Los esfuerzos por la sobrevivencia de Santa Elena de La Florida.

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La colonización española de la Costa Este del actual territorio de los Estados Unidos resultó ser una empresa casi imposible. El principal punto de salida, la villa de Santa Elena, no lograba consolidar su dominio en la región. Ni siquiera los misioneros lograron pacificar a los indígenas, lo que provocaba constantes ataques al establecimiento. Además, los colonos sufrían devastadores estragos a causa de las enfermedades. Sin embargo, tanto los habitantes como el fuerte se sostuvieron de manera milagrosa en medio de estas adversidades.

Debido a que el establecimiento no generaba suficientes ingresos para su mantenimiento, el rey Felipe II estableció la formación de un subsidio anual conocido como el “situado” de La Florida, financiado por la Nueva España. Este subsidio se destinaba al pago de gobernadores, funcionarios y milicias necesarias para asegurar la defensa de Santa Elena y San Agustín. Además, se utilizaba para abastecerlos de víveres mediante corridas marítimas desde Veracruz y La Habana. Sin embargo, muchas de estas expediciones eran víctimas de huracanes o eran asaltadas por piratas.

Para 1571, las defensas de Santa Elena funcionaban para contener los ataques de los indígenas, aunque no está claro si podrían haber resistido los posibles ataques de los franceses, ya que no se registraron enfrentamientos durante la segunda mitad del siglo. Con el fin de infundir confianza entre los colonos, Pedro Menéndez de Avilés, Adelantado y gobernador de Cuba y La Florida, llegó con su familia a Santa Elena para establecerse y dirigir los esfuerzos de colonización de la región.

Los colonos intentaron replicar en la medida de lo posible todos los aspectos de la sociedad hispana, incluyendo el establecimiento del sistema de comunidad, con capitanes y trabajadores. Sin embargo, la desolación causada por la proliferación de enfermedades como la “modorra”, junto con la dieta predominantemente basada en maíz, provocó desnutrición en la población y el deterioro de las casas del asentamiento, lo que frustró el intento de convertir la villa en la capital de La Florida.

Aunque se intentó establecer una división política tripartita entre la civil, la religiosa y la militar, la presencia del adelantado Menéndez opacó las funciones de estos organismos y concentró la toma de decisiones hasta su partida en 1574.

La presencia de Menéndez contribuyó al crecimiento de Santa Elena, y para 1576 se estima que la villa contaba con entre 600 y 700 habitantes, incluyendo la presencia de indígenas que se establecieron como parte de su proceso de aculturación. Sin embargo, una de las características distintivas de este asentamiento en comparación con otros en el mundo hispano fue el poder de las mujeres en la vida social.

Resulta inusual que, siendo Santa Elena un asentamiento presidial con un enfoque militar en la defensa de la frontera, se destacara por el poder social de las mujeres. Se incentiva la llegada de mujeres españolas para apoyar a los soldados y eventualmente convertirse en sus esposas, con el fin de evitar prácticas consideradas “sodomitas”. Estas mujeres proporcionaron el soporte moral necesario para mantener la villa. Su papel no se limitó al ámbito doméstico, también apoyaron a los misioneros en el proceso de evangelización de los indígenas, impartiendo clases de español y ayudando a las mujeres indígenas en su conversión al catolicismo.

En cuanto a los indígenas, se sabe que los caciques enviaban a sus hijas para ofrecerlas como esposas a los españoles o para que fueran convertidas al cristianismo. Estas mujeres indígenas servían como servidumbre durante un tiempo mientras aprendían, aunque es importante destacar que los indígenas veían con desdén a los españoles debido a su escasez de mujeres, ya que ellos tenian estructura de mando matrilineal.

A pesar de la importancia social de las mujeres en Santa Elena, no estaban exentas de sufrir abusos por parte de los soldados. Se conocen varios casos, como el del lugarteniente de Menéndez de Avilés. Por esta razón, los franciscanos se encargaron de casar a las muchachas cuando cumplían doce años, para evitar en la medida de lo posible los ultrajes. El tema de las violaciones era muy delicado, ya que podía resultar en la pérdida de propiedades para las mujeres o en una difamación a nivel social. Tanto las autoridades como los religiosos buscaron protegerlas en la medida de lo posible.

Uno de los problemas comunes en la villa era la viudez, producto de los ataques indígenas o de las enfermedades. Era un compromiso buscarle marido a las viudas para evitar que quedaran en la indefensión. Sin embargo, esto representaba un desafío cuando se trataba de mujeres mayores o con una numerosa familia, ya que encontrarles pareja era más difícil y podían verse obligadas a recurrir a trabajos indignos para sobrevivir.

Además de la situación precaria de los colonos, los recién llegados enfrentaban dificultades, ya que los primeros pobladores ejercían su autoridad asignándoles tierras en las afueras de la villa, más expuestas a ataques indígenas o a trabajos más arduos. Hay testimonios que indican que estos colonos tuvieron que gastar una buena parte de su capital para mantenerse en Santa Elena.

A pesar de estos problemas, se había establecido una relación cordial con algunos grupos indígenas, quienes participaban en una pequeña red comercial. En este intercambio, se negociaban productos de la producción novohispana, como la cerámica de talavera de Puebla y algunos productos de Sevilla, que eran de interés para los indígenas. A cambio, estos les proporcionaban madera de los bosques, un material crucial para mantener tanto las casas como el fuerte de la isla.

Al darse cuenta de la importancia que tenía para los españoles, los indígenas convirtieron la madera en un artículo de negociación. Permitían su venta o la permitían cortar sin atacar a los colonos. Esta dinámica estableció un mercado durante el tiempo que duró la villa.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Luis Arnal Simón. Inician las expediciones. Las grandes expediciones y fracasos, del libro Arquitectura y Urbanismo del Septentrión Novohispano. Fundaciones en La Florida y el Seno Mexicano, siglos XVI al XVII.

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Imagen: Jose Ferrer de Couto. La expedición de Narvaez llegando a la bahía de Apalaches en 1538, 1854.

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