La CIA y el movimiento estudiantil del 68.

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Los servicios de inteligencia estadounidenses eran demasiado críticos sobre el accionar del gobierno de Gustavo Diaz Ordaz para enfrentar las demandas sociales con la represión, por lo que no desestimaron que los estudiantes universitarios pudiesen originar el conflicto en cualquier momento dado el clima de inconformidad mundial que había con las manifestaciones de la Guerra Fría, como la invasión estadounidense a Vietnam o la invasión soviética a Checoslovaquia. Diaz Ordaz le atribuía el origen de aquellos movimientos a las acciones de agentes extranjeros comunistas como los soviéticos y los cubanos culpándolos de querer desestabilizar su gobierno, esa fue una de las razones que provocaron el escalamiento del conflicto de los estudiantes de la UNAM, el abuso por parte de las fuerzas del orden para detener un pleito preparatoriano provocaría el reclamo de los universitarios y en vez de que el gobierno se pusiera de su lado para castigar a los policías, reprime a los manifestantes y con ello provoca un verdadero conflicto donde las nuevas generaciones de desencantan del orden revolucionario.

El Departamento de Inteligencia de EU desconfiaba completamente de la profesionalidad de los servicios de espionaje mexicanos, por lo que recurrieron a sus redes de información para averiguar la veracidad de la teoría de la conspiración internacional mantenida por Diaz Ordaz, dando como resultado la falsedad de esta postura al no encontrar ningún vínculo entre las organizaciones estudiantiles con los movimientos franceses, checoslovacos, japoneses, cubanos o de los propios estadounidenses, ni siquiera había vínculos entre las organizaciones del 68 con disidencias universitarias pasadas. Según la estrategia del gobierno, esperaban que en agosto con el arribo de las vacaciones el movimiento se iría debilitando por la falta de participación, mientras seria aprovechado este periodo para ir sembrando infiltrados y con ello provocar pleitos entre los liderazgos del Consejo Nacional de Huelga (CNH), pero no lograrían su objetivo e incluso empezaría a tener las simpatías de los medios liberales estadounidenses, mientras la prensa mexicana obedecían las ordenes de seguir con la versión oficial de los hechos.

Para finales de agosto, se daría la instalación de los manifestantes en el Zócalo para exigir que el gobierno se siente a dialogar con ellos esperando alguna respuesta con la llegada del 1ro de septiembre y con ello la declaración del informe presidencial, pero el gobierno no estaba dispuesto a escuchar ninguna clase de reclamo y manda al ejército y a los tanques a desalojar la Plaza de la Constitución, provocando que en desagravio los estudiantes radicales alzaran la bandera rojinegra en el asta de la plaza y el gobierno mandase a los burócratas a quitarla. Los estadounidenses vieron con ello que no había posibilidad de llegar a un acuerdo entre las dos partes, ya que los estudiantes habían perdido el respeto por la figura presidencial y en correspondencia las fuerzas del orden aumentaban el nivel de beligerancia al momento de reprimir. Esto fue aprovechado por otras organizaciones subversivas para unirse a los reclamos de los estudiantes, integrándose universitarios de otras escuelas como el IPN o al nivel estatal, organizaciones campesinas e incluso muchos intelectuales y académicos se solidarizan con la lucha, por lo que el gobierno estaba perdiendo su prestigio conforme avanzaba el conflicto.

Dado el nivel de información que había con las acciones estadounidenses en otros países de Latinoamérica, las organizaciones estudiantiles pensaban que la CIA estaba detrás de los intentos de desestabilizar el movimiento al nivel interno, pero la realidad fue que la agencia no estaba persiguiendo el movimiento, sino se trataba del mismo gobierno mexicano que actuaba a través de la Dirección Federal de Seguridad. La embajada estadounidense explicaba que las razones de la línea dura por parte del gobierno se dieron por la presión ante la cercanía de la celebración de los Juegos Olímpicos, por lo que el estado quería mostrarle al mundo una posición de fuerza y estabilidad en un intento de equipararse con las principales potencias mundiales. Por ello, durante el informe presidencial, Diaz Ordaz externa públicamente que los estudiantes estaban siendo manipulados por fuerzas externas que pretendían desestabilizar al país, por lo que así justificaba que usaría todas las fuerzas del orden para acabar con esta conspiración, incluso se llegó a decir que la CIA estaba interviniendo en las organizaciones estudiantiles , aunque públicamente mantenía a los cubanos y soviéticos como culpables para no entrar en conflicto con los estadounidenses.

Para septiembre era obvio que el gobierno había perdido el control de la situación y que cada llamado de los estudiantes al dialogo era percibida como una ofensa por el gobierno, por lo que el 18 de septiembre se ordena la toma del ejército de Ciudad Universitaria y el 24 hizo lo mismo con las instalaciones del IPN en el Casco de Santo Tomas y Zacatenco, esperando que con la detención de los lideres estudiantiles podrían parar de una buena vez con la beligerancia universitaria. Pero lo que percibían los estadounidenses era que el movimiento estaba siendo abandonado por los moderados y se estaba llenando de radicales conforme aumentaba el nivel de represión que llego al uso de armas de fuego, consideraron que esa táctica si podría traer resultados factibles, aunque tendría consecuencias a largo plazo como la ruptura entre el mundo universitario con el gobierno y se convertiría en un semillero importante de disidencia. A partir del 13 de septiembre, el núcleo del conflicto se traspasa a la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco donde ya los estudiantes recurren al uso de bombas molotov y de algunas armas de fuego para atacar a la policía, siendo respondidos con una mayor virulencia por el gobierno llegando a detener hasta 1500 manifestantes, a partir de entonces la embajada estaría mandando reportes diarios a Washington, mientras el gobierno mexicano les estaba comprando más material antimotines y armas.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: María del Carmen Collado Herrera. La guerra fría, el movimiento estudiantil de 1968 y el gobierno de Gustavo Diaz Ordaz. La mirada de las agencias de seguridad de Estados Unidos, de la revista Secuencia no. 98

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Imagen: S/D. Vehículo blindado en las manifestaciones estudiantiles del Zocalo, Ciudad de Mexico, 1968.

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