ESTO NO ES UNA CATRINA                              (LA GARBANCERA EN MANOS DE POSADA)

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El trabajo de don José Guadalupe Posada Aguilar determina la gráfica mexicana, su influencia en la plástica corre tanto por las salas de museos como por las calles del país, es fácil encontrarla tanto en el imaginario nacional como internacional. De sus trabajos, los más representativos son las calaveras, y en especial La Catrina, pero ¿Quién es La Catrina? El sujeto social atendido por la creatividad de don Lupe.

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Lo primero que hay que saber es que la vida del maestro se divide en tres partes y que su historia personal también distingue la técnica como la temática de su producción. La estancia del maestro en Aguascalientes crea su gusto por la sátira y afina su visión del mundo; su migración a la ciudad de León, Guanajuato, depura su técnica gráfica y pictórica. Su viaje final a la Ciudad de México da cuenta del desarrollo de su técnica, tema y grafica definitiva.

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Lo segundo es que en lo que respecta a la educación de Posada esta es “sui generis” para su época ya que comienza en medio del trabajo pedagógico de su hermano, maestro de escuela elemental del Barrio de San Marcos de quien Lupe fue su auxiliar y dibujante de aquello que se necesitaba en la clase. Continúa en las escuelas públicas de artes y oficios de La Ciudad de Aguascalientes y, finalmente, su educación madura como obrero de la gráfica en los talleres de Don J. Trinidad Pedroza para lucirse en los periódicos locales. Para éste periodo el joven Lupe ha abrevado lo mejor de la cultura de la región y ello se manifiesta en sus trabajos de juventud. Tiene una dotada capacidad de síntesis gráfica y temática; conoce a sus objetos de estudio, es capaz de descubrir en ellos una semántica y, con todo ello, plasmar en sus obras una sintaxis: el espectador de la obra de Posada de éste periodo abduce una crítica en los dibujos, una sátira. En síntesis, ya en su obra primitiva el espectador infiere un mensaje. Tal peculiaridad estética le permite al maestro articular de manera artesanal una semiósis que cumplimenta el más elemental y pulido circuito de la comunicación.

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Con su migración a la ciudad de León, Guanajuato, el maestro madura su personalidad y trabaja en conformidad con las costumbres del lugar, abandona la crítica social, su trabajo es de carácter comercial, pedagógico y artístico. Se integra a la comunidad económicamente activa. Recordemos que vive en esta ciudad “la paz porfirista” y su auge económico. Así lo expresa su obra, grabado comercial, retrato e ilustración, pues ha dejado de lado el trabajo de la caricatura; ahora su obra es realista. Su técnica es muy depurada y artística, lo cual implica el detalle y la perspectiva. Lupe se convierte aquí en Don Lupe quien es, en éste momento, un profesional y un profesionista del taller gráfico con una amplia cartera y un prestigio creciente. Su máximo reconocimiento social es la cátedra de maestro práctico de litografía en la escuela de instrucción secundaria de la ciudad de León. En esta estadía pinta al Cura Miguel Hidalgo y Costilla, la cual es la máxima muestra de su capacidad técnica como artista académico.

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La obra del período de Posada en León, Guanajuato, nos permite descubrir a un artista con sobrados recursos técnicos de la gráfica, y la pintura, capaz de pintar como de dibujar, como el artista completo que es, va de una técnica a otra, empoderado de ellas. Simultáneamente, en la ciudad de León, Guanajuato, Posada convive con los diversos estratos sociales, alimentando su poética con los distintos motivos que le ofrecen sus clientes como sus viajes por la ciudad, el estado y la región. Por ejemplo dibuja y graba con gran realismo a las mujeres de la sociedad de la época, las cuales son un tipo que nos permite determinar y comparar tanto la técnica de Posada como su percepción de los sujetos que contempla. Tengamos en cuenta que el Estado de Guanajuato es una de las regiones más ricas en recursos naturales de México y que su ubicación lo coloca en una situación comercial privilegiada ante el resto del país. Por su parte el mestizaje es más vivo y con ello más evidente el cruce de pueblos y tradiciones. Las contradicciones sociales y el choque y el embate de la novedad cultural contra la persistencia de la vida cotidiana, los encuentros y desencuentros del mestizaje y nativismo y la vida del criollo; no es la cultura de la frontera y la costa que abreva de lo extranjero sin detenerse demasiado a pensar las consecuencias de su olvido. Aquí, se fragua el colorido del mestizaje que pone en una misma cesta el cultivo endogámico y el traído por los extranjeros. Con ello acrisola una identidad multicultural, con su perfil psicológico y sus prácticas sociales, y de ello se teje su imaginario. 

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El garbanzo es un cultivo popular de la región del Bajío, y tiene un valor social interesante. Cultivo español que no consume, desdén de la dieta criolla (no es dieta española ni india), se utilizaba principalmente como alimento de animales o en el mejor de los casos como entremés mestizo y comida indígena: De aquí el sujeto, laa estética y la ética del personaje (actualmente se usa en las clases bajas ya como golosina o como uno de los pocos alimentos disponibles por las clases sociales altas para las clases bajas). Por su gran producción en la zona se consigue con facilidad, y sin conciencia de su gran valor nutrimental, se integra a la dieta popular mexicana, y ello engrandece su prolífica cocina. Tales condiciones crean un mercado oferta-demanda en el cual las mujeres pobres, esencialmente indígenas o mestizas lo venden fuera de las iglesias, mercados y plazas (se consume tostado o cocido al vapor). De esta actividad deriva el nombre del Grabado “La Garbancera” en alusión a la mujer que come y vende garbanzo. En este momento de su vida es posible inferir que aparece el tipo de la garbancera en la vida de Posada. La vendedora del garbanzo en tanto que sujeto social, con una clase económica y una moral específica, es parte la clase comerciante; si proletaria, pero comerciante. Pretende sobrevivir física como simbólicamente y por eso se contamina de la vida cotidiana e imita lo que ve: imita imitar como sus pares o rivales de género, su mitología abreva y se nutre apropiándose de lo que está en la calle, lo que hacen las otras mujeres y, en específico, anhela lo que hacen las mujeres de otras clases sociales, sus rituales y sus máscaras. 

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Su apropiamiento de lo otro lo realiza traduciendo a su lógica aquella otra realidad, para finalmente convertirla en una realidad mestiza, barroca, churriguresca, tan exagerada como estridente y desmesurada. Así la garbancera, ya sea india, mestiza, mulata, se crea una persona (máscara en griego) con una personalidad (la práctica social, el significado social, del juego de usar máscaras) que le permite integrarse a la sociedad desde la reproducción de los ritos de la comunidad: el México del porfiriato que desea ser francés. Ha emergido el sujeto social del objeto de la obra de Posada.

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Regresemos a la vida del maestro, nuestro personaje migra nuevamente, ahora a la Ciudad de México y de los varios motivos que se tejen para su viaje, el fracaso comercial, ruptura familiar, quiebra económica, ninguno es claro o determinante, tal vez la suma de todos los factores señalados gestan su partida. Con su llegada a la Ciudad de México conoce a la crema y la nata de la sociedad editorial mexicana (Vanegas Arroyo, Irineo Paz entre otros), publica para vivir, vive para publicar, se aleja de los compromisos pues ve una sociedad en crisis y lo mismo alaba que enloda a los personajes de la política. Su distancia social trae consigo la madurez de su última etapa como profesional y profesionista de la gráfica. Conoce y se acompaña del gran grabador Manuel Manilla, con quien crea la gráfica de las calaveras, se presume conoce a Casasola y recibe de él sus trabajos efemérides en los talleres de Vanegas Arroyo. Sea como sea, en la Ciudad de México se deja contaminar y suelta su mano de artista para crear su estilo gráfico último y definitivo, recordemos que su evolución estética se formó a sangre y penurias y que ahora está sólo, reiteramos que ya no tiene compromisos sociales y se puede inferir interpreta, por sus años en el oficio, cuales son los siguientes pasos de la vida nacional: tiene desencanto del régimen por lo que ahora ilustra la vida nacional, toda la vida nacional. Para ello se aleja del realismo que hizo en Guanajuato, pues es infiel con la representación e imagen que posee el hombre culto de la realidad (el de una estética apolínea según cuenta Nietzsche). 

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Ahora en su trazo la realidad es menos fina, y con tal robustez de sus trazos sus modelos emergen más comunes, menos individualizados, son menos personas y más personajes, el artista atiende más al mito y desde ahí dibuja o caricaturiza sus ritos. Posada, quien no es ajeno a tal movimiento cultural de las clases sociales, y que ya ha mostrado su capacidad crítica, como buen cazador perfila su modelo de moda de lo mexicano y lo dibuja desdibujándolo de sus mitos. Ahora los modelos de Don Lupe se determinan desde sus moralidades sin atender sus características físicas, busca destacar en ellas lo homogéneo, lo común. Aquí es cuando entra en conjunción toda su experiencia como artista y retoma de aquellos sus tipos V.G. la célebre Garbancera que ahora, como el personaje o tipo, denuncia un hiato de la cotidianidad mexicana en el cual las clases bajas del México de entre siglos intentan sobrevivir económicamente y simbólicamente a la crisis cultural del periodo aquí anunciado (la crisis de un país próximo de una guerra). 

 

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El grabado original donde aparece la versión definitiva de “La garbancera” (“Remate de calaveras alegres y sandungueras” hoja sueltas de Vanegas Arroyo, 1913) indicia ciertos elementos de la época, que diacrónicamente se pueden interpretar de refinamiento, pero en su contexto histórico indician que son exagerados y por lo tanto suponen en el personaje un gusto por lo desbordado, lo cual es opuesto a un pretendido refinamiento; antes bien, la garbancera denota usar todo lo que está de moda en las clases sociales más menesterosas, apropiandose del gusto de las mujeres de clase alta; Posada indicia en sus garbados el estrato social desde la mesura de la vestimenta de los personajes, sobre todo en el tocado; mientras que nuestra garbancera como ya lo señalamos exagera sus adornos.

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Por otra parte, se pueden distinguir dos intenciones entre el grabado y el escrito. El escritor de la calavera, de quien no se sabe la autoría, plantea que las garbanceras gustan de comprar abalorios baratos y de ello se mofa el escritor, incluso señala que tarde o temprano La Muerte le quitara el disfraz creado por su vanidad, pues todas ellas son iguales en su humanidad, a pesar de que cubran su miedos con vanidades, porque finalmente son “calaveras del montón”. En el texto hay un acento despectivo con respecto del trato del escritor hacia las mujeres de clase baja y en especial para con las garbanceras, lo cual es un signo de crítica social entendida en el sentido más académico pero también en el más clasista; recordemos que el habla del mexicano gusta de transgredir los límites del lenguaje, lo cual hace muy difícil distinguir en el texto lo racional de lo afectivo del escritor hacia las garbanceras, y más en un verso que por su naturaleza tiene una licencia mordaz al ser de una naturaleza festiva.

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Ahora, sí interpretamos el grabado sin el texto, el contexto de la época lleva a inferir al moderno espectador que se encuentra con un sujeto vestido de un modo extraordinariamente elegante, siendo que los ropajes que usa el sujeto del grabado son el común de la época en la clase baja de aquel tiempo en México. Analicemos, destacamos al menos cuatro adornos en el sombrero del personaje, sin contar los moños que penden debajo del sombrero, todos son de una gran dimensión con respecto del ala, los motivos de los adornos muy distintos unos de otros, sin una coordinación, carecen de una discreción que le dé armonía. Comparando éste con otros grabados sobre la moda femenina llama la atención de impronta la falta de orden. Por ejemplo si comparamos el tocado de la garbancera con respecto a los tocados del grabado de “las mugeres” se signa esta apropiación y traducción del canon de la elegancia de la clase alta mexicana por aporte de las clases bajas, y con ello, queda evidente la consabida apropiación de los ritos y los mitos sociales, ahí encontramos a la garbancera.

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Pero y La Catrina ¿Dónde queda?


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Dos cosas por señalar, el grabado como tal guarda una armonía en sus elementos y la técnica de composición del espacio del grabado tiene un equilibrio en sus elementos impresos, esta gran cantidad de partes son consecuentes con la histórica y exuberante saturación del espacio dado en la cultura mexicana desde los tiempos precolombinos, todo ello en consecuencia con su concepción religiosa y su representación de la realidad, la cual encontró un raigambre consecuente con el arte español que de igual manera satura el espacio por su concepción religiosa (si se me permite la expresión es hermosamente saturado). Implícitamente el grabado denota un relajamiento de la realidad social cuando se apropia de los elementos extranjeros en su realidad, es evidente un mestizaje, o como estudiaría León Portilla a la cultura mexicana: la misma sólo puede ser comprendía desde la fenomenología del relajo que orquesta.

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Segundo: ¡Esto no es una catrina! significa que el sujeto al cual hace referencia Posada en el grabado no es el sujeto de la recepción del público, su imaginario entorno a la obra.; ya que hay una alteración de la denotación por la connotación de la imagen, hasta el grado de que Diego Rivera , admirador de Posada, reinventa el significado del grabado para sacarlo de su contexto social. Mientras que es Francis Toors y Paul O´Higgins quienes en la colección que elabora en 1930 de la obra del Maestro hidrocálido, la denominan “Catrina”. Un adjetivo sustantivado que es antónimo del original Garbancera, todo esto es consecuente en la cultura del relajo del pueblo mexicano que se apropia de todo y lo degenera con el uso, lo cual, como ya vimos, incluye a sus grandes artistas.

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Finalmente todo acto de lectura no posee el grado cero de errores interpretativos, y una obra vive después de su autor, así que éste no tiene los controles sobre la recepción de su producción, pero en su viveza, el apreció del receptor manifiesta cuanto sigue vivo el creador al adueñarse el espectador de su obra. Ahora, por favor, dimensionemos la apropiación de la obra de Posada en la gran cantidad de objetos que llevan su poética (desde souvenirs hasta el cine) y demos cuenta del amor que el pueblo mexicano y extranjero guarda tanto a Posada como a su obra al desear llevarla tan cerca como puede. Es difícil mirar al rostro de la garbancera y no sentir su franca sonrisa cálida, su festividad implícita, su seducción, su empatía, su voluntad por ser del montón. Tal vez ahí radica su enorme fascinación.

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Posada y su garbancera han muerto, la catrina ha nacido , y así lo vive el pueblo mexicano. Gracias Don Lupe por tan bella síntesis gráfica del Ser mexicano, feliz cumpleaños humilde garbancera.

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