La construcción de la retórica patriótica de los Niños Héroes.

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La invasión estadounidense de 1847 marco una dura cicatriz en la conformación nacional debido al despojo de los territorios norteños, dejando a su paso varios hechos de armas donde se demostró la franca decadencia e ineptitud del ejército mexicano que no pudo defender al país de los invasores. Pero en el Valle de México se produjeron verdaderos actos de heroísmo en los últimos momentos de la defensa de la capital, como lo ocurrido en los alrededores de Chapultepec como las batallas de Molino del Rey y sobre todo la toma del Colegio Militar defendido por los cadetes. Es de ahí que surge uno de los mitos nacionalistas que se encuentra bien arraigado en la retórica nacionalista y es encarnada en la figura de los “Niños Héroes”, quienes fueron agarrados como una hazaña patriótica capaz de hacer frente al invasor como único ejemplo de defensa admirable frente al rotundo fracaso de los militares veteranos.

La elección para su encumbramiento en el panteón patrio corresponde a la tradición cristiana, donde la martirización de los niños y jóvenes por la defensa de su fe ha sido visto de forma enternecedora al ser representantes de la santidad al morir en un estado de inocencia al ser cortadas sus vidas de manera trágica, aunque también tiene un antecedente pagano relacionado con las practicas mágicas. Gran parte de los arquetipos religiosos pasaron para conformar la estructura de los nacionalismos durante la Ilustración, surgiendo uno de los primeros ejemplos en la Revolución Francesa con los casos de Joseph Bara y Agrícola Viala, dos jóvenes de 13 y 15 años que murieron en la lucha contra los contrarrevolucionarios, por lo que con asentamiento de los valores revolucionarios dentro del nacionalismo francés se usaron sus figuras para ir educando a las generaciones posteriores en la importancia del legado de la revolución, atribuyéndoseles valores como la generosidad, el amor por el prójimo y sobre todo su devoción por la libertad lo que los empujo a sus tempranas muertes.

Este modelo fue adoptado y adaptado en México durante el siglo XIX para destacar los casos de infantes y jóvenes que lucharon a lo largo de los diferentes conflictos en los que se vio salpicado en sus primeras décadas como nación, en un inicio, el recuerdo de los “Niños Héroes” y la defensa del Castillo solo era rememorado por el sector militar a quienes les rendían honores algunos de los sobrevivientes que quedaron, pero a partir de 1867 y a raíz de los 20 años de la invasión el gobierno de Juárez pone atención en su figura. Uno de los veteranos, Santiago Hernández Ayllón, un joven de gran talento artístico y quien posteriormente se convertiría en caricaturista del periódico “La Orquesta”, pinta hacia 1850 los únicos retratos de seis cadetes muertos durante la batalla, que, a pesar de ser una obra amateur con muchas deficiencias técnicas, resultarían muy dignas para rendirles honores a su sacrificio.

Una de las primeras advertencias sobre una posible deformación que deriva en el mito es el que hayan sido considerados como “niños” a estos jóvenes cuyas edades iban de los 13 hasta los 20 años, que atendiendo al arquetipo del “niño mártir” podría indicarnos un intento de convertirlos en “figuras patrias”, pero en esos tiempos el concepto de la infancia era muy diferente y se solía considerarse dentro de esa etapa a los jóvenes entrados en la adolescencia, por lo que no es raro el que se les haya considerado como “niños” de forma retórica dentro del contexto del Colegio Militar, no con la intención de ser ejemplo para los civiles. Al igual que como ocurrió con las figuras de Bara y Viala en Francia donde sus representaciones se fueron infantilizando para llegar tener facciones de niños de los 8 a 10 años, por ese mismo proceso pasaron los “Niños Héroes”, partiendo de la base de los retratos de Hernández Ayllón los artistas fueron usándolos de referencias para hacer sus propias representaciones, pero su infantilización agarra más fuerza durante el Porfiriato cuando fueron introducidos dentro del panteón patrio y sus figuras fueron usadas como instrumentos pedagógicos para inculcar el patriotismo en los niños.

Otro de los problemas del relato lo tenemos en el factor “Juan Escutia”, cadete a quien se le atribuye el haberse despeñado con la bandera para que no cayera ante los invasores, figura controvertida porque solo se tiene registro tanto en la información del Colegio como por testimonios de los 5 restantes y se sabe que la bandera del Colegio fue arriada por las tropas estadounidenses. Se saben pocos datos de Juan Escutia, se sabe que nació en Tepic, Nayarit, y que formo parte del Batallón de San Blas, comandado por Santiago Xicoténcatl y del cual la gran parte de sus miembros murieron en batalla, no hay forma de comprobar la autoría del relato, pero es más factible que su leyenda se haya conformado con la deformación de los hechos históricos a su paso por la narrativa popular al que le fueron agregando elementos fantasiosos o mezclándolo con otros relatos, como la hazaña de Margarito Zuazo y del que pudo ser la principal fuente del relato.

Una vez restaurada la republica después de la intervención francesa, los intelectuales se dieron a la tarea de conformar el relato patrio, siendo Manuel Payno en su “Compendio” de 1870 quien hace referencia a la defensa de los cadetes, empezando a definir la fecha del ataque entre la noche del 12 y la mañana del 13 de septiembre. El jalisciense Luis Pérez Verdia también narra los hechos en su libro del mismo nombre en 1883 con apenas una mención de la batalla, pero en su segunda versión en 1892 agrega este relato y destaca la defensa de los cadetes y el Batallón de San Blas, cambio posiblemente impulsado para estar en concordancia con la reforma educativa de Justo Sierra y Joaquín Baranda. Sería el propio Sierra quien impulsado por el trabajo de Ernest Lavisse escribe su “Historia Patria” la cual sería usada como modelo pedagógico para la educación infantil, convirtiendo a los “Niños Héroes” en figuras heroicas dignas de alabanza y que persiste la leyenda a pesar de su descontinuación en la década de los 90 del siglo XX del relato histórico.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Beatriz Alcubierre. Bara, Viala y Escutia: El modelo del niño héroe y el sacrificio infantil en la retórica del patriotismo, de la revista Historia Mexicana, vol. 71, núm. 4 (284)

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Imagen: Santiago Hernandez Ayllón. Retratos de los Niños Heroes, c/a 1850

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