Para siempre y Nunca más

Nos faltaron cosas por hacer, 

posiciones que experimentar, 

orgasmos que liberar. 

Nos faltaron risas que acumular, 

hijos por ver venir, 

tristezas que superar.

Nos sobró el infinitivo 

en cada verbo tan mío 

que tú no vas a encontrar.

No llegó eso que prometimos, 

el juego que discutimos, 

las peleas para después.

Nos robamos el abrazo y la despedida, 

las películas en tardes frías, 

el beso y los buenos días, 

las cenas de MasterChef.

Retomamos el insomnio por pensamientos, 

los dedos fríos en el intento de lo que pudo y no fue.

La duda se volvió maestra, presidenta del lamento 

que acoge arrepentimientos y los cuestiona después.

Las campanas hoy se escuchan en el eco de una fecha, 

tan lejana en el segundo que transcurre yendo a pie. 

Y atormenta en la idea de un febrero ya marchito, 

de un “sí quiero” y el mito de una luna de hiel.

La mentira de un abrazo, la promesa de un te quiero, 

el suspiro de un te espero, los te amo y el por qué.

Una sombra en el asiento, una foto en el recuerdo, 

una huella en el lecho, una voz que no es.

Nos salió el no cuando dijimos que sí, 

se ahogó un sí y nunca debimos decir no.

Creímos ser, sin ser y sin decir. 

Fuimos todo, nada, un acierto y un adiós.

Jugamos a encontrarnos en la bruma del después. 

Nos perdimos tantas veces en las que me encontré yo. 

Y en las idas y venidas del destino y la coacción, 

ganamos en un juego donde perdimos los dos.

Hoy lo dulce sabe amargo, 

la lluvia ya no se siente bien, 

no hay luz al quinto día, 

el alba ya no se ve.

No encontramos las respuestas 

entre lo justo y la enfermedad. 

Somos al mismo tiempo:

“Para siempre y Nunca más”

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