El jansenismo en el pensamiento político del padre Mier.

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El destierro del padre Servando Teresa de Mier en España hizo no solamente que se negara a desistir de sus observaciones escritas en el sermón donde negaba el milagro guadalupano, sino que le dio forma a la concepción política del porvenir de la Nueva España al entrar en contacto con otras formas de pensar dentro de la misma Iglesia católica. En un inicio fue recluido en el convento dominico de Nuestra Señora de las Caldas en Santander en 1795, pero su intento de escape un año después provoca su traslado a un convento en Burgos donde quedaría a cargo del ministro de justicia Gaspar Melchor de Jovellanos. En 1797 intentaría apelar su caso en Madrid intentando demostrar la falta de historicidad de la aparición guadalupana y no obtuvo apelación alguna, pero durante todos estos movimientos entraría en contacto con un grupo subversivo con el que quedaría convencido sobre su futuro proceder, los jansenistas.

Logra su contacto por medio del propio Jovellanos, quien al ver la negativa de las cortes por verificar su caso y su destitución de su cargo ayuda a Mier a escapar encargándolo al inquisidor José Yeregui, otro jansenista quien le facilita su huida a Francia y que también fue acusado de pertenecer a este grupo. Ya en Paris en 1801 entra en contacto con otros miembros jansenistas, como el obispo Henri Grégoire quien apoyo el impulso de los derechos civiles y también fue apoyado por el padre Simón Rodríguez, antiguo tutor de Simón Bolívar. El mismo Grégorie le da cartas de recomendación para que sus contactos jansenistas en Roma lo ayudasen con su secularización de parte de la Orden de los Dominicos, proceso puesto en duda ya que el padre Mier solamente aseguraría con su palabra que le otorgaron el puesto honorario de prior, pero de momento no hay documentos que acrediten esto. De forma inexplicable vuelve a entrar en España y de nuevo es arrestado y confinado en Sevilla sumándole el cargo de jansenista, logrando escapar de nuevo de las autoridades españolas y logra llegar a Portugal de donde se le pierde su pista durante su estancia.

Las razones de lo controvertidos que resultan los jansenistas eran por su oposición a la primacía de Roma sobre la iglesia, favoreciendo la idea de colocar al obispo y al rey de cada país con la autoridad sobre el destino de la feligresía, haciéndolos enemigos de la autoridad papal y siendo fuertes rivales de los jesuitas, sustentándose en los principios de la iglesia primitiva. Estos principios los hicieron especialmente atractivos para los reyes ilustrados que buscaban la centralización de su poder para no compartirlo con nadie, teniendo como ejemplos al emperador José II de Austria quien empezaba a fortalecer la figura regia sobre el destino de la vida religiosa y su sucesor y hermano Leopoldo cuando ejercía como Gran Duque de la Toscana limita la autoridad papal para favorecer su gobernanza con el Sínodo de Pistoya. En España quien dejaría entrar a los jansenistas fue Carlos III, siendo una de las causas probables de la expulsión de los jesuitas y que sería una de las primeras acciones de gobierno, de esos años surgiría la generación de jansenistas como el caso de Jovellanos quienes aspiraban a reimplantar el antiguo orden visigodo sustentándose en los decretos de San Isidoro y el canónigo Graciano donde la gobernanza se haría a partir de cortes y concilios donde participarían los obispos y los nobles.

El jansenismo tenía un fuerte apoyo por parte de los pensadores ilustrados del siglo XVIII, pero a raíz de la Revolución Francesa los reyes absolutistas vuelven a fortalecer su alianza con el Papado y rompen su vínculo con los jansenistas, incluso el papa Pio VIII para romper la posibilidad de su arraigo con el nuevo orden establece que las ideas de Montesquieu y Rousseau son compatibles con la Iglesia. En los años en que Jovellanos estaba a cargo de la Justicia fue cuando se produce la revolución y no tuvo mayores problemas, estos iniciaron cuando asciende Manuel Godoy como el favorito de Carlos IV e inicia la persecución de los pensadores jansenistas. La admiración de Mier por Grégoire fue inevitable, ya que el obispo era partidario de todas las medidas liberales que estaban enterrando a las del Antiguo Régimen como la postura antiesclavista, así como ser defensor de la obra de Bartolomé de las Casas y su defensa de los indígenas, aunque disculpaba la matanza provocada por la cristianización al compararla con la realizada durante la Revolución.

Al considerarse así mismos los jansenistas como ortodoxos, el padre Mier veía viable que se implementasen estas medidas para el caso novohispano, respaldándose en las ideas del teólogo Edmond Richer quien aseguraba que los sacerdotes eran en si mismos herederos de los 72 discípulos de Cristo. Este pensamiento se hizo primordial cuando Mexico alcanzo la independencia y se da el rompimiento con Roma quien decidió apoyar la legitimidad de Fernando VII, poniendo como castigo el cese del nombramiento de autoridades de la Iglesia suponiendo un grave problema para la gobernabilidad de un país totalmente religioso, por lo que impulsaría durante su carrera legislativa y hasta su muerte la necesidad de crear una Iglesia católica mexicana que rechazase todo involucramiento extranjero como el de Roma, rechazando incluso los intentos por parte del gobierno de renovar la relación con el Papado. Si bien el padre Mier no lograría su cometido, influiría en el pensamiento del liberalismo mexicano que buscaría la secularización del gobierno sin romper con la religión, dando las bases para la lucha contra los conservadores.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: David Brading. Los orígenes del nacionalismo mexicano.

Imagen:

Izquierda: S/D. Fray Servando Teresa de Mier

Derecha: Pierre Joseph Célestin François. Henri Grégoire, 1851.

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