El juicio a Iturbide.

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Con la destitución de Félix María Calleja del cargo de virrey para ser remplazado por Juan Ruiz de Apodaca, se acercaba el fin del poder acumulado por Agustín de Iturbide en el Bajío y con ello las acusaciones de abusos y saqueos por parte de sus tropas empezaron a cobrar fuerza, siendo la principal evidencia en su contra el enriquecimiento inexplicable del propio Iturbide quien se había comprado una granja en Maravatío, una casa en Valladolid y una tienda en Guanajuato donde vendía muchas de las cosas que saqueaban sus soldados. Calleja, quien fungía como su protector, permitía y justificaba las acciones de Iturbide contra el pueblo justificando su eficacia demostrada en el campo de batalla, pero sobre todo por la flaqueza de las arcas públicas hacía imposible que el gobierno pudiese financiar a la tropa que había aplastado a la insurgencia en el Bajío, por lo que los despojos y la corrupción era la forma en que se les podía retribuir a sus servicios. El mes de septiembre seria fundamental por la inminente transición del poder, ya que poco antes de terminar con su gobierno, Calleja declara inocente a Iturbide y le devolvía el mando del Ejercito del Norte, pero dejo una ambigüedad al decir que todavía debían de ser consideradas las quejas de los acusadores, por lo que cuando toma el poder Apocada el 20 de septiembre reactiva el caso.

En los últimos meses de 1816, Apodaca deshecha la exoneración de Calleja, le ordena a Iturbide devolver el mando del Ejerció del Norte y lo destituye del mando de la Intendencia de Guanajuato para dárselo al coronel Francisco Orrantia, siendo desplazado al poco tiempo por Cristóbal Ordoñez, esto le daría esperanzas a Iturbide de que al final el caso podría resolverse a su favor. Una forma con la que pretendía que Apodaca suspendiese la investigación en su contra era la de informarle que desde su alejamiento del mando de la defensa de Guanajuato la insurgencia estaba recuperando fuerza y que las acusaciones en su contra eran inventos de gente maliciosa que pretendían luchar del lado independentista, reiterando que no estaba interesado en el poder mismo y su compromiso para luchar por la causa de Fernando VII. En el tiempo en que estaba siendo investigado, Iturbide tuvo que residir en la Ciudad de México y al poco tiempo tanto su esposa como sus hijos llegaron a apoyarlo en el juicio, instalándose en una hacienda cerca de Chalco, pero a pesar de estar retirado del campo de batalla, todavía tenía el mando sobre el regimiento de Celaya debido a la consideración que se le dio por su desempeño en la lucha, incluso se concedió el derecho de audiencia ante el rey en España autorizándole a visitarlo.

Mientras continuaba el juicio en México, Iturbide había mandado al cura José Antonio López a España como apoderado para demostrar ante las Cortes su inocencia, pero los avances hacia su causa se daban de forma lenta debido a lo difícil que resultaba encontrar apoyo entre los funcionarios reales, pero no perdía las esperanzas al enterarse que el mismo Calleja había sido reconocido tanto con la Cruz de la Orden de San Hermenegildo e incluso con la Insignia de la Orden de Isabel la Católica. La estrategia de López recaía en hacerle llegar un informe detallado a Fernando VII donde describía todas las acciones hechas por Iturbide para asegurar los intereses del orden virreinal y tenía como pruebas los reportes de Calleja, además de señalar que las acusaciones en su contra fueron hechas por potentados importantes de Guanajuato y Querétaro que no habían aportado pruebas de sus acusaciones, llegando a decir que había renunciado al mando realista para cultivar sus tierras e incluso había pedido un préstamo para financiarse.

Las cosas nunca se llegaron a arreglar y con el tiempo el ánimo de Iturbide iba decayendo ante la imposibilidad de ser declarado inocente, por lo que buena parte de su fortuna tuvo que gastarla en su manutención en la hacienda de la Compañía y la de su familia, se sabe que por un tiempo paso por dificultades económicas como lo revela una carta donde su suegro le manda 500 pesos. Como de esos años se conoce poco, sus enemigos se sirvieron para alimentar su leyenda negra, escribiendo que en esos tiempos se había dedicado a derrochar su fortuna en la bebida y en mujeres, atribuyéndole una infidelidad a su esposa con la afamada María “La Güera” Rodríguez e incluso dijeron que mandó a encerrar a su esposa a un convento. A su vez, hay testimonios de esos tiempos donde manifestaron que Iturbide les comentaba su convencimiento por la causa de la independencia, pero consideraba que los insurgentes habían corrompido ese fin y que su trabajo había sido el de purificarlo, para que una vez pacificado el reino se pudiese llevar a cabo, aunque todo indica que solo se trató de argumentos para cambiar de bando ante su eventual rompimiento con los realistas.

A pesar del breve repunte que tuvo la insurgencia con la incursión de Xavier Mina, Apodaca pudo derrotarlo y su política de indultos logro reducir a los insurgentes a dos focos centralizados en las figuras de Vicente Guerrero en la Sierra Madre del Sur y a Guadalupe Victoria en Veracruz, por lo que el virrey había demostrado que podía prescindir de los servicios del coronel Iturbide, incluso se llega a negar a retribuirle unos gastos que había hecho en campaña por la cantidad de 6,000 pesos. Todo indicaba que las ambiciones de Iturbide iban a quedar en nada debido a que en 1820 el reino prácticamente había quedado pacificado, pero un inesperado cambio de tornas provocado por el golpe del coronel Rafael del Riego implantaría un gobierno de tinte liberal, por lo que a las elites novohispanas no les convenia la implantación de las leyes gaditanas y esta sería la oportunidad que esperaba Iturbide para lograr su objetivo.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura

Federico Flores Pérez

Bibliografía: William Spence Robertson. Iturbide de México.

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Imagen: Juan Comba. Grabado del juicio por el asesinato de Blanco de Benaocaz, España, c/a 1880 (solo ilustrativo).

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