La burocracia en pleno desarrollo.Por: Marco Antonio Fuguett Toro.

Usted llega a las 5 de la mañana, desesperado, con hambre, ansioso, incluso, pidió prestado para estar allí. Desde ése preciso momento, es maltratado por la gente de seguridad, quiénes buscan a través de todos los medios, que usted se vaya para el carajo y que no moleste, ellos son, el rabo hediondo de la burocracia.

Totalmente traumatizado y después de varias horas de guerra psicológica y mucho sufrimiento; finalmente logra vencer, al nazismo instalado en la entrada.

Ingresa entoces esperanzado, como buen inocente que es, al círculo de inútiles, dónde están esos parásitos putrefactos, exponentes perpetuos de una absurda burocracia. Le asignan por orden de llegada el número 20, pero observa, porque usted es detallista, que no lo toman en cuenta, es más, llega a creer que es invisible, ésto dado qué, lo dejan a un lado, para darle acceso tán sólo a su gente.

Por fin, después de atender a un gentío, de los cuáles hasta perdió la cuenta, sé fijan finalmente en su persona y lo pasan con una joven llamada Ana, ella delega el asunto, al parecer no le interesa y lo manda directo con Julia, ésta revisa un papel, luego otro, finge después que lee algo importante y hasta arruga la cara, haciéndose la sorprendida, por lo que indicaban aquéllas hojas, que seguramente y eso lo sabemos, estaban en blanco. Concluído aquel show, porque eso era y después de pensarlo mucho, lo pone en contacto con Jorge. Éste escucha su caso con gran desgano, bosteza varias veces, se estira cómo un perro en su escritorio y hasta finge hablar por el celular  (Supuestamente con el ministro)  Aunque éste se hallaba sin carga. Transcurren así 20 interminables minutos, luego de todo ésto y de darle largas y largas al asunto, el mañoso burócrata, se acomoda en su lujosa silla (grande y acolchada, no cómo la suya)  Y le indica, con voz de locutor frustado: “Voy a tramitar todo, confíe en mí, tenga éste número telefónico, llame sin pena alguna, que yo le informo, el desarrollo de las cosas” Usted se va entoces, de aquel lugar tan extraño, creyendo que aquel buen hombre, era sin duda alguna un ángel, puesto por Dios en su camino y parte así hacia su hogar, lleno de esperanzas, cómo buen pendejo que es.

A los dos días llama y sale la contestadora, deja su mensaje, no pierde la fé, al día siguiente vuelve a dejar otro mensaje ( la fé sigue allí, pero ya no hay tanta) y luego otro y otro, cómo nota que nadie le responde, decide volver.

Pasa de nuevo el filtro de la seguridad, se siente orgulloso por eso y llega rápidamente al círculo de inútiles, allí vé a Jorge, pero éste se hace el loco, el que no te conoce, entonces te sientas, un poco extrañado por eso y sin comprender aquel atípico  accionar, al poco rato, que se yo,  5 o 10 minutos, éste mismo individuo;  te manda a decir con otro: “No sé preocupe señor López, lo suyo está en trámite, pasó del departamento de descontrol de personal, al de recursos inhumanos, de aquí irá al departamento de ayuda antisocial, bueno, el punto es, que está en trámite”

Tú no entiendes un carajo, de eso que te indicaron y pides hablar con otra persona, por lo cuál te pasan de inmediato, con la secretaria, de la secretaria, del subsecretario del jefe de no sé que cosa. Ésta te informa , con flojera manifiesta, que no sabe nada del caso, pero que lo va a tramitar, dicho ésto, te da un número telefónico y té retirás.

Al día siguiente, ni Jorge, ni Petra (así sé llama la nueva) Contestan sus teléfonos, dejás 100 mensajes, pocos más, pocos menos, pero cómo nadie responde ninguno, después de 15 largos días, decides de nuevo volver.

Petra, no te para bola y te pasa con Lola, ésta te pone con Luis y éste, joven muchacho con pinta de flojote, te manda sin pensarlo dos veces con Josefina (Aquí te dan un Valium para que té calmes, ya que temblabas y tenías los pelos de punta) Josefina te conecta con Danilo, éste con Aníbal, quién te dice, cómo para subirte el ánimo, que lo tuyo pasó al departamento de recursos extraterrestres; luego pasas con Héctor, después con Dorotea y es ésta, precisamente ésta, la que té Indica pausadamente: “Lo voy a poner con la persona, que sí tiene la solución a su problema, para que no dé tanta vuelta” y té comunica de inmediato, sin perder más tiempo, con Ana y tú, al ver qué te asignan, con la primera persona que vió tú caso, entras en crisis, los nervios se disparan y te sacan directo hacia el manicomio, con camisa de fuerza incluída. (Ellos resolvieron su problema, tú te fuistes)

Ya en el sanatorio, se té acerca un doctor con cara de loco que te dice.

– No se preocupe señor, su caso está en trámite.

Tú, al escuchar esa palabra que detestas, que odias, exclamas a viva voz.

– ¡Trámite!  Oh no  ¡Ay mamá!

Fin

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