Los ayudantes de Tlaloc.

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Para poder dar abasto a las múltiples necesidades del mundo, Tlaloc contaba con el apoyo de otras deidades, ya sea de sus sirvientes como lo eran los tlaloques quienes se encargaban de llevar la lluvia hacia los diferentes rumbos, así como el caso de Quetzalcóatl que se consideraba el tlaloque mayor, otros dioses y seres también lo ayudaban a mantener en orden el lado acuoso del cosmos. Sin duda quienes fueron un soporte importante a Tlaloc fueron las diosas madre, representantes por excelencia de la naturaleza fría del universo, estaban a cargo de diferentes elementos donde lo femenino entraba a través de las diferentes advocaciones, como era el caso de su compañera Chalchiuhtlicue como la señora de los cuerpos del agua y el océano, Cihuacóatl como la diosa creadora, Chicomecóatl como representante de la fuerza vital para el crecimiento de las plantas, Xochiquétzal como la diosa del amor, Tlazolteotl era la señora del sexo y la basura, Mayahuel como la diosa del maguey, entre otras advocaciones diferentes de la Diosa Madre.

Los tlaloques se caracterizan por ser representaciones de la fuerza masculina del agua y la Tierra, quienes tenían la capacidad de poder estar por los cielos para distribuir las aguas, pero también contaban con el apoyo de otros seres como es el caso de los chaneques o aluxes quienes estaban al cuidado de las fuentes de agua, así como de seres monstruosos como el Ahuízotl quien llegaba a matar a los incautos que se atreviesen a traspasar sus dominios. Las diosas madre también cuentan con una red de seres bajo su servicio quienes se encargaban de velar por el orden establecido en el mundo material, como el caso de las diosas de la embriaguez quienes tenían a los centzontotochtin o los “400 conejos” quienes originaban los diferentes tipos de ebriedad, así como podían entrar en esta categoría las tetzauhcihuah y las tzitzimime quienes estaban al servicio de las diosas de la Luna o la Cihuacóatl, pero representándose con un aspecto temible como parte de la naturaleza terrorífica de la esencia fría del universo.

Los corazones vistos como la fuerza vital de la Tierra eran parte de la competencia de Tlaloc al ser el encargado de salvaguardarlos en el Tlalocan, repartirlos en el nacimiento de una nueva vida y este regresaba al inframundo en la espera de volver a resurgir, por lo que podía disponer de estas almas de los antepasados para salvaguardar sus intereses, dividiéndose entre los ahuaque que producen las lluvias y los ehecatotontin o vientos encargados de distribuirla, igualmente las diosas madre tenían la misma capacidad para usarlos en sus labores. Debido a la debilidad de las almas de los humanos, los seres acuosos tienen la capacidad de robarse partes como el tonalli mediante el “susto” o netonalcahualiztli como castigo por su falta de respeto para con sus lugares de cuidado, por lo que su sustracción ocasiona que la persona enferme y muera en caso de no lograr obtener el perdón, incluso podían llegar a esclavizar las almas para realizar diferentes labores como el caso del fantasma de Atlixhuacan.

Uno de los seres que representa la esencia de la tierra y el agua sin duda son las serpientes, animal que va estar presente en las representaciones tanto de las diosas madre como en las de Tlaloc, no por nada su rostro está compuesto por dos serpientes entrelazadas que forman los ojos y la nariz, mientras sus cabezas conformaban su boca. Estos juegos iconográficos se repiten en las representaciones de la diosa Coatlicue, cuyo nombre significa “la de la falda de serpientes” y en su celebre escultura encontrada en el Zócalo aparece la diosa decapitada y para remplazar su cabeza se conforma una nueva con los chorros de sangre representados con dos serpientes cuyas cabezas le sirven de ojos y boca. El que se usen dos serpientes para conformar los rostros de ambas deidades tienen que ver con la sacralidad del concepto de los gemelos, los cuales se consideraba un nacimiento sobrenatural y causante de mala suerte para los padres, por lo que en caso de suceder y para evitar un destino fatídico se tenía que sacrificar a uno de ellos, no por nada en el náhuatl se usa el término “cuate” derivado de coatl ya que se pensaba devorarían a uno de los padres si se mantenían los dos vivos.

Todos estos entes espirituales tenían el compromiso de salvaguardar los dominios del Tlaloc del mal uso que podrían hacer los humanos, razón por la cual no debían de entrar en los cuerpos de agua sin más, ya que eso podía despertar la ira del chaneque a cargo o del temible Ahuízotl quienes podían quitarles el tonalli, asustarlos o ahogarlos en el último caso, por lo cual debían de ser apaciguados entregándoles una ofrenda de alcohol y cigarros para convencerlos de regresar la sombra para recuperar de las enfermedades inexplicables que ocasionaban. Hoy en día, en la tradición oral son muy comunes estas historias donde los duendes se dedican a enfermar a las personas que entran sin permiso a estos lugares “encantados” o a hacerles travesuras, ya que solo los que se consideraban los “elegidos” podían acceder a estos lugares sin el peligro a recibir un castigo y a su vez estaban comprometidos a realizar las ceremonias necesarias para mantener este vínculo con el “corazón del monte”.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Alfredo López-Austin, Tamoanchan y Tlalocan.

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Imagen:

Izquierda: Chalchiuhtlicue. Códice Borbonico, lamina 5, Posclasico Tardio, cultura mexica.

Derecha: Sacerdote regando y sembrando, detalle del mural de Tepantitla, Teotihuacan, Clasico Temprano.

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