Emigrar de tu país, un hecho de valentía.

Emigrar, supone, de por sí, un proceso sumamente difícil, y más aún cuando no se está convencido de hacerlo.

Aquí está mi historia, que les iré compartiendo, y con la cual estoy segura de que más de uno ha de sentirse identificado.

Esto es una historia muy personal, que iré compartiendo con ustedes, me servirá para dar a conocer mi proceso, así como plasmar las vivencias de lo ocurrido en la travesía.

Soy Venezolana, educadora por profesión y vocación, nunca se me había metido la idea en la cabeza de dejar mi país, a pesar de que hace 20 años la situación en Venezuela no es la mejor, siempre aposte en quedarme.

Aunque hace dos años, mi hija menor con tan solo 18 años cumplidos se atrevió a la osada travesía hacia los Estados Unidos, como madre no pude negarle esa oportunidad, sería egoísta de mi parte hacerlo. 

Desde ese entonces mi corazón, al igual que el de la mayoría de los venezolanos, ya estaba dividido por un proceso de emigración forzada. 

En el transcurso de ese tiempo, de llamadas, de videos, siempre pedía a Dios dirección y que todo se hiciera bajo su voluntad.

Venezuela, dentro de su difícil proceso, también está el hecho de obtener una visa, un documento, y hasta el tan anhelado pasaporte. 

Trabas y trabas son la lucha del venezolano cada día, y es por ello que siempre dicho que si hay una palabra que nos define esa es: Valentía.

Este es mi resumen de lo que paso a paso escribiré para ustedes, ya que todos los casos de emigración son diferentes y muy personales. 

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