La población española en la Nueva España.

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Con la conquista de los reinos mesoamericanos, pero principalmente por el de México, la corona obtenía el papel de rector sobre los nuevos territorios del virreinato, lo que supuso por extensión el colocar a los propios peninsulares en la punta de la pirámide social por encima de los indígenas y de los esclavos africanos. Pero en este caso vamos a apreciar una serie de particularidades, como las empresas de conquista estuvieron bajo la dirección de la corona de Castilla, serian sus habitantes quienes tendrían derecho a poder migrar a los nuevos territorios, Aragón queda excluida para pasar a administrar los territorios patrimoniales en el Mediterráneo como Cerdeña, Sicilia y Nápoles, a este privilegio quedaría integrado Portugal a partir de la “unión por matrimonio” celebrada entre 1615 y 1616. Dentro de esta comunidad “española” existían claras diferencias entre castellanos y portugueses quienes mantenían su lengua, esto empezaría a complicarse con la distinción hecha a los nacidos en el reino, los criollos, quienes no gozaban de la confianza para ocupar puestos en el gobierno a diferencia de los peninsulares.

La cadena migratoria empezaba para quien lograse costearse el pasaje (lo que implicaba hacer grandes esfuerzos para ahorrar o vender todas sus posesiones), abordar en Sevilla para llegar a La Habana y de ahí había tres posibilidades, quedarse en la isla, irse a Yucatán o continuar el viaje hasta Veracruz, puerto con condiciones malsanas por las enfermedades y que hacía necesario emplazarse tierra adentro a villas como Córdoba, Perote, Orizaba y Xalapa. El primer experimento para crear el prototipo de asentamiento español en las Indias seria la ciudad de Puebla de los Ángeles, la cual fue levantada para que llegasen a establecerse los peninsulares campesinos, obreros y trabajadores en general, quienes tenían como incentivo la exención de impuestos y el otorgamiento de tierras para que construyese su casa, además de tener el atractivo de situarse en medio de una zona con grandes asentamientos indígenas y el estar en medio del camino entre Veracruz con México. Puebla resulto ser un éxito en las primeras décadas, pero con el paso del tiempo la sociedad poblana empezó a ver mal a los migrantes y los forzaban a seguir su paso a la capital, este esquema social llegaría a su fin hacia 1737 por la devastación causada por la epidemia de mazáhuatl que acabo con el 80% de sus habitantes, por lo que se rompieron las reglas sociales imperantes y los sobrevivientes empezaron a formar familias mixtas con indígenas y mestizos.

Para evitar que los peninsulares llegasen con la idea de explotar a los indígenas, la corona empezó a emitir una serie de ordenanzas para asegurar que los migrantes llegasen a poblar y a trabajar, como sucedió con la iniciativa de mediados de siglo XVI donde llevaron campesinos castellanos para trabajar el campo, pero solo se vieron limitados a vivir en Puebla y en los pueblos de los alrededores. Si bien en un inicio la corona esperaba que españoles e indígenas viviesen en las mismas poblaciones, la propensión de los abusos de los primeros y el recelo de los misioneros a que los pervirtiesen con sus costumbres hizo que se establecieran las “republicas de indios” y las “republicas de españoles” para mantenerlos separados. Poco a poco empezaron a nacer por el territorio ciudades para españoles, ya sea construyendo nuevas desde los cimientos u ocupando los principales centros políticos indígenas, aunque a diferencia de las europeas no llegaron a ser completamente urbanas, sino que combinaban funciones tanto rurales como domésticas.

Las necesidades de expansión de los españoles hicieron que se abrieran dos ejes migratorios, el norte que ofrecía amplias tierras para la explotación ganadera y la posibilidad de encontrar yacimientos de plata, también estaba la ruta del comercio del Oriente y la necesidad de establecer puertos de llegada por el océano Pacifico, naciendo con ello Acapulco, Santa Cruz, Manzanillo, San Blas, Mazatlán y los puertos de California para recibir a la Nao de China. Las condiciones en la Nueva España nunca llegaron a ser cómodas para los españoles, la incapacidad de contener los brotes epidémicos provocaban grandes mortandades que acababan con las vidas tanto de indígenas, mestizos y españoles, pero también la gran demanda de mano de obra tanto indígena como esclava hacía que no hubiese trabajo para los españoles, sumado a lo difícil que implicaba hacerse a la aventura hacia los territorios inhóspitos hacía que buena parte de los migrantes acabasen en la miseria.

Dentro de las distinciones que hicieron los españoles era el monopolio de los europeos para instruirse en la vida religiosa, por lo que la gran parte tanto de sacerdotes seculares como en las ordenes mendicantes eran peninsulares o criollos (había algunas excepciones que se salían de la norma como algunos hijos de caciques indígenas o mestizos que entran por omisión), siendo las ordenes mendicantes quienes protagonizan gran parte del esfuerzo de evangelización de los indígenas. Los primeros que llegaron fueron los franciscanos quienes ocuparon las posiciones más importantes en el Centro de México, Yucatán y diferentes puntos a lo largo del reino, los dominicos fueron designados a algunos lugares del centro, Oaxaca, Chiapas y Guatemala, los agustinos se encargarían de buena parte de Michoacán, los actuales estados de Guerrero e Hidalgo y otros puntos del centro, los últimos en llegar fueron los jesuitas en 1572 quienes por su vocación educativa tuvieron presencia en todos los centros urbanos y sus esfuerzos misioneros se enfocarían en el norte. A pesar de su amplia presencia en la sociedad novohispana de todas las castas religiosas, tanto el clero secular como el regular nunca rebasaron el 0.24% de la población total del periodo virreinal, esto no impidió que por medio de las donaciones, pagos de las cofradías o por las herencias se convirtieran con el tiempo en los grandes terratenientes del reino.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Elsa Malvido. La población, siglos XVI al XX.

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Imagen: José Joaquín Magón. Casta 3 de Español y Castiza el fruto bello se ve igual a su padre ya pelo a pelo, siglo XVIII.

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