Los inicios del sistema electoral mexicano.

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Se tiene la creencia fundada que las elecciones de representantes populares estaba asociado con el movimiento insurgente que propugnaba por una incipiente democracia, pero resulta que el inicio de las primeras elecciones las veremos en el pleno proceso de independencia por parte de las autoridades virreinales como parte de las reformas implementadas por la Constitución de Cádiz de 1812 cuando se da la oportunidad de que el pueblo intervenga en la selección de sus representantes, siendo las elecciones municipales de la Ciudad de México el primer intento para implementar la democracia en un imperio en crisis. Se habían creado secciones electorales las cuales poseían pocas casillas a donde ir a votar que por lo regular estaban en las iglesias, donde las facciones políticas movilizaban a los votantes otorgándoles boletas que usarían para votar y que acompañaban con entretenimiento y comida para persuadir a la gente de votar a su candidato.

Si bien no se cuentan con datos exactos sobre el número de votantes, se sabe que fue un evento muy concurrido donde se aceptaron la mayoría de los votos y que le dio la victoria al bando autonomista sobre el realista. Ante la derrota, las autoridades virreinales decidieron reducir el tamaño de las secciones electorales y espaciaron los días en que se desarrollarían las elecciones, estas medidas fueron implementadas en 1813 donde se celebraron una en julio y la otra en diciembre y recibieron menos participación que las anteriores. Al siguiente año se acabarían las elecciones por el desconocimiento de la Constitución de Cádiz y el retorno a la monarquía absolutista de Fernando VII, regresando con la restauración constitucional de 1820. Otras ciudades como Toluca y Puebla también celebraron elecciones en el corto tiempo en que estuvo vigente la constitución, incluso en la Antequera que fue recuperada del control de Morelos en 1814 alcanzo a celebrar la elección del ayuntamiento antes de la restauración absolutista.

Los resultados de estas elecciones avizoraban el panorama sobre las realidades sociales del virreinato, ya que si bien tanto peninsulares como criollos ganaron la mayoría de los cargos públicos, con un número menor también empezarían a ganar unos pocos lugares los indígenas y los mestizos, hecho que empieza a preocupar a las elites gobernantes que no veían posibilidad alguna de ser gobernados por la “chusma”. Es así que se decide implementar un sistema de votación indirecta donde el pueblo se encargaba de elegir a los electores y estos seleccionaban al candidato por el que habían de votar, pero que a la vez provocaría un sistema de complicidades en que los electores pudiesen pactar su voto para favorecer al contrario, provocando un clima de desconfianza y acusaciones por parte del candidato perdedor. Aun con estos problemas, el sistema democrático ofrecía a los pueblos de las diferentes regiones la posibilidad de gestionarse así mismos el poder entre las elites locales y los diferentes sectores sociales.

La estafeta del liberalismo español de la constitución gaditana fue retomado por el nuevo orden independiente que basaron el nuevo gobierno en base a la representatividad popular, esta vez las facciones políticas estaban respaldadas por las logias masónicas que orquestaban el aparato propagandístico para impulsar el apoyo de sus candidatos y de las acusaciones de sus rivales de cualquier falta que consideraran pudiesen usar en su contra. Resultarían de particular interés las elecciones de 1828 cuando la disputa presidencial se dio entre Vicente Guerrero y Manuel Gómez Pedraza, que resultaría en el triunfo de Pedraza y que provocaría que Guerrero acusara de fraudulentas las elecciones que llevaría a levantar a sus partidarios con la rebelión de La Acordada que lo pondría en el poder. Al final de su breve mandato se decide reformar el sistema electoral para evitar que se volvieran a presentar los problemas de la elección pasada, elevando el número de secciones electorales y otorgando al funcionario de casilla la capacidad de decidir quién podía participar, asegurando el voto para los que pudiesen comprobar un modo honesto de vida.

Es así que se vive un clima de polarización política entre seleccionar a los “hombres de bien” que representaban los intereses de las oligarquías, o a los “leperos” que procedían de un estrato popular y que vendían la imagen de que representaban la anarquía y el desorden. En 1835 se pone otra reforma en la que se establecía un ingreso mínimo como condicionante para votar y ser votado, situación que cambia para 1841 con el derrocamiento de Anastasio Bustamante donde los militares y las autoridades civiles para legitimar su poder prometen crear leyes que fuesen cercanas a las de Cádiz y exponían que las reglamentaciones anteriores servían para marcar una tendencia política que la alegaban de la voluntad popular, por lo que retiran esas limitantes y hace que en las siguientes elecciones ganen los liberales moderados.

Esta situación desafortunadamente se da en todo el mundo, las oligarquías se encargaron de limitar el acceso a la política de los demás ciudadanos para monopolizar el poder turnándoselo ya sea según las elecciones o mediante disputas en que se involucraba una seria pelea entre facciones rivales. A diferencia de los países europeos o del propio Estados Unidos, la falta de una estructura organizacional hizo que los procesos electorales siempre estuvieran en duda y provocaran que los generales del ejércitos respaldados de sus respectivas bases sociales provocaran levantamientos que terminaban con la caída del presidente electo para que a la llegada del caudillo al poder convocar a nuevas elecciones, dando un clima de inestabilidad que saldaría de 1830 a 1850 con 30 presidentes que durarían menos de un año de duración, afectando todas las estructuras que dejarían al país en un estado de debilidad sin aparente fin.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: Richard Warren. Las elecciones decimonónicas en México: una revisión historiografía, del libro Las elecciones y el gobierno representativo en México (1810-1910).

Imagen: S/D, Primer congreso mexicano, siglo XIX

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