Las transformaciones del septentrión en la segunda mitad del siglo XVIII

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El año de 1763 fue crucial para el imperio español, a pesar de la derrota infringida por los británicos en la Guerra de los Siete Años, su posición quedo asegurada gracias a la alianza hecha con Francia y como compensación ante la perdida de La Habana y Manila (las cuales recuperan al poco tiempo a cambio de La Florida), les ceden el gigantesco territorio de la Luisiana. Si bien esto resolvía el problema de la seguridad fronteriza, los españoles no estaban muy contentos debido a que para Francia la colonia no había resultado nada redituable y ahora debían de repartir las pocas defensas y religiosos que poseían para la administración del septentrión para proteger un territorio mucho mayor y poco productivo para su modelo económico. Para cumplir el nuevo reto, la administración borbónica se fija como meta la militarización de la región, primero fortaleciendo el sistema de presidios y la formación de un ejército regular dispuesto para su defensa, teniendo como supervisor de los trabajos a José de Gálvez quien fungía como visitador de la corona en la Nueva España, este a su vez delega el trabajo de supervisar el sistema presidial a Cayetano Pignatelli, marqués de Rubí, teniendo que viajar por los territorios de California, Nuevo México, Nueva Vizcaya, Sonora, Coahuila, Texas, Nuevo León y Nuevo Santander, mientras el desarrollo del ejercito recaería en Juan de Villalba como parte de la creación del ejercito novohispano.

La visita del marqués de Rubí hizo que planificara un nuevo reordenamiento de los poblados para facilitar su defensa, esto implico que algunos presidios tuviesen que ser abandonados o reasentados en otros lugares para mejorar la protección ofrecida, sobre todo se vieron en la necesidad de realizarlo tanto por las dificultades para mantener una comunicación fluida, los altos costos para transportar mercancías, las pocas posibilidades para lograr una producción agrícola fluida, pero sobre todo por la poca población y el poco interés de los colonos por asentarse en aquellos terrenos tan inhóspitos. Estas condiciones adversas hicieron que las sociedades norteñas novohispanas se avocaran a negocios que no llevasen tanto tiempo en generar resultados y que sean altamente redituables ante un panorama de incertidumbre generalizada, esa fue la razón por la que se dedican a la minería, la ganadería y el comercio como los medios de vida ideales para asegurar la sobrevivencia de sus familias sin tener que depender del desierto y el acoso constante de los nómadas. También era una realidad que la comunicación desde México hasta el septentrión era una tarea imposible tanto por los largos caminos como por los altos costos, por lo que Gálvez empieza a planear una nueva unidad administrativa autónoma del poder del virrey.

El resultado fue el “Plan para la Erección del gobierno y Comandancia General que comprendía la península de California y las Provincias de Sinaloa, Sonora y Nueva Vizcaya”, solución que tenía como alcance la eventual expulsión de los jesuitas de sus misiones en el noroeste, por lo que según la alternativa ilustrada planeaba que el nuevo orden estuviese dictado por un liberalismo generalizado para hacer negocios en la región para hacerlos más productivos, teniendo como el primer foco de atención la Nueva Vizcaya que se tenía que pacificar a toda costa. Para llevar a cabo todas estas reformas, se comisiona al capitán irlandés Hugo O’Connor el reordenamiento de los territorios del septentrión hacia 1772, estableciendo su base en Coahuila para empezar a constituir lo que sería la Comandancia de las Provincias Internas. Por el otro lado, la Luisiana fue encargada desde 1769 a Atanasio de Méziéres, yerno del antiguo gobernador de Natchitoches Saint Denis, quien poseía una gran habilidad de negociación con los indígenas y logro entablar acuerdos de paz, haciendo que se instalaran nuevos presidios y conformando redes para avisar de posibles infiltrados ingleses.

De Mézirés planteaba una serie de cambios para mejorar el sistema de presidios y se pudiese articular la defensa entre la Luisiana con Texas, primero contaba en el establecimiento de un presidio en el este de Texas, segundo era la de proporcionar armas a los indígenas cuyas alianzas se basaban en la animadversión que tenían hacia los apaches y los comanches y a su vez podían incentivarlos a rechazar a los ingleses, pero estos no convencieron ni al gobernador de Texas, Juan María Vicencio, barón de Ripperdá, ni al virrey Antonio María de Bucareli. Las razones para desechar la primera propuesta era el recién abandono del presidio de los Adaes que estaba localizado en la región propuesta y que resultaba inoperante, la segunda porque existía la desconfianza hacia los indígenas y por la posibilidad de que las usasen en su contra, irónicamente los indígenas se armarían gracias al contrabando de armas de los británicos para sabotear la pacificación española. Para su mala suerte, una enfermedad acaba con la vida de De Mézirés sin alcanzar el nombramiento de comandante general, ocupando su lugar Teodoro de Croix hacia 1776, sobrino del predecesor de Bucareli y a quien vio como una amenaza que podría provocar un desmembramiento del virreinato y de su autoridad.

De 1778 a 1783, la región viviría desde continuas visitas de los representantes de la corona, el continuo levantamiento de censos, campañas de represión contra las tribus rebeldes y la decadencia del sistema de misiones, pero poco a poco las actividades económicas de los pueblos norteños empezaban a despuntar en sus beneficios. Pero de nuevo el contexto geopolítico cambia a partir de 1781, ya que con el apoyo de la misma España, las Trece Colonias británicas adquieren su independencia y a su vez recupera La Florida, pero lejos de ser un golpe a su viejo rival, supondría un arma de doble filo al ser afectados por las expulsiones de tribus indígenas hacia territorios españoles y por el inicio de incursiones a estos por parte de los exploradores estadounidenses, aumentando la inestabilidad en el septentrión ante la presencia de nuevos ataques indígenas y dificultando la creación de nuevas poblaciones.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Luis Arnal Simón. Fundaciones del siglo XVIII en el noroeste novohispano, del libro Arquitectura y Urbanismo del Septentrión novohispano vol.1. Fundaciones del noreste en el siglo XVIII

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Imagen: Luis Arnal. Linea de presidios en el septentrion, 1770-1780.

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