mires a los ojos con esa mirada clara en la que puedo ver el fondo de tu alma, donde una y mil veces llego a la gloria envuelto en tus piernas y brazos.

No me hace falta absolución ni el perdón de aquellos quienes te señalaron, porque cada día junto a ti se renueva mi fe al saber que soy amado.

Y si el pecado lleva tu nombre me hundiré en ti una y mil veces sin importar que me señalen como aquel que se perdió en esa que llamaban la mujer convertida en pecado.

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