La independencia en la Ciudad de México.

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La capital virreinal a diferencia del resto del reino vivía una realidad alterna a las vivencias de las provincias, al ser el receptor directo tanto de las contribuciones provinciales, los beneficios de ultramar y sobre todo de las innovaciones implementadas por las decisiones del rey y su corte en Madrid. Para principios del siglo XIX, contaba con cerca de 137,000 habitantes de los cuales el 48% estaba constituido por criollos y españoles, el 24% indígenas y un 28% de mestizos, manifestándose en las grandes casonas de los primeros cuadros de la ciudad propiedad de los grandes potentados del virreinato en convivencia con los conjuntos conventuales al servicio de las elites y que disponían de la propiedad de importantes porciones de terreno, mientras en las orillas de la ciudad en barrios como Tepito, San Antonio Abad o Santiago Tlatelolco donde indígenas y mestizos vivían en peores condiciones.

Fue la primera en sufrir los efectos de la inestabilidad política provocada por las ambiciones imperialistas de Napoleón al derrocar a los Borbones, por lo que las autoridades de la ciudad en consonancia con el virrey Iturrigaray asumiría la soberanía del reino en lo que la resistencia española restauraba a los legítimos gobernantes, iniciativa que fue rechazada de manera violenta. A ella llegaría las primeras propuestas democráticas provenientes de la Regencia en febrero de 1809 para mandar representantes para la celebración de la Cortes de Cádiz, mientras el virrey sustituto el arzobispo Francisco Javier Lizana y Beaumont hacia los preparativos tanto para cumplir los dictados de la península y recibir al nuevo virrey Francisco Javier Venegas. Su llegada en agosto de 1810 pronto fue cuartada por las noticias provenientes de la Intendencia de Guanajuato el 16 de septiembre, la cual fue tomada con cautela al suponer que podría tratarse de una rebelión indígena y trataron de aminorar el hecho para no provocar a los autonomistas.

Pero el flujo de los mensajes que llegaban a la capital sobre los avances de la rebelión de Hidalgo hizo que para el 23 de septiembre el virrey Venegas emitiera una serie de llamamientos condenando los desmanes provocados por la rebelión de Hidalgo y Allende, manifestando la pronta movilización de las tropas virreinales para acabar con los rebeldes. Conforme avanzaba el conflicto, el ambiente de la ciudad iba cayendo ante la incertidumbre de ver como en cualquier momento se podría caer su forma de vida, por lo que manifestaban su lealtad hacia Fernando VII y a la administración virreinal. El golpe de estado de 1808 hizo que las autoridades formasen fuerzas locales de defensa para impedir que otro hecho como ese ocurriese o poder desmontar a grupos subversivos pro-franceses, fundando la Junta de Seguridad y de Orden Público la cual contaba con cuerpos de milicias populares pagados por el Consulado de Comerciantes, así como con cuerpos de tropas para su defensa bajo el mando del Ayuntamiento de la ciudad los cuales formaron los batallones de “Patrióticos Distinguidos de Fernando VII”.

Se tenía la idea de reclutar a todos los varones mayores de 16 años, pero la iniciativa fallo al abstenerse las familias criollas y españolas, ya sea ignorando la disposición o pagando a las autoridades para evadirlo. La zozobra aumenta con la campaña implementada por parte tanto del gobierno virreinal como de la Inquisición satanizando a la insurgencia al exaltar los horrores cometidos con las poblaciones tomadas. El acercamiento de las tropas de Hidalgo al internarse por la Intendencia de México provocaría el miedo de toda la población que ya esperaban la llegada de los insurgentes, por lo que empiezan a proliferar mensajes para fortalecer la resistencia para el momento en que llegasen y se arman obras de defensa temporales como el levantamiento de barricadas, el cierre de la Alhóndiga, la distribución de armas a los habitantes y la organización de los cuerpos de serenos, alguaciles y alcaldes para estar al pendiente de todo movimiento extraño.

Al fin Hidalgo llega a las cercanías de la capital en los rumbos del Monte de las Cruces, por lo que el virrey Venegas manda al general Torcuato Trujillo al mando de las tropas de defensa para enfrentarlos, desatándose la batalla el 30 de octubre y culminando con una aparatosa derrota para los realistas al quedar menos de 200 soldados de 2,500 que fueron en su defensa, quedándose en Chapultepec a la espera de su llegada. El pánico cunde en la ciudad ante la inevitable llegada de Hidalgo, pero se puede poner el orden ya sea con actos devocionales como el traslado de la imagen de la Virgen de los Remedios considerada como la santa patrona de las tropas realistas para que intercediera por su defensa, mientras la población se encargaba de prepararse para la lucha. Pero para el 2 de noviembre tuvieron la noticia de que Hidalgo se retiraba de Cuajimalpa para regresar rumbo a Querétaro, por lo que el miedo empezaba a disiparse y poco a poco la capital recuperaba su dinámica cotidiana.

A pesar de haberse alejado la amenaza, se había instalado un estado militarizado que hostilizaba continuamente a la población, ya sea con los reclutamientos forzosos a todo hombre que se encontrasen en la noche o con las acusaciones de los vecinos ante la Inquisición sobre cualquier conversación pro-insurgente que escuchasen en las calles o en los mercados. Ambas facciones conviven en la ciudad, ya sea en las sombras como la Orden de Guadalupe que apoyaba a los insurgentes y estaba apoyada por algunos acaudalados, mientras en público se festejaban y ofrecían misas en favor de los realistas, siendo el año de 1811 cuando ocurren las batallas de Aculco y Huichapan lo que anuncia la decadencia del primer movimiento insurgente, pero en el boca a boca se distribuyen las noticias de los triunfos de los rebeldes. Es así que la capital vive una etapa de extrema tensión donde vivieron los primeros efectos de la guerra al enfrentar la carestía de alimentos, así como el aumento de las detenciones sobre cualquiera que estuviese involucrado con Los Guadalupes, por lo que en esos años salieron de la burbuja de bienestar que habían mantenido por siglos para sumirse a la realidad que vivía el reino.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Regina Hernandez Franyuti. El primer año de la Guerra de Independencia en la Ciudad de México, del libro La Independencia en las provincias de México

Imagen: Anónimo. Barricadas junto al convento de San Agustin. 1840

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