“Más allá del pecado”, capítulo 12

XII

El día de la separación fue uno de más amargos de Odalys. Tan pronto lo perdió de vista tuvo el impulso de correr para suplicarle, hacer cualquier cosa que fuera necesaria con tal de retenerlo. Algo dentro de ella se estaba derrumbando. Sintió que nunca más lo vería. Recordó las semanas anteriores cuando se debatía entre ocultar la verdad o abrirse con él.

– ¿Pero tú estás loca? Con tu calle y tu inteligencia venir a contarle al religioso ese la historia de tu vida. Yo no sé lo que tú tienes en esa cabecita-dijo la amiga

– Ay Neysa, no es para tanto; además, él es noble y cariñoso. Yo confío en él. No se parece en nada a esos singaos que nada más les interesa cogerle el culo a una y cuando no pueden hacerlo te quieren hacer la vida un yogur.

– ¿Ah y este no?

– Nooo. Este es diferente y me gusta un montón.

– Tú me vas a partir el cerebro. Está bonito pero no es pa´ tanto. Yo la verdad no sé qué tú le ves con esa cara de nobletón.

– Pues ahí te pica. Tú no lo conoces. Tiene un carácter…tremendo macho. Yo pensaba que lo podía manejar a mi forma y me quedé en esa. No te confundas, parece un santico pero cuando me paso de rosca me pone en firme como si él fuera un general. Y tiene buena pinga, ya tú sabes con ya tú sabes… para comer y para llevar, como a mí me gustan.

Las dos amigas ríen

– ¿Y cómo vas a hacer cuando él se entere del cuento chino que le metiste con el pepe? Porque ya te dijo que viene para junio.

–Eso sí me tiene como loca, no quiero ni pensar en eso porque no me lo va a perdonar.

– Bueno, puti, cuando eso llegue tendrás que darle el bate porque tú no vas a ser tan comemierda de perder tu fasteo por un macho, ¿verdad?

– Ay, no sé Neysa, porque yo lo quiero de verdad. Sí no fuera tan cerrado podía seguir con él mientras le derrito el baro a Enrique. Pero imagínate, no es así…La vida es con dolor.

– Tú lo que estás crazy, allá tú.

–Sí, estoy como loca. No sé lo que voy a hacer.

Esa noche, mientras lo miraba dormido, los recuerdos la desvelaron. Se crió sola con su madre. Jamás conoció al padre. Vivían entonces en el cuartucho de un solar de Jesús María. De niña no tuvo nada. Ni fotos, ni fiestas de quince. Nada. La madre se prostituía para sobrevivir. Malvivió con diferentes hombres. Todo por conseguir “el plato de comida de mi hija”, como decía. Uno de esos la violó. Tenía trece años. La madre estaba para la bodega, a tres cuadras. El marido de turno entró al cuartico. Encontró a Odalys tendida en su catre, media dormida. Cuando despertó, tenía la boca tapada, un cuchillo a centímetros de la cara y un pene rasgándole la inocencia.

–Si se lo dices a alguien mato a tu madre y después te mato a ti– le dijo.

Se levantó culpable y adolorida para limpiar la sangre que manchaba sus muslos, así la madre no se enteraría.

Llegó el “período especial”. La situación tocó fondo. Cumplía los quince y los hombres la codiciaban. Algunos no podían ocultar el morbo y la lujuria cuando pasaba ante de ellos.

–Muñequita, has echa´o tremenda colita, ven conmigo pa mi cuarto que yo te lo busco todido, no te va a faltar na–le dijo uno.

–Ñoo loca, tremendo perro culo–le espetó otro más grosero.

–So puerco, hazme el favor. Con lo viejo y asqueroso que estás–respondió.

Dejó los estudios. Decidió jinetear. Solo de ella dependería su sustento y su lugar en el mundo. No sería débil como la madre. Tuvo que bregar duro contra policías corruptos y otros no tanto; contra chulos, mandantes y colegas de profesión, quienes quisieron sacarla de la competencia. Pero su hermosura, su congénito talento para la seducción, su fuerte carácter y mucho de esa sustancia que llaman suerte le permitieron salir a flote con un solo rasguño: Seis meses en un campamento agrícola por “peligrosidad”.

A pesar de abandonar los estudios tenía facilidad para los idiomas, e inteligencia natural. Consiguió clientes de altura, casi todos muy solventes. Estos le proporcionaron un nivel de vida cómodo para ella y su madre, inclusive, uno de ellos, periodista mexicano acreditado en La Habana para la cadena de noticias CNN, le compró la vivienda del Pilar. Era la envidia de las trabajadoras del gremio. En resumen, todo era ganancia neta, según su lógica existencial. Pero cuando al fin atrapó un pez gordo que estaba dispuesto a casarse y sacarla del país, vino a enamorarse de un hombre inexorablemente distanciado de sí misma y sus metas.

“No debí llegar tan lejos” era el triste pensamiento que la torturaba. Sabía que necesitaba enfrentarlo con los hechos y convencerlo para que aceptara su plan, pues tarde o temprano acabaría descubriendo la verdad.

Intentó deshacerse de esos recuerdos, de nada valía sufrir. Secó las lágrimas, comenzó a recoger las cosas necesarias, se bañó, se puso la ropa más sexy que tenía, se emperifolló, dejó una nota para cuando la madre llegara de la Habana y salió para Artemisa. En una hora la recogerían en el parque. Mientras caminaba por la calle tuvo que reprimir los deseos de llorar. Algún sollozo se le escapaba de vez en vez, acompañado de suspiros. Pensaba en Juan Pablo. Frente a una ponchera le gritaron algo que no pudo distinguir. Entendió unas pocas palabras: Que culo más rico o algo parecido. “Comepingas y asquerosos”– pensó con rabia, pero no sabía si la irritación era por ellos o por Juan Pablo.

A la hora exacta un taxi amarillo con chapa de turismo llegó al lugar convenido. Lo abordó extrañada. Enrique no estaba. No vino a buscarla. Según el chofer la esperaba en Boca Ciega. El viaje fue una eternidad, aunque por otra parte no tenía deseos de llegar. Por más que se dijera que debía ser práctica no lograba reprimir las lágrimas. El conductor lo notó. La miraba recurrente por el retrovisor.

“Debe estar preguntándose qué le pasará a esta puta– pensaba– Soy una jinetera. Lo sabe, pero bah, a mí qué me tiene que importar. Lo que él piense de mí me resbala. A mí nadie me da nada. Lo mío me lo tengo que buscar yo y si es con el culo para eso es mío…Pero es de madre tener que meterse un viejo como Enrique para vivir como las personas… esa perra de Neysa… No debí confiar en ella. Siempre lo supe. No era tan amiga como aparentaba. ¿Por qué lo hizo? ¿Quería ganar algo?… Juan Pablo con sus ataques de moralidad y la religión… No es hombre para mí. Además, nunca me lo dijo, pero yo lo sé perfectamente, para él no soy la mujer perfecta con la que soñó…Seré una jinetera pero con bastante baro…Es un singao como todos, pero con esa cara de niño bueno me mareé…Me lo voy a sacar de adentro, para eso Europa, el tiempo y el billete me van a ayudar porque ningún macho… ” Volvió a sollozar”.

El auto la dejó frente a una lujosa casa de dos plantas a pocas cuadras de la playa. Un hombre mayor, de estatura media, algo grueso, medio calvo, la esperaba sonriente. Cuando lo vio sintió un odio súbito que antes no conocía, desde que un año y medio atrás lo despidiera en Rancho Boyeros. Se dijo a si misma que tendría que sacar sus mejores dotes de actriz como siempre hizo. “Será pan comido Odalys, tú eres hija de Ochum, sabes cómo volverlos locos, si llegaste hasta aquí no te puedes rendir”– se animó.

La recibió con beso morboso, sobándole los glúteos sin recato.

–¿Me has extrañado mi mulata linda?

–Cantidad papi– le respondió forzando la mejor sonrisa.

– ¿Y el gilipollas ese de Pedro Pablo?

– Se llama Juan Pablo…y sabes que lo dejé por ti

– Da lo mismo el nombre, gilipollas igual.

Recibió esas palabras con dolor. Enrique avanzó hacia el taxista, extrajo un billete y le pagó. Este giró con el auto, alejándose.

–Tengo noticias buenas pero no te saldrán gratis, después me sacarás los demonios que tengo en el cuerpo– sonrió triunfante.

Almorzaron en un restaurante–paladar. Allí la puso al tanto. Había arreglado todo lo concerniente a su contrato de trabajo. La ubicaría por un año como recepcionista en el área de marketing y negocios de su empresa. Necesitaba una mujer joven y de buena apariencia.

– Quien mejor que mi futura esposa– dijo sonriendo– En julio comienzas. Hasta entonces estaremos aquí.

– ¡Tan rápido!–quedó sorprendida

–El asunto de los papeles me los curré con un tío de la embajada. Es un viejo amigo. Me debe favores– explicó

El rostro de Odalys se iluminó por primera vez en el día. La perspectiva de viajar en poco tiempo, casarse y hacerse ciudadana española, hacía que el sacrificio valiera la pena.

Lo observó devorar trozos de bistecs. Al reír la grasa se le salía abundante por la comisura de los labios. Una vista deprimente. Hablaba y ella no lo escuchaba. El recuerdo del amor perdido, contrastaba crudamente con lo que veía

Al cabo de unas horas regresaron a la casa. La hizo subir por una escalera de caracol hasta el interior de una habitación. Le brindó un trago y enseguida se abalanzó como un depredador.

– Que ganas tenía de follarte puta… Así, cógeme la polla… Que buen culo tienes, me corro… joder…

La tarde y la noche de ese día le resultaron horribles. Lo tuvo que fingir todo. El hombre la montaba con hambre animal. La halaba fuerte del cabello, hundía su rostro en la cama, le gritaba obscenidades, le palmeaba con fuerza las nalgas y eyaculó en su boca después de empujarle la cabeza como si quisiera atravesarla. Mientras la penetraba le introducía por el ano un grueso y vibrante godemiche, observando simultáneamente la escena de un video porno en la pantalla del televisor. Al rato el ciclo se repetía, sin creatividad, sin variaciones. Parecía poseído por una virilidad de sátiro.

Ya satisfecho se volteó exhausto a un costado de la cama. Al rato se levantó. Bebió medio vaso de Habana Club. Tomó un puro, lo encendió, expelió una amplia bocanada de humo y mirándola le dijo.

– Me gustó como nos corrimos mulata. Me tienes flipando desde que te conocí. Allá en Madrid no hacía otra cosa que pensar en volver para llevarte conmigo.

Ella apenas lo escuchaba. “Ánimo Odalys, que la vida es con dolor”–pensaba.

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