El fin del periodo Formativo y la decadencia de Chavin.

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Durante el periodo comprendido entre los años 700 al 200 a.C., los arqueólogos han designado este período como Formativo Tardío o Superior. En este período, podemos observar cómo los diferentes desarrollos regionales que surgieron o formaron parte de la cultura Chavín comienzan a adquirir una identidad propia. Estas culturas emergentes no tienen una cabeza clara, ya que el influjo religioso derivado de los sacerdotes de Chavín condujo a la formación de nuevos núcleos regionales.

Hacia el norte, en los valles de Jequetepeque, Chicama y Piura, la cultura original Cupisnique experimenta un resurgimiento por parte de las élites regionales. Su influencia se extiende tanto en la propia Costa Norte como hacia el sur, como se evidencia en el sitio de Campanayuc Rumi en Ayacucho, donde se observa una arquitectura religiosa que imita la de Chavín. En este contexto, el sitio de Kuntur Wasi funciona como un santuario regional al que los gobernantes desean estar vinculados para mantener la legitimidad ante su pueblo. En el sitio, se observa un aumento en la cantidad de tumbas, posiblemente con la intención de convertirse en ancestros divinizados. Además, surge una figura mítica que sería constante en la religiosidad de las civilizaciones andinas: el «Dios de los Bacúlos».

Sin embargo, a partir del año 500 a.C., la naturaleza golpeó duramente a las civilizaciones andinas con uno de los periodos de inestabilidad climática ocasionados por «El Niño», que alteró los patrones de lluvia y provocó la ruina de varias poblaciones. Este fenómeno fue especialmente devastador para las élites religiosas de Chavín, que perdieron la confianza del pueblo al suponer que habían caído en desgracia ante los dioses. La crisis climática desencadenó una serie de crisis regionales debido a la baja productividad agrícola, lo que puso fin a la «internacionalización» que implicaba el fenómeno Chavín. Como consecuencia, las culturas regionales se fortalecieron y se convirtieron en centros de irradiación de la cultura andina hacia las zonas marginales, como la Costa Sur.

Este periodo de crisis, conocido como Formativo Final y que abarca desde los años 500 hasta el 200 a.C., se caracterizó por el fortalecimiento de las clases gobernantes locales. Esto se reflejó en el incremento de obras de arquitectura monumental, ya que cada región construía sus propios centros ceremoniales.

Una tendencia generalizada en las construcciones andinas fue el resurgimiento de una técnica constructiva proveniente del Formativo Temprano: el uso de elementos megalíticos. Esta técnica fue ampliamente empleada tanto en los conjuntos ceremoniales como en las fortificaciones, adaptándose a las necesidades de la época y al bagaje cultural de la región. Se encuentran ejemplos de esta técnica en regiones como Nepeña, Casma y la Sierra Norte.

Hacia el sur, en torno a la península de Paracas, surgió una cultura que tomó su nombre y comenzó su desarrollo alrededor del 700 a.C. Inicialmente, se establecieron aldeas formalizadas como Jauranga y Ocucaje en el valle de Palpa. Sin embargo, a partir del 360 a.C., comenzaron a construir complejos de arquitectura monumental, como el conjunto de Animas Altas en Ica, que representaba una forma de vida urbana diferente a la influencia del norte.

Durante esta etapa, la presencia de basamentos piramidales como parte de los centros ceremoniales desapareció, dando lugar a una mayor importancia de los patios como espacios para la celebración de ceremonias religiosas públicas. A pesar de ello, se percibía una mayor separación por parte de las élites respecto al resto del pueblo.

A partir del año 200 a.C., comienza la transición entre las sociedades del Formativo hacia el Horizonte Medio. Sin embargo, esta etapa, que ha perseguido a la arqueología peruana como una sombra, no ha sido debidamente estudiada. Es a partir de entonces que emergen tres tradiciones culturales que marcarían el desarrollo civilizatorio andino: la Mochica en la Costa Norte, Lima en el centro y Nazca en el sur. Mientras tanto, en la sierra, el complejo Kotosh-Higueras se desarrolla de manera autónoma.

La cultura moche o mochica hereda de la cultura Cupisnique y se cree que surgió como resultado de la fusión con la tradición Salinar, con la cual fue contemporánea. Esto condujo a una mayor sofisticación de la cultura aristocrática, como lo indica el desarrollo tecnológico en técnicas metalúrgicas, evidenciado en tumbas encontradas en yacimientos como Loma Negra en Piura o La Mina en Jequetepeque. Además del desarrollo cultural en la Costa Sur, esta cultura comenzó a influir en regiones adyacentes, como el altiplano peruano-boliviano, donde surgiría la cultura Chiripa entre el 591 y el 116 a.C. (antecedente de la cultura Tiahuanaco). Al mismo tiempo, la civilización andina estableció relaciones comerciales con los pueblos de la costa norte de Chile.

Si bien la presencia de Chavín desaparece como consecuencia de la inestabilidad climática provocada por «El Niño» (incluso Kuntur Wasi tuvo un final violento, como se demuestra en las excavaciones), su espíritu perdura en los nuevos estados que surgieron como resultado de su influencia como centro de formación religiosa. Esto dio lugar al nacimiento de nuevas tradiciones cosmogónicas con una base común. Este legado fortaleció a las élites regionales políticas, ya que la desaparición de la figura simbólica de Chavín les permitió iniciar sus propias tradiciones.

Este proceso facilitó tanto el aumento de la expansión comercial hacia las regiones vecinas como el incremento de las relaciones beligerantes entre estos nuevos estados, lo que caracterizó al Horizonte Medio. En los siglos posteriores, surgieron nuevas culturas que definieron la identidad de las regiones de la Costa Norte, Central, Sur y Sierra, marcando el final de este período en el que se forjaron estas tradiciones como producto de la concentración inicial en torno a la parafernalia religiosa desarrollada por Chavín como centro nodal de la vida andina.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Peter Kaulicke. Las cronologías del Formativo. 50 años de investigaciones japonesas en perspectiva.

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Imagen:

Izquierda: Jarron globular, cultura Cupisnique, periodo Formativo.

Centro: Estela de una deidad femenina, Pacopampa, Cajamarca, periodo Formativo.

Derecha: Jarron con un felino pintado, cultura Paracas, periodo Formativo.

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