La semana santa cora.

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Una de las muchas historias poco conocidas que encontramos en el Occidente revela que los españoles no completaron la conquista de Mesoamérica en el siglo XVI, sino que esta concluyó dos siglos más tarde. Tal es el caso de los coras de la Mesa del Nayar, quienes constituyeron un señorío independiente y permanecieron aislados durante siglos, manteniendo la misma estructura político-religiosa indígena. Estaban gobernados por un tlatoani al que llamaban tonati, y en la actualidad se le conoce como tatuwan, el gobernador tradicional elegido cada año. Uno de los aspectos particulares de los coras prehispánicos era el culto a las momias de sus gobernantes, que se guardaban en el Templo del Sol.

Su independencia llegó a su fin en 1722 cuando los españoles decidieron poner fin al último vestigio de idolatría en la región. Esto resultó en la destrucción de su centro ceremonial y en un peculiar juicio de la Inquisición contra las momias, las cuales fueron quemadas. Sin embargo, hasta nuestros días sobrevive una cabeza que es custodiada por las autoridades tradicionales.

Antes de la conquista, los franciscanos intentaron penetrar en la región sin mucho éxito. Sin embargo, una vez que los españoles tomaron el control efectivo, se encomendó la evangelización a los jesuitas, quienes establecieron la Misión de la Santísima Trinidad de la Mesa del Nayar. Esta situación no duró mucho tiempo debido a la orden de expulsión de 1762, lo que provocó que a partir de entonces no hubiera una labor evangelizadora constante. La iglesia se convirtió en el nuevo centro ceremonial, conservándose en gran parte la religión indígena pero con influencia católica.

La creencia cora en el culto al Sol se fusiona con la historia de la muerte de Cristo, convirtiendo la ceremonia en una recreación de los mitos prehispánicos con un toque cristiano que le otorga originalidad. Esta ceremonia se convierte en una celebración que anuncia la temporada de lluvias. Para que esto ocurra, es necesario que el antiguo orden del Sol sea extinguido por los “judíos”, quienes se pintan de negro simbolizando la falta de moral y el caos solar, representando así el cielo nocturno. Su objetivo es buscar a Cristo-Sol para matarlo.

Esta narrativa es similar al mito del nacimiento de Huitzilopochtli, donde los “judíos” coras encarnan a los 400 huitznahua, sus hermanos, las estrellas, quienes al igual que en el sentido prehispánico, están equipados con toda la parafernalia militar, portando lanzas de otate y espadas de madera.

Durante la búsqueda del Sol por parte de los “judíos”, el gobierno tradicional se disuelve para simbolizar la falta de orden en el universo. A pesar de este caos sagrado y la actitud frenética de los participantes, siguen un orden militar dirigidos por capitanes y centuriones que guían la ceremonia y se convierten en las autoridades temporales de la comunidad. Los participantes incluyen a varones jóvenes y viejos, quienes consumen gajos de peyote para mantenerse activos y soportar el cansancio y el calor del día durante toda la ceremonia.

Finalmente, los “judíos” encuentran al Nazareno, representado por un niño al que se despoja de sus ropas, dejándolo solo con un taparrabos. Luego lo suben a una estructura circular de otates móvil que cargan en hombros, llevándolo por los cuatro rumbos de la comunidad para simbolizar su muerte. Sin embargo, su victoria es efímera, ya que debido a la naturaleza autodestructiva de los “judíos”, empiezan a atacarse entre sí, representando así las fuerzas del inframundo y su esencia autodestructiva.

La iglesia simboliza la casa de Dios, y en su interior se elabora un altar de cinco pisos que representan las etapas del sol a lo largo del día. Esta estructura se conoce como el Santo Entierro o Tayau, que simboliza la escalera por la cual el Sol sale del inframundo y que fue construida por el hermano mayor Kauyumáli. Dentro de la religiosidad cora, es muy popular la representación del Sol descendiendo por la escalera de cinco peldaños, lo cual se muestra en petrograbados, algunas pinturas, esculturas de madera e incluso en la elaboración de escaleras rituales de arena que se utilizan en ceremonias propiciatorias junto a los ríos.

La ceremonia culmina con la salida del Nazareno de la iglesia, esta vez vestido con ropajes brillantes, lo que provoca que los “judíos” caigan fulminados ante la presencia del Sol. Esto indica el restablecimiento del orden y la partida de las fuerzas del inframundo a su hogar. Estas celebraciones revelan la persistencia de profundos resabios de la cosmogonía mesoamericana que sobreviven con vigor a los tiempos modernos. Su función para propiciar las lluvias y mantener su modo de vida rural han fortalecido las raíces de los coras frente a los embates de la modernidad.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía:

Johanes Neurath. La Semana Santa de la Mesa del Nayar. Un ritual de tradición prehispánica, de la revista Arqueología Mexicana no. 52.

Jesús Jáuregui y Laura Magriña. La escalera del Padre Sol en la Judea de los coras, de la revista Arqueología Mexicana no. 85.

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Imagen: Fernando Rosales, Semana Santa Cora, 1999. Fuente: https://www.gob.mx/inpi/galerias/semana-santa-cora-santa-teresa-del-nayar-fernando-rosales-1999

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