La cosmovisión indígena entorno al cocodrilo.

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La alta disponibilidad de cuerpos de agua dulce tanto en territorio mesoamericano y en las costas del norte han hecho que surgieran numerosos ecosistemas lacustres entorno a los ríos y lagunas costeras, donde sumado a su posición donde fue posible que tuvieran climas subtropicales ha hecho que en gran parte de territorio mexicano (con excepción de la península de Baja California y Sonora) se convirtiese en el hogar de las diferentes especies de cocodrilos y caimanes. Para los primeros pobladores resultaría fascinante la presencia de aquellos reptiles, cuya piel rugosa donde incluso llega a albergar vegetación les dio pie a generar la idea cosmogónica de que la tierra era un gigantesco cocodrilo que nadaba en un mar primordial como imaginaban al universo, relacionando la fiereza del animal como la forma en que la tierra con los sismos o en las cuevas se cobraba las victimas que eran asumidas como si fuesen devoradas.

El cocodrilo empieza a ser incluido en la iconografía religiosa mesoamericana desde la cultura olmeca, donde fue representado ampliamente en sus producciones artísticas y se hicieron representaciones quiméricas mezclando otros animales, esparciéndose sus representaciones en pueblos donde no hay presencia de ellos como en el Centro de México. Su importancia trasciende los primeros siglos de desarrollo en el Preclásico para arraigarse en la religión mesoamericana, como lo vemos en sus representaciones en Teotihuacan donde se pueden ver representaciones de sacerdotes ataviados como los cocodrilos o en las representaciones de las serpientes que les pusieron algunos de sus rasgos, ni que decir que tanto en el calendario mexica como el maya se hace presente como el día cipactli para el primero e imix respectivamente. La equiparación de la tierra con el cocodrilo explicaba perfectamente la presencia de los sismos y los terremotos como la manifestación de los movimientos del animal, una evidencia de ello lo tenemos con la palabra mixe utilizada para terremoto que es üs y para cocodrilo es üs pin.

Uno de los elementos vinculados con el cocodrilo y que trasciende en cuanto a su relación terrenal es el elemento iconográfico conocido como la “cruz de San Andrés” representando tanto la anatomía de buena parte de los seres vivos como la representación de los cuatro rumbos del universo, siendo usual que aquel símbolo sea usado como la pupila del cocodrilo en algunas representaciones. Al ser parte de los depredadores más importantes de los diferentes ecosistemas mesoamericanos como el jaguar y la serpiente, pronto el cocodrilo pasaría a ser uno de los animales totémicos de las clases gobernantes para emular el orden natural de las cosas y colocarse como los depredadores y por lo tanto gobernantes de sus respectivos estados, de ahí que en las representaciones de los tiros iniciáticos de los gobernantes se lleven a cabo en las cuevas que son consideradas como las fauces del “monstruo de la tierra”.

Una posibilidad que podría indicarnos la ideología política y su relación religiosa la podríamos tener en como los primeros grandes centros político-religiosos mesoamericanos se localizaron en lugares tropicales cercanos a las costas, como el caso de la zona nuclear olmeca y como se convirtieron en santuarios religiosos muy importantes para otros gobernantes de las demás regiones y como llevaron estos elementos religiosos para legitimar su poder, llevándose consigo al cocodrilo como representación de la tierra ya sea como símbolo o los mismos animales en su forma de cría y de los que hay evidencias. Un ejemplo de ello es en el famoso “zoológico de Moctezuma” donde se reportó la presencia de grandes depredadores que eran alimentados con los restos de las víctimas de los sacrificios, ni que decir de las ofrendas localizadas en el Templo Mayor de Tenochtitlan donde se han localizado restos de cocodrilos que fueron sepultados en ofrendas relacionadas con el agua.

Una teoría indica que pudieron ser los olmecas de San Lorenzo los que de alguna manera dictaron la parafernalia a seguir de la política mesoamericana, donde el gobernante era considerado un ser sobrenatural capaz de comunicarse con los dioses y cuya relación estaba a la par de los grandes depredadores naturales como el cocodrilo, el jaguar, la serpiente y el águila, por lo que era importante como parte de su estatus poseer a alguno de estos animales para demostrar esta vinculación y de paso se mantenían con la ejecución de los sacrificios realizados por ellos. Aunque también no hay que descartar la alta distribución de estos animales a lo largo del territorio mesoamericano, la cual no se limita a las zonas costeras y que pueden internarse a territorios de clima cálido con abundancia de agua, y más en tiempos donde no existía el nivel de contaminación o de depredación de los animales, por lo que no hay que descartar la generación de cultos locales independientes de lo olmeca. La analogía que hicieron los primeros pobladores de la tierra con el cocodrilo al describir lo impredecible de la naturaleza que en cualquier momento podría acabar con la vida y a su vez permitir su existencia en un ciclo de creación y destrucción.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Terry Stocker y Verónica Ortega Cabrera. El culto al cocodrilo: cognición y arte del Formativo Temprano en Mesoamérica, de la revista Arqueología no. 58.

Imagen: Dios Itzamná en su forma de cocodrilo, Códice Dresde paginas 4b-5b, Cultura Maya, Posclásico.

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