La Costa Grande en la transición del Preclásico al Clásico.

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Si bien se habían mantenido los mismos procesos de producción y patrones de asentamiento, estas comunidades fueron capaces de ofrecer una sobreproducción de alimentos y con ello dieron pie a que se produjera un crecimiento demográfico, así se constata con el aumento de unidades habitacionales construidas sobre lomas para aprovechar los terrenos inundados de las planicies, aunque siguieron distribuidos en establecimientos aislados. Tanto en Acapulco como en Zihuatanejo surgen tradiciones cerámicas locales como la Tambuco inciso para el primero y el Gloria pulido, Escondida rojo y Pantla inciso en el segundo, en todos ellos se puede apreciar una influencia del Occidente y una vinculación con el sitio de Ticomán en la Cuenca de México, demostrándose con ello como la región había entrado en la dinámica comercial del Preclásico al ser los distribuidores de objetos producidos en concha.

Con el tiempo, estas sociedades aldeanas dieron paso al nacimiento de una elite que dirigía los esfuerzos tanto en la gobernanza y principalmente los rituales religiosos, por lo que estas aldeas empiezan a erigir los primeros centros ceremoniales hasta el Preclásico Tardío (400 a.C.-200 d.C.), por lo que algunos de estos asentamientos empiezan a adquirir una mayor importancia regional con el surgimiento de las jefaturas y su capacidad de exigir tributos al resto de las comunidades. Debido a la extensión del territorio y a la poca población de la costa, estas primeras jefaturas no fueron muy grandes y todo indica se limitaban a las microrregiones que estaban limitadas por los accidentes geográficos, dando lugar a estos primeros centros ceremoniales como Playa Hornos y Tambuco en Acapulco (lamentablemente destruidos), Coyuca, Corral Falso en Atoyac, San Jerónimo, Nuxco en Tecpan y Victorino Rodríguez en Zihuatanejo. El patrón seguido fue la construcción de plataformas alargadas que rodean plazas para ser presididas por un gran montículo, indicándonos la necesidad de la existencia de grandes centros ceremoniales al existir esta clase sacerdotal que había centralizado el culto religioso entorno a una comunidad, exhibiendo con ello el poder que les había sido conferidos ya será por el prestigio de una dinastía o por medio de las armas, todavía falta por estudiar la extensión de estos primeros estados.

Una de las mejores muestras para conocer a las sociedades del Preclásico lo tenemos en la rica tradición cerámica donde se manufacturaron figurillas de pequeño formato, todas ellas retrataron a personas comunes y con ello podemos ver las vestimentas, tocados y tatuajes que llevaban, pero las más retratadas fueron sin duda las mujeres de donde surge el estilo conocido como “mujer bonita” que comparte semejanzas con la tradición del Centro de México y se caracteriza por la manufactura de figuras femeninas con grandes caderas y cráneos alargados, posiblemente vinculados con los cultos a la fertilidad. Estas figuras refuerzan la idea de considerar la existencia de una unidad cultural que abarca desde La Unión hasta Acapulco, ya que se encuentran en diferentes sitios a lo largo de la Costa Grande mostrando algunas diferencias locales propias de estas regiones, por lo que se puede hablar de la existencia de ocho microrregiones centralizadas: La Sabana en Acapulco, Coyuca, San Jerónimo, Atoyac, San Luis la Loma, Soledad de Maciel en Petatlán, Zihuatanejo y La Unión-Zacatula.

Con la llegada del Clásico (200-800 d.C.) empiezan a proliferar las técnicas de agricultura extensiva, esto ayuda a reafirmar el poder de estos centros ceremoniales y con ello se produce una mayor centralización entorno a ellos, aumentando con ello el número de asentamientos y llegando a desplazarse a las faldas de los cerros, aprovechando las cuestas mediante la construcción de terrazas para vivienda y para crear parcelas de cultivo. Esta evolución de la producción agrícola hizo posible la concentración de los cultivos en las terrazas y las planicies costeras empiezan a ser usadas solamente para cultivos temporales, dándoles la oportunidad para entrar en ciclos de rotación de cultivo para darles periodos de descanso. La muestra del crecimiento demográfico lo vemos con la proliferación de sitios de arquitectura monumental en estas microrregiones, de las cuales destacan sitios en Acapulco como Tambuco, Playa Hornos, La Zanja, Puerto Márquez y La Sabana, siendo el más grande en la región y gran parte del sitio fue destruido por la urbanización, por lo que actualmente se encuentra dividido en los sitios La Sabana, Cinco de Mayo, El Coloso, INFONAVIT y La Máquina. En el resto de la costa se encuentran los sitios como Coyuca (destruido), San Jerónimo, Las Peñas, Atoyac, Nuxco, San Luis la Loma y Soledad de Maciel, este último mantuvo el control sobre pequeños centros ceremoniales en sus periferias como La Corea, El Cabritero y El Zopilote en San Jeronimito, Tierras Prietas y Victorino Rodríguez en Zihuatanejo e Ixtapa.

En los casos de Acapulco y Petatlán (aunque no se descarta en otras microrregiones, pero falta investigación) si bien la existencia de La Sabana y Soledad de Maciel nos habla de la presencia de grandes estados, la presencia de estos centros medianos como Tambuco o Tierras Prietas nos podría hablar de la persistencia del modo de vida basado en pequeñas comunidades, pero adaptado al modelo de ciudades-estado. La integración a la red comercial mesoamericana hizo a la región de la Costa Grande muy permeable a la influencia cultural de regiones como el Occidente, pero los que fungieron un papel central en la dinámica regional fueron tanto Teotihuacan como Monte Alban, las cuales fueron tomadas como modelos por parte de las elites locales quienes se mostraron ávidas de conseguir objetos que las asociaran con ellas. Es así que las sociedades de la Costa Grande se integran al modelo mesoamericano dándole sus características regionales y adoptando buena parte de la parafernalia vinculada al poder, pero esta se concentraría alrededor de estas ciudades-estado en las cuales se pueden apreciar la presencia del poder de los gobernantes quienes centralizaron la fuerza de trabajo de las comunidades para reafirmar su hegemonía en sus respectivas regiones.

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Federico Flores Pérez

Bibliografía: Rubén Manzanilla López. La región arqueológica de la Costa Grande de Guerrero. Su definición a través de la organización social y territorialidad prehispánicas.

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Imagen: Montículo B, zona arqueológica de Soledad de Maciel, Petatlán, Guerrero.

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