El factor petrolero en el gobierno de José López Portillo.

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Durante los primeros años del gobierno de José López Portillo, se mantuvo una postura ortodoxa en el desempeño económico para superar la crisis económica de la administración anterior. Esto provocó un aumento en las protestas de los trabajadores, y el Partido Comunista aprovechó la situación para incrementar su base de seguidores. Para poderles dar cauce a la participación de más agrupaciones de oposición dentro del sistema político, se promulgó la Reforma Política de 1977. Esta reconoció legalmente a partidos como el PCM, permitiéndoles participar en las elecciones.

La Reforma Política buscaba evitar situaciones como las elecciones anteriores, donde López Portillo no tuvo competencia debido al boicot del PAN y a la falta de reconocimiento de otras agrupaciones. El secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, fue clave en la elaboración y aprobación de esta reforma en el Congreso. Se destinaron 100 escaños de participación proporcional para dar cabida a partidos de izquierda como el PCM, el Partido Socialista de los Trabajadores y el Partido Democrático Mexicano. Con esto, se esperaba reducir la tensión social sin representar una amenaza para la hegemonía política del PRI.

Una de las ventanas que parecía una alternativa para salir de la crisis era el petróleo, por lo que desde el inicio del sexenio se enfocó en aumentar la producción. Se realizaron trabajos para revalorizar las reservas y la capacidad de extracción de los yacimientos. Inicialmente estimadas en 6,338 millones de barriles, a finales de 1977 se incrementaron a 16 mil millones de barriles, con reservas probables de 31 mil millones y un potencial de 120 mil millones.

Esta mejora en las reservas llevó a considerar la paraestatal PEMEX como la base para el nuevo despegue económico, al basar los ingresos del estado en los recursos petroleros. Las condiciones en el mercado internacional eran favorables para alcanzar este objetivo y reorganizar las finanzas internas, generando un optimismo que se reflejó en una frase emblemática del presidente: «administrar la abundancia».

Con estas nuevas condiciones, se logró convencer al FMI sobre la seguridad en la capacidad de pago del país, respaldada por las reservas petroleras. Esto permitió acceder a mayores créditos con otras instituciones financieras internacionales, abriendo la posibilidad de resolver los graves problemas económicos.

Al disponer de los nuevos créditos, la primera acción fue liquidar parte de la deuda contraída con el FMI, utilizada para lidiar con la devaluación del peso. También se anticipó el pago del préstamo otorgado por la Tesorería de Estados Unidos. Con esto, el gobierno de López Portillo se liberó de los compromisos de austeridad impuestos por el FMI, reavivando el debate sobre la función del Estado como agente para el desarrollo económico.

El potencial petrolero despertó un optimismo tal que el gobierno consideró que ya no era necesario un cambio en el sistema económico. Se creyó que podía mantenerse la estructura del «desarrollo estabilizador», ya que los excedentes petroleros cubrían el déficit de las finanzas públicas y también se utilizaban para pagar las importaciones necesarias para transformar la industria nacional en una manufacturera.

Sin embargo, restaurar la confianza del sector empresarial para que regresaran sus inversiones al país resultó complicado al principio. Inicialmente, tomaron una postura negativa ante los intentos de conciliación de López Portillo. Sin embargo, el dinamismo impulsado por el potencial petrolero creó las condiciones para restaurar la relación con el gobierno, principalmente debido a la promesa de compartir la riqueza petrolera.

Para sellar este compromiso, las organizaciones patronales publicaron en los medios su compromiso de contribuir con los esfuerzos del gobierno para alcanzar la recuperación económica mediante sus inversiones. Entre 1977 y 1980, aumentaron su presencia en un 20%. Sin embargo, el gobierno seguía manteniendo su papel como principal inversor, con un 42%, una cifra no vista desde los años cuarenta.

Debido al optimismo por parte del gobierno, los empresarios decidieron no hacer caso de las advertencias de sus propios analistas sobre la fragilidad de la economía mexicana. No se había resuelto el problema del déficit del gasto público, la insuficiencia de las materias primas, la paralización de la agricultura, el descenso de las exportaciones manufactureras, los problemas en los servicios de transporte y el empleo de recursos inflacionarios. Todos estos factores llevaron a los economistas a determinar cómo riesgosa la estructura financiera del país, haciéndola muy susceptible al aumento de la inflación, la devaluación de la moneda y una mayor dependencia externa.

Estas señales indicaban el agotamiento del viejo modelo económico y la necesidad de cambiar la organización económica para acceder a un nuevo ciclo expansivo y corregir los desequilibrios estructurales del aparato productivo.

A pesar de contar con la oportunidad única para resolver las deficiencias en estos sectores productivos del país, el gobierno decidió ignorarlos. En 1979, asignó el 30% de la inversión pública para mejorar el sector petrolero y petroquímico, mientras que la agricultura, siderurgia, comunicaciones y transportes solo obtuvieron el 27% del presupuesto, repartiéndose entre ellos. Esta decisión contribuyó a hacer realidad los pronósticos negativos de los especialistas en unos pocos años.

Una de las señales que revelan estos problemas está relacionada con la inflación, que aumentó del 17% en 1978 al 19% en 1980. La incapacidad del país para producir bienes agropecuarios, textiles, productos metálicos o de madera obligó a realizar importaciones para cubrir estos déficits, lo que elevó los precios en el mercado.

Aunque los excedentes petroleros proporcionaron ingresos adicionales al país para cubrir las necesidades del presupuesto público, esto no evitó contraer deuda, aunque de forma moderada. Durante el periodo de 1977 a 1980, la deuda externa aumentó del 46% al 63%, y la relacionada con los recursos petroleros del 18% al 29%. Esto ayudó a cubrir el déficit del ahorro, la inversión y los ingresos por las exportaciones.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Elsa M. Gracida. El desarrollismo.

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Imagen:

Izquierda: S/D. El presidente Jose Lopez Portillo marchando junto a los trabajadores petroleros sindicalizados en el desfile del 1ro de mayo. 1981

Derecha: Pozos petroleros de Cantarell. Sonda de Campeche. Fuente: https://www.mexicodesconocido.com.mx/rudesindo-cantarell.html

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