El Dia de Muertos o Pixan de Pomuch, Campeche ¿De origen prehispánico?

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Una de las tradiciones más particulares en cuanto al tratamiento mortuorio como de la conmemoración del Dia de Muertos la encontramos en el caso que ha sido muy publicitado de la comunidad maya de Pomuch, en Campeche, la cual consta que después de tres años de muerto el ser querido sus restos son exhumados y limpiados del polvo para rendirles culto durante estas fechas, algo que no se ha visto en otras partes del país. Debido a esta particularidad es que los medios de comunicación le han atribuido un origen prehispánico que se adaptó a la evangelización sobreviviendo hoy en día, el problema es que de momento no hay evidencias arqueológicas que puedan respaldar esta idea y todo indica que tiene un origen completamente inesperado, español.

Vamos con los antecedentes etnohistóricos que nos dejan los religiosos del siglo XVI, testimonios como los de Diego de Landa, Fray Bernardo de Lizaña, Pedro Sánchez de Aguilar entre otros nos indican que las costumbres funerarias variaban según el sector social, los gobernantes y guerreros practicaban en buena parte la incineración de los muertos, aunque los guerreros tenían la costumbre de extraer la mandíbula para ponerla en el brazo del difunto, mientras los civiles como en el resto de Mesoamérica enterraban a sus muertos debajo de las casas, ambos entierros eran acompañados con ofrendas de comida que servirían para ayudarlos en su viaje a Xibalbá o Metnal. Al igual que como ocurre con los nahuas, los mayas piensan en dos entidades anímicas que habitan el cuerpo, el corazón o chu’lel que era el que le tocaba viajar al inframundo, mientras el equivalente al tonalli el wayjel desaparecía con la muerte.

Pomuch se localiza al norte del estado de Campeche, la cual mantiene una estrecha relación con otros pueblos como Calkiní, Tenabo, Hecelchakan, Dzodzil y Dibalchen, los cuales tienen un gran porcentaje de población maya. Los testimonios que se han tomado sobre sus ideas de la muerte dan como resultado que son las mismas que las de la iglesia católica, creen que sus muertos van al purgatorio en lo que los deudos se dedican a celebrar los rezos, rosarios y misas para que puedan acceder al cielo, mientras los niños si tienen permitido ir directamente al cielo al no haber cometido pecado alguno, los que practicaban la brujería y los suicidas están condenados al infierno. Creen que las almas de los recién fallecidos aún mantienen una fuerte presencia en el mundo de los vivos, por lo que el deber de sus seres queridos es el de ayudarlos a iniciar el camino al más allá si no quieren que regresen en forma de aluxes o fantasmas, por lo que en agradecimiento los familiares pueden solicitar su ayuda para resolver problemas.

Además de las veladoras, los familiares tienen que ayudar a liquidar las deudas que haya dejado el finado con tal de que no quede sujeto a esta y se convierta en un alma en pena, atribuyen al séptimo día cuando el alma puede trascender. Parte de las prácticas para ayudar a que el muerto se vaya consiste en barrer los hogares hasta que terminen los novenarios, así como retirar la cruz que servía para los rezos y llevarla al cementerio es el paso final para que pueda dejar el hogar. El tratamiento de los restos tiene que ver con la idea de poder disponer de ellos pasados los tres años, tiempo que puede prolongarse si tomaban medicamentos o fueron embalsamados, por lo que la sepultura tiene que permitir retirar los huesos, esto hace que muchas personas de bajos recursos solo renten el espacio en lo que se descompone y pasan los tres años. Pasado el tiempo, se le pide al sepulturero que los ayuden a abrir la tumba y se ponen a reunir los huesos o incluso el cabello si llega a quedar, los cuales se limpian y se envuelven en una tela para acomodarlos en una caja, que en el caso de Pomuch se deja al aire para que el muerto tome el sol.

Los restos se mueven a los osarios que tienen una puerta de vidrio para permitir que se les pueda rezar a los muertos, lo cual su cuidado estaba comisionado a los familiares, pero cuando ya no le quedan familiares los huesos son destinados a la fosa común o abandonados a un rincón del panteón. A las celebraciones del día de muertos se les conoce como Pixan, la cual abarca todo el mes de noviembre cuando las almas de los muertos están entre los vivos, empezando el 31 de octubre para los niños colocándose una mesa para darles comida, veladoras y la imagen del Santo Niño de Atocha. El primero de noviembre inicia la celebración de los muertos grandes con el desenterrado del pibi-pollo que terminaba su cocción mientras se preparan los altares, siendo el día dos el destinado a la limpieza de los restos. El dos de noviembre es cuando se da el acto final de la conmemoración ya que es cuando se disponen a colocar las flores y veladoras en el altar, así como la realización de las misas para recordar a los difuntos, siendo el día con que se destina para estar en el panteón en compañía de sus difuntos.

Con esta breve explicación de las costumbres funerarias de la región noroeste de Campeche vemos que el atribuirle un origen prehispánico no es lo más exacto, ya que el patrón que presentan las tumbas mayas indica que no tenían la costumbre de exhumar los restos para limpiarlos, ni siquiera hay referencias en las fuentes coloniales de la región, siendo las únicas referencias históricas que hay hasta el siglo XIX. En opinión de un servidor, hay que recordar que tomando en cuenta las practicas funerarias mesoamericanas e hispanas, de alguna manera coincidían con la necesidad del entierro, siendo el cambio que impusieron el entierro en los atrios de las iglesias, posiblemente disposiciones gubernamentales como las borbónicas en las que incentivan la creación de los cementerios o las Leyes de Reforma de mediados de siglo XIX con la secularización de los servicios fúnebres pudieron haber servido de detonante para que la religiosidad popular creara esta tradición con la que se lograba volver a conectar con los seres queridos, cuyos móviles siguen manteniendo un fuerte influjo católico que fue adaptado al día a día de las vidas de las comunidades mayas del noroeste de Campeche que nos siguen impresionando el fervor con que mantienen los lazos con sus muertos.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Vera Tiesler Blos. Las tradiciones funerarias en el norte de Campeche. Un ensayo etnoarqueológico, del libro Tafonomía, medio ambiente y cultura. Aportaciones a la antropología de la muerte.

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Imagen: Restos limpios durante el festejo del Pixan en Pomuch, Campeche. Fuente: https://vanguardia.com.mx/vida/pomuch-el-pueblo-donde-la-muerte-se-le-acaricia-IPVG3343193

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