Michoacán en los albores de la independencia

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Como hemos tratado en otros artículos, la implementación de las reformas borbónica fue un duro golpe para buena parte de los estratos de la sociedad novohispana que no lograría adaptarse a las nuevas condiciones que suponía el intento de “racionalizar” el gobierno por parte de los peninsulares. Este fue el caso de Michoacán, cuya historia con las reformas empieza con la conformación de la Intendencia de Michoacán en 1787, empezando tanto los criollos como mestizos e indígenas a amoldarse o en lo posible intentar preservar sus antiguos derechos frente a las nuevas medidas implementadas por el virreinato.

La intendencia estuvo bajo el gobierno de dos intendentes, José Antonio Riaño y Felipe Díaz de Ortega, intentaron implementar la Ordenanza de 1786 tratando en lo posible de respetar el antiguo orden local, destacando por ejemplo el caso de Díaz de Ortega que para 1804 le reporta al virrey el agotamiento económico que tenían los criollos michoacanos debido a los préstamos que había solicitado el gobierno. Este intendente se encargó de solucionar problemas causados por fenómenos naturales, la escases del agua y epidemias, así como el fomento de una naciente industrialización en el estado como lo atestigua un proyecto para la construcción de una fábrica a cargo del arquitecto Manuel Muñoz y García. Destaca el conflicto que hubo por el agua en Valladolid que estaba quedando bajo el control de los peninsulares y que estaba ocasionando una fractura social por parte de los criollos, mestizos e indígenas, que pronto vieron como gradualmente su calidad de vida iba en franca decaída.

Un golpe de gracia para la sociedad michoacana fue la implementación de la Real Cedula de Consolidación de Vales Reales que desde 1781 hasta 1809 hizo que el gobierno constantemente recurriera a las diferentes comunidades para solicitarles prestamos que fueron carcomiendo el humor social que había en la intendencia, por lo que para la época de la independencia ya no era fiscalmente sostenible haciendo que el intendente Manuel Merino estuviera solicitando a la capital recursos para subsidiar los gastos de gobierno ante el incumplimiento generalizado de pagos de impuestos que había desde 1806.

Nadie se escapó de la voracidad fiscal del gobierno, tanto la nobleza como los criollos mestizos, indígenas e incluso la iglesia estaban forzados a hacer pagos de impuestos y que tenían que estar respaldados por un albacea, representante o un apoderado. Como lo demuestran los documentos, la sociedad michoacana se solidariza con el compromiso y estaban dispuestos a servir de representantes para el pago de los impuestos, pero eso no impidió que creciera la desconfianza en el gobierno y que se verá agravada por la crisis agrícola de 1804 y 1805 donde el gobierno aplica el cobro para comprar granos a Guanajuato.

Para todas las crisis que enfrento la monarquía española la sociedad michoacana estuvo presente para aportar los recursos necesarios, ya sea para ayudar a la crisis creada por los sismo en Andalucía, la invasión napoleónica y los constantes problemas locales habían sido solventados con esfuerzos, su recaudación estaba a la par que la de México y Puebla, pero con un claro agotamiento social. Pero el punto de quiebre fue la crisis ocasionada por la caída del virrey Iturrigaray promovida por la Real Audiencia ante su respuesta autonomista, lo que generaría un primer movimiento insurgente comandado por el teniente José Mariano Michelena junto con otros destacados intelectuales y religiosos para la defensa del reino ante la invasión. Tenía la idea de juntar una tropa de veinte mil hombres reunidos de los mestizos e indígenas para derrocar a las autoridades de la intendencia con la promesa de abolir los tributos, así como convocar a un congreso constituyente para convocar la independencia, pero no recibió el apoyo requerido, por lo que su movimiento fue rápidamente reprimido y el seria encarcelado.

A pesar de que la rebelión de Michelena lograría ser sofocada gracias al poco interés de sus propuestas y ante una serie de denuncias anónimas que se encargaría de denunciar a los cabecillas, ya revelaba que las elites michoacanas estaban decantadas por la idea del autonomismo como una forma de solucionar la crisis ocasionada por los Vales reales, sumado a las respuestas que ocasionaron los conflictos de intereses que mantenía el intendente interino Alonso de Terán (Díaz de Ortega había muerto en 1809 y con él su frágil equilibrio que habría creado con los diferentes sectores sociales) y que obedecían a su sistema clientelar lo que impediría que resolviera los problemas crecientes como el desempleo. Para 1810 la crisis había llegado al límite y hartos de las constantes aportaciones a la corona seria el campo de cultivo para que proliferase el movimiento de independencia de Hidalgo, por lo que el recién ascendido a intendente Manuel Merino tendría una serie de dificultades para poder sostener el gobierno peninsular en esos años.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: Iván Franco Cáceres. Crisis política y de gobierno en Valladolid de Michoacán, 1803-1811, del libro La Independencia en las provincias de México.

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Imagen: Anónimo. Catedral de Valladolid, Michoacán, siglo XIX

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