Paseos de mi tierra.

El ruido de las aspas era intenso y atorrante, sobre todo para Leticia, y no podía creer, que estuviera en esa situación, en vez de estar sentada en un escritorio con la laptop y unos papeles de trabajo, esté ahora encima de los montes, cimas, y techos, jugando con el rocío de las nubes y al lado de Iván Alejandro uno de los hombres más destacado de la sociedad, arquitecto y piloto de aeronaves.

Si quedaba algo de nerviosismo ya estaba dejando de ser y se sentía más entusiasmada por el paisaje que la rodeaba. Él arquitecto no dejaba de preguntar por el bienestar de las dos tripulantes que estaban acompañándolo.

Pero aportar un pequeñito grano de arena para la felicidad de una muchacha como Leticia que no tenía idea de la vida a la que el estaba acostumbrado, era quizás lo que al corazón de Iván Alejandro le daba gran felicidad.

Eliza Werintor estaba impresionada ante las salidas salomónicas de Iván para recomenzar de nuevo un capítulo en su vida de empresario.

Ella sabía que el quería darle a conocer a su nueva secretaria que significaba ocupar ese puesto a su lado. Pero…, ¿Qué era lo que realmente quería el arquitecto Iván Alejandro Montesabra?.. ¿Tomar un helicóptero y hacerlo volar por dos horas , sobrevolar el río Orinoco?, ¿los cursos azules del río Caroní?,¿Sobrevolar la gran Sabana?, ¿Pasear por encima del Roraima, y subir de arriba abajo, 979 mts de altura, la caída de agua más alta del planeta? ¡Por Dios!, ¿Es solo eso?…

El estaba también extrañado de estar donde estaba…¿Qué era lo que le estaba pasando en realidad? Leticia tenía una gran emoción que le hacía sentir, ganas de llorar y su corazón no dejaba de golpear con fuerza.

A la aeronave Iván la detenía en el aire, cuando quería mostrar todo el esplendor de lo que se les presentaba de repente.

Aparecían parajes multicolores y riachuelos con cascadas de vez en cuando y se avecinaban bandadas de aves muy alegres de intensos colores primarios, papagayos, guacamayas, turpiales, luego bajaba casi rozando el fango y se vislumbraban muchas flores exóticas orquídeas amarillas, violetas. Después, luego de tomar algunas fotos con el sol marmoleado entre el blanco esparcido de las nubes y el naranja de la tarde, todavía sin indicios de lluvia, se apreciaba la selva que invitaba a continuar el momento único que prometía más, ¡aunque todavía no habían almorzado!

—¡Nos quedamos está noche!, ¿Les parece?—dijo con una amplia sonrisa.

Leticia pensó en su mamá y sus hermanas, ni siquiera ha podido conseguir el momento para comunicarse con ellas y para completar tenemos, celulares en modo avión, y por estos lados pareciera que no ha llegado gran parte de la moderna vida de la telecomunicaciones.

En el fondo pensaba que tenía suerte, fue una locura haber aceptado, y si el arquitecto, hubiese sido malo y loco…,ahora estaba apreciando la gentileza y la nobleza de su jefe que hacía un esfuerzo por pasarla bien, ¡y con ella!

Eliza se acerca para hablarle:

—Acuérdate, que Leticia está comenzando y se está adaptando a tu forma de ser que es muy inusual, dale tiempo, poco a poco…

Comenzó a lloviznar de repente, empezó a cambiar el clima se puso un poco denso y las compañeras comenzaron a castañear de frío.

Iván se quedó en silencio y ahora, empezando a conocer a Leticia, piensa en ella, en la condición en la que se encontraba, también le preocupaba y ella lo sentía porque era muy sensible.

Leticia lo mira y le dice a pesar de todo los ruidos:

—¡Gracias arquitecto!

—¿Y eso porque?

—¡Esto para mí es un regalo gigante, de incalculable valor! —le dijo muy sensiblemente.

Conocer esta tierra es lo mejor que me ha pasado, ¡creo que en años!

—Me complace mucho oírlo Leticia, es parte de mi, es más, ¡así es mi vida!…

Le dijo, para que entendiera que era lo que quería realmente…

—¡¿Qué les parece si nos damos un baño en aquel pozo?!—dice muy sonriente!

Eliza reacciona:

—¿A que?…., ¡No arquitecto vamos a visitar el Salto Ángel antes de que sea demasiado tarde!…

—¡Entonces sigamos el camino propuesto!…

La travesía de los tepuy era gloriosa, muchas y altísimas mesetas, rodeadas de algodones exuberantemente, simulaban como mesas de dioses servida en medio de esas nubes vaporosas, y se detuvo sobre uno altísimo… y las miró.

—¿Están listas?…

—¡Por supuesto!—dice Leticia..

Y se inclinaron como de cabeza llegando al borde de la montaña.

—Ahí lo tienen…

Y…si… allí estaba…el monumental alado de agua de 979 mts de altura, Iván volvió a subir a la meseta muy bajito, y miles de mariposas azules saltaron de repente. Las aves eran muy exóticas de colores muy vivos, aparecían como dándoles la bienvenida.

Se volvió acercar a la punta del cerro, y comenzó a bajar por la vertical de agua a una distancia cerca pero prudencial era un rugido como de mil leones en pie de guerra:

¡El Salto Ángel!

—¡La caída más alta de agua del planeta!, ¡Nada más y nada menos!

Siguió descendiendo el imponente vuelco de agua blanca que rociaba aún a la distancia.

—¡Bueno digan algo!, ¡Leticia toma la película ¡para que te crean!..—Iván se ríe.

Bajaron hasta el torrente que caía en el pozo manantial y algunas ranitas azules, amarillas con pinticas moradas se dejaron ver en las piedras del santuario de agua.

—¡Que impresionante arquitecto es un regalo de Dios decía una y otra vez!…

Allí estaba…

¡El gran alado!..

Leticia cobro valor para voltear hacía arriba y ver el derrumbe de aguas que generaba una fuerza colosal fuera de toda medida, y que cautivaba como si un espíritu encantado con flautas invisibles adormecieran su alma, y el suspiro se quedaba quieto en el palpitar de su pulso, ¡así lo siente todo el que lo logra ver!

El cambio de clima las hacía temblar a Eliza y a Leticia de frío.

El baño permanente del caudal de agua impresionaba todavía al arquitecto, que le fascinaba escaparse de vez en cuando, para contemplar el monumental, salto de agua profunda, cómo le dicen los naturales de la región, en su dialecto, llamados pemones, que habitan ese lugar.

—¡Respira la vida Lety! — le decía Eliza.

—¡Estamos resucitando!—Ivan no deja de reír.

¡El agua cae brutalmente no es para nada tímida!

¡Ese ángel se parece a los Montesabra! —musitó Iván.

—¡Qué colores tiene la formación rocosa es una paleta torneada de negro, rojizo, marrón café, beige, rosa, es un espectáculo cautivador!—Destacó Leticia.

El helicóptero bajó verticalmente pero a la vez suave, y estaba bajo una nube humeante, vaporosa, pero fría.

Subió para nivelarse muy por encima, y luego descender en una zona que Iván sabía que tenía sus riesgos, pero así era el…un rebelde, pero también un conservador, un aventurero, soñador, astuto…

¡Pero muy…muy…inteligente!…

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