El invierno de mi ser

Escribiendo…

Una mañana más de invierno, el frio incesante recorre cada fibra, cada molécula y cada átomo de mi ser… un frio anormal, un frio que me recuerda cuan dolido y triste estoy, un frio que ni con el verano se ira, ¿por qué?… tú lo sabes muy bien… ¿por qué?…

Porque nuevamente estoy aquí, en estás cuatro paredes que desatan el dolor y agonía que me acongojan, nuevamente, tú, con tu elegante caminar, con tu risa celestial, con tu gorra y guantes negros y con tu anticuado paraguas te presentas en mis sueños y en mis noches. Tu sola presencia me atormenta, no me malentiendas, ¡por favor no lo hagas!, es solo que es tan doloroso saber que ya no estás, que el pilar de mi vida se ha ido y que ya no podré observar contigo las gotas de lluvia en el cristal.

Como un niño solías asustarte con los truenos y maravillarte con el granizo ilusionado por la absurda idea de que nevara.

¡Imposible! eso no es posible, negué varias veces, tantas como lo hice con tus esperanzas de recibir una llamada o un mensaje de voz de Camila, mi madre, tu hija tan ingrata.

Abuelo no te preocupes, ella pagará algún día su desprecio, solo pido que por mí, seas feliz donde quiera que estés.

¡achuu!… ¡no puede ser!, me he resfriado, iré a tomar una gran taza de chocolate caliente, me arroparé con las cobijas y dormiré plácidamente, de todos modos está parte de mi novela está terminada.

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