Los traspiés de México con la Sociedad de las Naciones.

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Durante los años de la lucha armada revolucionaria, se vivió en el país una dinámica muy compleja. Las potencias coloniales trataron de aprovechar las circunstancias a su favor. Se destacaron las intervenciones alemanas con sus intentos de sabotaje a los estadounidenses. Mientras tanto, estos últimos llegaron a entrometerse en asuntos internos, como sucedió con el derrocamiento de Francisco I. Madero, respaldado por la embajada estadounidense, la toma de Veracruz por la marina en 1914 y la expedición punitiva a Chihuahua en 1917. También hubo intentos de entablar la paz entre las facciones con la fallida Conferencia de Niagara en 1914.

Todo esto hizo que Venustiano Carranza llevara más allá la Doctrina Juárez, donde se pedía el respeto a los gobiernos extranjeros y la no intervención para llevar a cabo una política más aislacionista. Esto fue especialmente relevante debido al proceso de paz posterior a la Primera Guerra Mundial. Carranza mandó a Alberto J. Pani como observador en la conformación del Tratado de Versalles y de la Sociedad de las Naciones. En estas instancias, se ratificaba la doctrina Monroe y sus intereses sobre las naciones americanas en el Pacto constitutivo, negando la entrada de México en este primer intento de diplomacia internacional.

Es innegable que las potencias veían con mucha cautela los resultados de la lucha revolucionaria, sobre todo porque en gran parte del conflicto tanto sus empresas como sus conciudadanos resultaban afectados por los despojos de las facciones sin que nadie se hiciese responsable. No ayudaba en nada la posición adoptada por Carranza de neutralidad y los evidentes coqueteos que tenía con las potencias del Eje.

Llegándose a poner en la mesa como solución para pacificar al país y salvaguardar sus intereses, poner a México bajo la tutela estadounidense, la británica o que se hiciera una intervención en conjunto para administrar el país, sobre todo por el radicalismo nacionalista con que se estaba perfilando el gobierno revolucionario en el constituyente de 1917. Uno de los principales motores fue la colocación de los productos del subsuelo como propiedad de la nación, lo que prendió las alarmas de las petroleras estadounidenses y británicas.

Los cuerpos de inteligencia empezaron a recabar información sobre la posibilidad de la factibilidad de la intervención o de apoyar a un grupo subversivo favorable a sus intereses, viendo como posibilidad el respaldar al ya decadente movimiento de Félix Díaz.

Pani le informa a Carranza que la posición de las delegaciones era la de no reconocer su gobierno sin antes se pagase una serie de indemnizaciones por daños y perjuicios a sus empresarios y ciudadanos avecindados, posibilidad que no se volvió a tocar. Una de las principales amenazas era la retórica antiestadounidense que campaba por la sociedad en general y como los políticos, incluyendo al propio Carranza, les gustaba sacar a relucir en su retórica. Esto hacía muy plausible las teorías conspirativas donde agentes alemanes, italianos y japoneses, estos últimos a pesar de formar parte de los aliados no habían quedado conformes con la repartición, podían iniciar un movimiento en contra teniendo como principal móvil la recuperación de los territorios despojados a mediados del siglo XIX.

Lo cierto es que Carranza estaba empezando a boicotear a la Sociedad de las Naciones. Usando como argumento la formalización de la Doctrina Monroe, estaba conformando un bloque con el resto de naciones hispanoamericanas para hacer frente a Estados Unidos.

Inicialmente se había pensado incluir a México en el apartado de nación neutral en igualdad de condiciones de las naciones aliadas dentro del nuevo organismo internacional. Sin embargo, la tensión existente con sus representantes hizo que el presidente Woodrow Wilson lo sacase de la lista, poniendo bajo decisión del gobierno mexicano la opción de entrar por sí mismo o de no hacerlo en el momento y negociarlo posteriormente.

Dos meses antes de llevarse a cabo la primera asamblea, Carranza da un discurso frente al Congreso donde ratifica su postura de no buscar el ingreso a la Sociedad de las Naciones. Puso como ejemplo de las condiciones injustas del organismo el trato que le dieron a Japón a pesar de haber combatido a su favor.

Aun con el asesinato de Carranza en mayo de 1920, los temores de las potencias frente a los revolucionarios se hicieron realidad al mantener la retórica contra la Sociedad de las Naciones al verse como un instrumento para validar el orden imperialista y, por lo tanto, una afrenta a la dignidad nacional. Esto desairó cualquier posibilidad de ingreso y prefirió tratar por separado la diplomacia frente a Estados Unidos y Gran Bretaña.

La Sociedad de las Naciones empezaría a intentar redimirse ante México a lo largo de la década de los 20. Su principal interlocutor fue el diplomático uruguayo Julián Nogueira, quien les aclara que la Doctrina Monroe no estaba dentro de sus lineamientos y se salvaguardaba la soberanía de los estados americanos. Esto dio entrada a la participación mexicana en algunos foros.

Con el gobierno de Álvaro Obregón, se intenta reconstruir la vida diplomática para asegurar su reconocimiento. Aunque su sucesor Plutarco Elías Calles tendría un traspié con Estados Unidos al querer desconocer las concesiones de sus inversores y se vio forzado a reconocerlas. Sumando como acto de buena voluntad el romper relaciones con la URSS. A partir de ahí, el gobierno mexicano fortalece el cuerpo diplomático gracias al apoyo de Alberto J. Pani y el trabajo de Genaro Estrada.

No fue sino hasta 1931 cuando la Asamblea General de la Sociedad de las Naciones da una disculpa a México y pide su inmediata incorporación de su representación. Todo esto gracias al cabildeo hecho tanto por la República española como de las naciones latinoamericanas que intercedieron para su entrada. Sumado al respaldo del presidente Pascual Ortiz Rubio, quien con su amplia experiencia diplomática respalda a sus contactos en Ginebra. Con su entrada y con el gobierno de Lázaro Cárdenas se inauguraría la etapa más brillante de la cancillería mexicana.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: Fabian Herrera León. México y la Sociedad de las Naciones: sobre su exclusión e ingreso (1919-1931), de la revisa Historia Mexicana no. 69.

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Imagen:

Izquierda: Hulton Archive. Los miembros de la Sociedad de las Naciones se reúnen en Ginebra, Suiza, 1920.

Derecha: Edición Dominguez. Don Venustiano Carranza.

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