Las incursiones texanas en las costas de Yucatán.

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Para mediados de la década de los 30 del siglo XIX, México experimentaba una gran inestabilidad política debido a la continua lucha entre los bandos federalistas y centralistas. Esta situación fue aprovechada por varias entidades que buscaban separarse del país para formar repúblicas independientes. Aunque muchas de estas rebeliones fueron sofocadas y se ofrecieron incentivos a las élites locales para asegurar su lealtad, Texas logró efectivamente declarar su independencia.

Texas era una región poco poblada durante su colonización, lo que la hacía vulnerable. Durante los últimos años del dominio virreinal y el breve gobierno de Iturbide, se alentó la llegada de colonos estadounidenses para poblar la provincia. Sin embargo, estos colonos mantenían una conexión ideológica con el concepto del “Destino Manifiesto”, que sostenía que los Estados Unidos estaban destinados a expandirse hacia el oeste, lo que influyó en su deseo de unirse a su patria.

La oportunidad para la independencia de Texas llegó a finales de 1835, cuando surgió un conflicto entre las autoridades mexicanas y los colonos sobre el tema de la esclavitud. Aprovechando esta situación, los colonos se rebelaron, aunque inicialmente fueron derrotados con la llegada del presidente mexicano Antonio López de Santa Anna. Sin embargo, la forma en que Santa Anna condujo la campaña resultó en su captura y, finalmente, en la aceptación de facto de la independencia de Texas mediante los Tratados de Velasco.

La República de Texas enfrentó una dicotomía en sus aspiraciones posteriores a la independencia. Por un lado, había quienes deseaban la incorporación a los Estados Unidos, mientras que otros tenían ambiciones de convertirse en una potencia independiente, incluso considerando la invasión de territorios mexicanos. Esta última visión se alineaba con el concepto del “Destino Manifiesto”, que postulaba la expansión territorial de los Estados Unidos.

Entre los territorios que los texanos consideraban como objetivos fáciles de arrebatar se encontraba Yucatán. Este estado mexicano era visto como vulnerable debido a su lejanía, la difícil comunicación con la Ciudad de México a través de vastas extensiones de selva y la presencia de una élite local poco comprometida con la causa mexicana. La única conexión significativa era a través de una flota naval débil que mantenía enlaces con los puertos de Campeche y Sisal.

Durante su periodo de independencia, los texanos se dedicaron a fortalecer su capacidad naval, fundando la “Texas Navy” en noviembre de 1835. Esta flota naval recibió la autorización del gobierno texano para realizar ataques a las naves mercantes que operaban en los puertos mexicanos en la costa del Golfo. Su objetivo era incautar estas mercancías y llevarlas a los puertos texanos, lo que les proporcionaría recursos y poder económico para sostener su independencia y sus ambiciones expansionistas.

El gobierno de Texas logró reunir recursos para su armada mediante la compra de goletas y armamento, y reclutando voluntarios dispuestos a embarcarse en esta empresa. Con estos recursos y personal, comenzaron sus incursiones a finales de julio de 1836, capturando la goleta mexicana Matilde cerca de Sisal y Campeche con la goleta “Terrible”. Esta acción resultó en un botín valuado en 15,000 pesos que fue llevado a Galveston.

Las naves corsarias texanas establecieron bases en la Costa Oriental, desembarcando en lugares como el puerto de Belice y fondeando en Cancún, Isla Mujeres, Cozumel y otros sitios. Incluso, los habitantes de Cozumel mostraron simpatía por unirse a la República de Texas, considerándolos sus principales aliados.

Las principales víctimas de estas incursiones fueron lugares como Sisal y otros pueblos costeros como Dzilam, Telchac, Chicxulub, Chuburná y Alacranes. Estos lugares carecían de guarniciones y no podían defenderse adecuadamente, por lo que tenían que soportar los ataques. Era tal el cinismo de la flota texana que el comodoro Henry Livingston Thompson de la goleta “Invincible” llegó incluso a enviar una carta al comandante militar de Sisal, exigiendo un pago de 20,000 pesos para evitar futuros ataques durante seis meses.

La flota texana, a pesar de representar una amenaza, no logró obtener grandes beneficios de los barcos asaltados ni de los saqueos a los pueblos costeros. Esto los llevó a vender parte de los barcos en Nueva Orleans y enfrentar más problemas, como el incidente con la goleta inglesa Elizabeth que provocó la persecución por parte de la marina británica apostada en Jamaica.

En Yucatán, las condiciones eran difíciles, con hambruna y la necesidad de abastecerse desde Nueva Orleans. La presencia de piratas texanos agravó la crisis, llevando a que las naves yucatecas prefirieran quedarse en EU y los empresarios locales se negaran a armar los barcos debido a la falta de apoyo gubernamental y la posibilidad de desvío de recursos.

El contexto naval mexicano también era complicado, con una armada débil y una situación generalizada de crisis en el país. El comercio marítimo se limitaba principalmente al cabotaje y la armada mexicana tenía pocos recursos. La presencia militar en puertos como Veracruz y Tampico dificultaba aún más las operaciones, ya que los marinos evitaban entrar en estos puertos para evitar la leva por parte del ejército.

Como consecuencia de la poca retribución de los asaltos, los ataques texanos a Yucatán solo duraron 2 años, pero dejó una impresión duradera en los yucatecos respecto a las limitadas oportunidades que ofrecía la unión con México. La corrupción y las acciones polémicas de políticos como el gobernador Francisco de Paula y Toro, quien incrementó el contrabando y amasó una gran fortuna a costa de ello, contribuyeron a esta percepción negativa. El cierre del puerto de la isla del Carmen en 1836, impulsado por Toro para favorecer a Campeche, resultó en la ruina económica para ambas regiones.

La inseguridad y la corrupción gubernamental en Yucatán llevaron a que algunos yucatecos vieran con simpatía a los texanos, especialmente después de la presencia del yucateco Lorenzo de Zavala en la política texana como vicepresidente. Esto se convirtió en un catalizador para el apoyo que Texas brindó a los independentistas yucatecos durante la rebelión de 1841.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Pascale Villegas. Las costas de Yucatán, escenario de batallas navales durante la guerra México-Tejas, 1835-1837, de la revista Caribean Studies vol. 44.

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Imagen:

Izquierda: Rutas de ataque de la armada texana. Fuente: http://www.texasmilitaryforcesmuseum.org/articles/texasnavy/texasnavy.htm

Derecha: Frank Karpi. Dibujo del barco de vapor Zavala.

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