España ante los Centenarios de 1910

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El final del siglo XIX representó un comienzo trágico para el pueblo ibérico al perder lo poco que les quedaba de su imperio en ultramar ante el expansionismo estadounidense, provocando una pérdida de la moral nacionalista y mostrando una actitud pesimista ante el porvenir. Es en este contexto que tanto la monarquía como la clase intelectual empiezan a tratar de levantar el ánimo de los españoles con una serie de representaciones diplomáticas por Hispanoamérica, el motivo, los centenarios de las independencias de cada país. A diferencia de lo que hoy ocurre, los gobiernos hispanoamericanos tenían una actitud menos beligerante hacia España y manejaban el discurso de ponerla como la “madre patria” a la que sus “hijas” fueron a hacer sus vidas aparte, poniendo a la nación ibérica en su papel de “civilizador” que fue parte fundamental de conformación de sus países, por lo que se amoldaba con la iniciativa española.

Los países americanos gozaban de un importante impulso por el interés histórico y trataban de acercarse a estos discursos para acercarse a su pasado, sobre todo que había un discurso con el que se pretendía alejarse de lo más posible de la influencia anglosajona (Gran Bretaña y Estados Unidos) que tanto había contribuido a sus periodos de inestabilidad, por lo que se buscaba una posición conciliatoria con la península y limando las asperezas de la beligerancia independentista. Lo que hizo posible esta reconciliación con la antigua metrópoli fue el positivismo que estaba en boga por el mundo, se le daba a Europa el papel civilizatorio que le “brinda” al mundo y con ello se buscaba que toda la población adoptase sus valores para lograr la modernización y el progreso, esto hizo que vieran en la raíz hispana como la única que unía a todos los países en una cultura en común, siendo principalmente la lengua el eje de todo el afán reconciliatorio y que era capaz de unir a liberales y conservadores a pesar de las diferencias políticas.

Es así que se usa el discurso de la raza como una forma en la que los españoles se redimían del trágico siglo XIX y les hacía ver que conformaban una gigantesca entidad que era ajena a toda clase de frontera o distancias, fomentando un movimiento migratorio que los alentaba a ir a América a establecerse e iniciar negocios que los ayudase a salir de la crisis de la que no podían zafarse en su tierra natal y que iba de acuerdo con las políticas raciales hispanoamericanas de “blanqueamiento”. Se pretendía vender la idea de una España liberal que se había alejado de su pasado negativo como todo indicativo de fanatismo religioso y se pintaba a una progresista que estaba al mismo nivel que las potencias europeas, por lo que también se invitaba a formar un frente unido para confrontar a los demás países que pudieran representar una amenaza, aunque siempre poniendo a España la batuta que dirige al resto de los países hispanos.

Ya no era posible partir de una monarquía como la base de la unión de los países americanos, ya que los cien años que habían estado separados hizo que el republicanismo fuera la idea dominante en cuanto a la forma de gobierno, ni que decir de la propia España donde el republicanismo de izquierda cuestionaba seriamente la utilidad de mantener a una institución que no daba resultados, planteando como alternativa el modelo parlamentario a la manera de Gran Bretaña y Bélgica. La percepción de principios de siglo XX cambia a valorar con mayor positividad el legado español en América, por lo que se dio un ataque desde la intelectualidad a todo lo relacionado con la “leyenda negra” al atribuirle la imposibilidad de fuese comprobable y se comparaba al colonialismo ingles aduciendo que el español anteponía la gloria y el afán evangelizador que el oro, sobre todo que ponían al mestizaje como si los españoles buscaran con eso borrar los excesos de la conquista e integrar a sus súbditos como iguales. Con esto no se pretendía desdeñar a las culturas prehispánicas, pero se ponía a España en su papel de “liberador de América de la ignorancia y la barbarie”.

Ahora tocaba tratar el tema eje, las independencias, las cuales fueron vistas a la manera de guerras civiles internas al considerar a todos como españoles, pero sobre todo a los libertadores se les considero como hijos de los conquistadores, por lo que en esos años fue común en España la proliferación de monumentos de los independentistas que incluso muchos de ellos habían luchado contra Napoleón, limpiando su papel de enemigos de España a enemigos de la tiranía que lucharon contra la monarquía absolutista. No es de gratis el que se haya revertido el sentimiento hispanófobo en América, desde los años 60 del siglo XIX se dio una migración española del 10% de su población, es decir se fueron 2 millones de los cuales de 1.5 a 1.3 millones llegaron a América Latina, siendo los principales destinos Argentina y Cuba, en segundo lugar, Brasil y Uruguay, siendo los más relegados México y Chile. De estos destacaría Argentina porque al nivel económico había despejado con mucha fuerza del resto de los países hispanos y se veía como una potencia en crecimiento, el nivel de trabajo que requería hizo llegaran 120,000 migrantes españoles para 1910.

Para ese momento, la colonia española en México no rebasaba los 30,000 miembros y era en su momento la mayor población migrante en el país, la cual estaba formada principalmente de hombres de negocios que intervenían en diferentes sectores como el bancario, el textil y el tabacalero, en menor escala era usual que las familias de clase media se metieran de lleno al negocio de los abarrotes, préstamos y empeños, así como dirigir las tiendas de raya en las haciendas. A pesar de ser menos numerosos que la colonia argentina, no impidió que fundaran instituciones y organizaciones de apoyo a la comunidad como la Cámara de Comercio, la Sociedad Española de Beneficencia que disponía de un asilo y un hospital y el Casino Español, además de que contaban con la ventaja de tener el beneplácito de Porfirio Diaz que siempre los apoyo y protegió para incentivar su política migratoria

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Javier Moreno Luzón. Reconquistar América para regenerar España. Nacionalismo español y centenario de las independencias en 1910-1911, revista Historia Mexicana, vol. 60, núm. 1

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Imagen: Alegoría del Descubrimiento de América. 1892. Fuente: https://www.artehistoria.com/es/obra/alegor%C3%ADa-del-descubrimiento-de-am%C3%A9rica

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