La oposición estadounidense a la invasión a México.

oposicion invasion 1

A partir de 1836, los Estados Unidos empiezan una serie de despojos realizados a lo que fue el territorio del septentrión mexicano, iniciando por Texas donde sus colonos se habían convertido en la mayoría poblacional y declararon su independencia después de derrotar a la desorganizada campaña de Antonio López de Santa Anna, procediendo con su incorporación al reconocerlo como el 28 estado por el presidente James Polk, la cual no fue reconocida por México al considerarla una provincia en rebeldía. Para esos momentos Polk se encontraba en una serie de pleitos fronterizos que estaban resultando exitosos, como sucedió con el caso de la Gran Bretaña con su disputa por el territorio de Oregón y la definición de la línea fronteriza con Canadá, que por haberse solucionado por la vía diplomática en 1846 por medio del Tratado Buchanan-Parkenham evito que sus tropas se hubiesen desgastado en el noroeste y estaban en condiciones para iniciar la campaña de conquista del vecino del sur.

Antes de esto, el pueblo estadounidense vivía una retórica expansionista donde se reivindicaban sus derechos otorgados supuestamente por el “Destino manifiesto” para dirigirse rumbo al oeste, por lo que sus políticos usaron las viejas disputas fronterizas entre las potencias coloniales para poder legitimar la posesión de aquellos territorios que estaban abandonados y por lo tanto les daban los derechos para ocuparlos. Reafirmando los viejos estereotipos negativos anglosajones con respecto a lo hispano, justificaban la necesidad de tomar aquellas tierras al representar un avance frente al caótico panorama que vivía México, viéndose como los redentores que habrían de encaminarlo al progreso gracias a su administración, por lo que en el discurso lograría alimentar de forma efectiva la invasión transcurrida de 1846 a 1848. Pese a lo que se pueda pensar, la adquisición de los nuevos territorios no fue del todo popular y tendría una creciente resistencia legislativa la cual no se volvería a ver sino en los años 60 con la Guerra de Vietnam.

En el apoyo a la guerra se produciría una división entre los que la apoyaban y sus opositores, teniendo la idea una gran aceptación en el Oeste y en Texas, cuyos estados aportaron 57,500 soldados, mientras la Costa Este y el Sur solo aportaron 13,000 hombres, destacándose Nueva Inglaterra que no aporto nada al esfuerzo de guerra y Massachussets cuyo congreso la declararía como anticonstitucional. Diferentes voces se manifestaron en contra, como el caso del escritor Henry David Thoreau quien llamara a la desobediencia civil para lo que llamaría como un acto de invasión, o el periodista William Lloyd Garrison quien llega a reunir 2,800 firmas de apoyo al congreso de Massachussets para abandonar la Unión por la injusticia que se estaba llevando a cabo, apoyando una teórica victoria mexicana.

La oposición no siempre tuvo un origen moralista sobre la legitimidad de la invasión, sino que basados en este odio y desprecio hacia lo hispano veían que la incorporación de aquellos territorios o la anexión total de México podría “contaminar” a su civilización anglosajona con su decadencia, como lo manifestó el teólogo abolicionista Theodor Parker. El argumentaba que por un lado la expansión solo beneficiaba a los esclavistas al expandir su campo de acción hacia nuevos territorios donde pudiesen conseguir más mano de obra, algo que solo perpetuaría su imagen internacional de infieles “estafadores y ladrones”, defendiendo la igualdad de todos los hombres. Bajo esta línea, el poeta James Russell Lowell le dedica algunos versos satíricos en su celebre obra Biglow Papers donde explica como el presidente Polk provocaría una carnicería con su guerra para llenar los huecos dejados con mano de obra esclava.

Pero esta oposición no solo se encerraba en el circulo abolicionista y de clérigos liberales, sino que una parte del ejercito también se mostraba reacio como lo mostrado con lo que pensaba el entonces oficial subalterno Ulysses S. Grant y que para entonces estaba haciendo su servicio en la invasión, ni que decir de los cerca de 9,200 soldados desertores y que se unieron al ejército mexicano como el célebre Batallón de San Patricio conformado por irlandeses. Sorpresa para muchos es que otra de las personalidades que estaba en contra de la invasión fue el ya anciano diplomático Joel R. Poinsett, quién a pesar de haber contribuido en parte con esta retórica, se lamentaba que se desatase un conflicto entre estados republicanos fraternos, sobre todo porque la invasión solo le daba armas a la facción conservadora que siempre buscaban algún argumento para atacar a los liberales que había ayudado a apuntalar. Otro de los enviados a México como Waddy Thompson veía como una imprudencia este acto al restarle con esto a un aliado para cualquier intentona europea, así como el veterano secretario del Tesoro en el gobierno de Thomas Jefferson, Albert Gallatin, veía impropio que un estado republicano recurriese al imperialismo, estas ideas las manifiesta en los panfleto 1847: Peace with Mexico y War Expenses, donde trataría de que el público estadounidense recupere la esencia del espíritu que los levanto en armas.

Gallatin exponía que el país tenía que ser un modelo para los países menos favorecidos y se adhiriesen a los principios que les encamine hacia la democracia, el progreso y el moralismo necesario para gobernar, siendo esta guerra una muestra de las bajas pasiones como la codicia, la imposición mediante la fuerza bruta y la gloria falsa poniéndolas como una suerte de paganismo frente a los valores con los que había nacido. Pero todos estos discursos caían en oídos sordos con los demócratas que apoyaban a Polk, llegando a calificar tanto a Gallatin, Poinsett y Thompson como vejestorios cosmopolitas que simpatizaban con el extranjero que no entendían los sentimientos del pueblo, así como a la resistencia ofrecida en Massachussets fue calificada por el propio Polk como traidores que alentaban a la resistencia mexicana y al no comprender “la causa de la nación”, siendo una muestra de cómo la política y la clase intelectual podía ofrecer un contrapeso que si hubiese tardado o estancado la invasión, se hubiese caído su apoyo.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: David Mayers. La guerra con México y los disidentes estadounidenses, 1846-1848, de la revista Secuencia no. 59.

Imagen:

Izquierda ext.: Anónimo. Henry David Thoreau. 1857.

Izquierda cent.: Anónimo. Theodore Parker. 1855.

Derecha cent.: Anónimo. James Russell Lowell. 1880.

Derecha ext.: Anónimo. Albert Galatin. 1844-1849

oposicion invasion

Recomendar0 recomendaciones

Publicaciones relacionadas

1 Comentario
Ver comentarios más antiguos
Ver comentarios más recientes Ver comentarios más votados
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
trackback
7 meses atrás

[…] La oposición estadounidense a la invasión a México. […]

¡Descubre los increíbles beneficios de esta valiosa comunidad!

Lector

Escritor

Anunciante