El simbolismo mesoamericano del mar.

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El territorio mesoamericano conto con la ventaja de que sus pueblos tuvieron acceso a los recursos de los océanos, ya sea el Pacifico en el oeste y el Atlántico presente tanto en el Golfo de México como en el mar Caribe, gracias a sus recursos fue que servirían como parte de las bases para iniciar el proceso de sedentarización al contar estos primeros pobladores con medios de vida como la pesca y la recolección de moluscos. Esto pudo haber servido para cimentar la idea de que la masa oceánica se trataba de la gran proveedora de los mantenimientos que requería el mundo, abasteciendo de agua por venas que lo interconectaban con los corazones de los cerros y de ahí salían tanto los ríos como las lluvias, por esta razón en la cultura náhuatl los nombres que le asignaron al mar evocan a lo sagrado como teoátl “agua divina o agua-sol” o también ilhuicátl “agua-cielo”, este último alude a la percepción de la unión entre el cielo y el océano y como era el destino tanto de la salida del sol como de su ocaso, término que tiene afinidad con el maya chuun ka’an “el fundamento del cielo”. Del náhuatl contemporáneo, tenemos una denominación surgida en la colonia y que fue reemplazada por los religiosos para rebajar la sacralidad del océano, por lo que usaron el termino hueyátl “agua grande”.

En el plano cosmogónico, el mar estaba presidido por la diosa Chalchiuhtlicue “la falda de jade”, quien además era la deidad de cualquier cuerpo de agua como manantiales, ríos, lagos, lagunas, entre otros, siendo considerada la esposa de Tlaloc y era una diosa la cual se tenía que guardar respeto y miedo por su capacidad de hundir embarcaciones y ahogar a la gente. Son pocas las representaciones iconográficas que nos han llegado sobre el mar, pero las que tenemos tienen en común que se representa como corrientes de agua que denotan un mayor movimiento colocando caracoles en las puntas de las corrientes, además de contar con un elemento adicional como es la presencia de la greca mesoamericana o xicalcoliuhqui, elemento iconográfico que representa al fuego y que podría aludir a un elemento ígneo presente en las aguas marinas, la sal. Esta conjunción de elementos fríos con cálidos se refleja en diferentes elementos iconográficos asociados, ya sea en la nariguera que porta Chalchiuhtlicue el cual lleva un fuerte simbolismo solar, así como en su representación ideográfica donde la presencia del rojo denota su asociación con el sol y la razón por la cual el agua es salada.

La idea del origen marino de los ríos y lagos internos tienen sustento en la existencia de los lagos salobres, los cuales se consideraban como los que mantenían más fuerte esta liga por la presencia de la sal y el salitre, siendo el ejemplo perfecto la existencia del Lago de Texcoco en la Cuenca de México, incluso la ubicación de la ciudad de México-Tenochtitlan en el islote localizado en el desagüe de los lagos de agua dulce con el de Texcoco tenía un fuerte simbolismo al ser la conceptualización de la guerra con el binomio atl-tlachinolli “agua-fuego” al tener las aguas salitrosas esta clasificación caliente. Según el mito de las eras cosmogónicas, el océano tuvo su origen durante el sol 4-Agua presidido por la diosa Chalchiuhtlicue, provocando el gran diluvio que inundo la tierra, provocando que la gente que vivía se convirtiese en peces y durando un periodo de 676 años. La razón del nacimiento de la sal tiene que ver con la era anterior, el sol 4-Lluvia gobernado por Tlaloc, cuyo fin fue provocado por lluvia de fuego desde el cielo que calcinaron la tierra, por lo que al entrar Chalchiuhtlicue con sus inundaciones se lleva las cenizas de la era anterior y para poder dominarla surge su advocación dedicada tanto a la sal como a las aguas salobres y saladas, la diosa Huixtocíhuatl, quien descubre el proceso para obtener la sal.

El mar es uno de los actores primordiales en los mitos de la creación, en el mismo de las eras cosmogónicas, tenemos que a lo largo del fin de las eras los dioses permitían que sobreviviese una pareja de humanos para que repoblasen la tierra cuando hubiese terminado la destrucción del antiguo orden, como paso con el fin del sol 4-Agua donde Tezcatlipoca salva a la pareja Tata y Nene escondiéndolos en un ahuehuete agujerado para que navegasen en las aguas de la inundación y dándoles un grano de maíz para alimentarse. Cuando baja la inundación, Tata y Nene salen del tronco para buscar que comer, logrando pescar unos peces los cuales asan, pero el hecho de combinar el fuego con un material acuoso como los pescados provoca una reacción en cadena al momento en que el humo entra en contacto con el cielo y vuelve a echar a andar el ciclo del tiempo y de la vida, terminando por consagrar el último punto cardinal que quedaba, el Sur, en el año 1-Conejo. Esto provoca la ira de Tezcatlipoca, por lo que decapita a la pareja y les pega las cabezas en las nalgas naciendo así los perros, por lo que al ser los iniciadores del ciclo de la vida tanto Tata como Nene fueron considerados como dioses de la creación.

Es de notar la confluencia de los mitos de la creación entre las diferentes etnias, un ejemplo lo tenemos con los nahuas quienes nos dicen que sus antepasados llegaron del océano procedentes de un lugar llamado Panotla, este relato coincide con el mito de los huicholes del nacimiento del mundo al decir que los antepasados vivían en el mar y seria en la llamada Peña Blanca de San Blas o Waxi Wimari por donde tuvieron que salir para habitar la superficie. Con ello, es así que el mar se integra como parte fundamental del mundo y como lo explicaban desde su cosmovisión, asociándola como el gran depósito de la abundancia de donde provienen todos lo mantenimientos que necesita el mundo para sobrevivir, pero a diferencia del agua dulce de los ríos y lagunas, el mar mantenía a la vez su asociación con lo acuoso como con el lado cálido del universo al tener sus aguas la sal, manteniendo dos naturalezas como el resto de las cosas en el cosmos y manteniendo con ello su asociación con los cielos.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: Patrick Johansson. Ilhuícatl “agua-cielo”. El mar en la cosmovisión náhuatl prehispánica, del libro El mar: percepciones, lecturas y contextos. Una mirada cultural a los entornos marítimos.

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Imagen: Lienzo de Tuxpan, Veracruz, siglo XVI.

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