La preparación de los frailes agustinos en los conventos.

mural agustino

En este rubro, las fuentes no son muy precisas en cuanto al proceso de preparación de los frailes de la orden de San Agustín en correspondencia con su origen étnico, procedencia social o su profesión previa, por lo que se cree pudieron haber ostentado el mismo nivel educativo consistente en su especialización en estudios teologales y el conocimiento de las lenguas indígenas. Los principales centros educativos de la orden estaban dispersos a lo largo del reino, teniendo como cedes México, Puebla, Valladolid, Tiripetío, Yurirapúndaro, Cuitzeo, Atotonilco, Acámbaro, Actopan, Ixmiquilpan, Metztitlán, Guadalajara y el Colegio de San Pablo de México centrado en la preparación doctoral de los frailes. En general, los agustinos eran considerados personas muy cultas y preparadas por su nivel intelectual tanto en asuntos teologales como al nivel científico, ese es el caso del afamado fray Andrés de Urdaneta quien hace su ordenación en la Nueva España antes de partir a la expedición donde descubre el tornaviaje con las Filipinas.

Para ver el nivel de preparación de los agustinos, se tiene constancia que al menos el 87% de los frailes sabían lenguas indígenas, de estos el 69% hablaban solamente una lengua y el resto sabían dos o más, de las cuales la más aprendida era el náhuatl, seguida por el otomí, el purépecha, el ocuilteca y por último el mixteco. La principal materia de estudio de los frailes sin duda era la teología, artes y gramática, esto se dividía en un noviciado de 1 año donde por lo general entraban jóvenes de 13 a 16 años, seguido por la preparación en una profesión religiosa a partir de los 16 a los 22 años, mientras para la consagración sacerdotal su preparación era supervisada directamente por los obispos quienes les exigían presentar examen para demostrar que eran aptos para alcanzar el sacerdocio y poder dar misa para los 24 años. Pero para el siglo XVII y con el aumento de la demanda por entrar en la orden, se nota un continuo degradamiento del nivel educativo al verse superados, por lo que se revela en algunos edictos provinciales que muchos de los frailes ya no se dedicaban a estudiar las lenguas indígenas, por lo que en 1626 hicieron obligatorio que los hermanos que querían ser prior de alguna doctrina tuviesen conocimiento de al menos una lengua indígena.

Se sabe que a partir de 1572, el número de frailes que ingresaron a la orden empieza a aumentar gradualmente tanto por el ingreso de criollos como por el de peninsulares y esto dio pie a una mayor expansión de las fundaciones conventuales, se ralentiza hacia 1585 por los efectos de un ciclo epidémico que causo numerosas bajas y una vez superado la orden mantiene un crecimiento constante hasta el siglo XVII. Pare el siglo XVI, se sabe que de los miembros de la orden el 78% se dedicaban a misionar entre los indígenas, pero en el siguiente siglo se dio un descenso hasta el 64%, por lo que era casi obligatorio que los frailes alcanzasen la ordenación sacerdotal para poder cumplir con su objetivo. Mientras en los conventos urbanos esta exigencia era mínima al ser mayoría la población española ya cristianizada, por lo que aprovechando esta circunstancia estas fundaciones eran usadas como centros de noviciados y de estudios teologales, ya una vez preparados eran mandados a trabajar en las comunidades indígenas.

La división provocada por la animadversión entre peninsulares y criollos conformando las provincias de San Nicolas Tolentino de Michoacán y la Provincia de Jesús de México en 1602 provocaría un serio problema en cuanto al número de religiosos al servicio de las fundaciones urbanas y en los pueblos de indios, pero con el tiempo estas cifras se empezarían recuperar en ambas provincias, aunque en un sentido negativo. Para finales del siglo XVI empieza a provocarse un proceso de desgaste en cuanto a la presencia de los frailes entre los indígenas al finalizarse en proceso de alienación del catolicismo con la evangelización, por lo que los conventos eran cada vez más prescindibles en los pueblos y en 1611 se decreta el fin de la fundación de nuevas instalaciones monacales en los pueblos. Esto provocaría que los conventos urbanos tuviesen un problema de hacinamiento al ya no ser necesario mantener una gran cantidad de religiosos entre los indígenas donde solo destinaban entre 3 y 4 religiosos para darles servicios, mientras los frailes se tenían que acomodar entre los novicios y los estudiantes de las ciudades.

La población de los conventos empieza a tener como problema ante la sobredemanda de lugares a que no todos se pudiesen ordenar como sacerdotes, aumentando el número de hermanos lego quienes se dedicaban al servicio de las necesidades del convento como trabajos de conserjería, como miembros del coro, en el trabajo de las huertas, al libre estudio y otras labores donde no implicase el brindar los servicios religiosos a la sociedad. A esto hay que sumarle que la vida conventual se había convertido en una alternativa real para los miembros de la familia de la nobleza, ya que como el primogénito era el principal depositario de los bienes de la familia, el resto de los hermanos tenían como alternativa ordenarse como sacerdotes seculares o frailes para no desatar un problema por la herencia, asegurándose con ello un modo de vida digno y por esto los conventos de todas las órdenes religiosas tenían esta función como alternativa.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Antonio Rubial. El convento agustino y la sociedad novohispana (1533-1630).

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Imagen: Detalle del mural del cubo de la escalera del convento de San Nicolas Tolentino, Actopan, Estado de Mexico, siglo XVI.

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