El códice Dresde, su historia y sus estudiosos.

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La cultura maya contó con una amplia cultura literaria plasmada gracias a su sistema jeroglífica donde nos narraron los pormenores de las hazañas de los reyes de las ciudades-estado, así como sus registros astronómicos al ir monitoreando los astros como el planeta Venus y dejándonos incluso algunas cifras sobre los cálculos realizados con los que predecían sus ciclos, fundamentales tanto para dirigir su sistema de cultivos y sobre todo para la guerra. Lamentablemente, la conquista española resultaría especialmente destructiva con el legado cultural, sobre todo con los mayas donde destruyeron la gran parte de los códices que elaboraron, quedando solamente tres de ellos y uno más, el códice Grolier, encontrado por medio del saqueo a una ofrenda dentro de una cueva localizada en Chiapas o Tabasco y certificado recientemente como autentico.

Uno de estos documentos de origen maya es el códice Dresde, obra con un eminente sentido astronómico donde se registraron muchos de estos cálculos para dar seguimiento al movimiento de los planetas y las estrellas, que en aquel momento eran considerados dioses y con ellos pretendían predecir su comportamiento para beneficiarse o prevenirse de su influencia. Las primeras noticias que tenemos del códice proceden de Viena del año 1739, donde el director de la Biblioteca Real Publica de Dresde, Johann Christian Götze, adquiere el documento de una biblioteca privada de forma gratuita, se dice que pudo pertenecer a algún soldado español que se lleva el documento de América, entregándola a la Biblioteca de Dresde en 1740. Desde ese entonces no hubo referencia alguna del documento (se sabe que el barón Von Rocknitz lo uso como referencia para sacar diseños para una habitación de “estilo mexicano” en 1796), fue hasta 1811 cuando Carl. A Bötitiger hace mención del códice en una publicación de arqueología, llamando la atención tanto del afamado barón Alexander von Humboldt y el editor y anticuario británico Lord Kigsborough, quien hasta 1826 le encarga al italiano Agustino Anglio realizarle una copia por medio de calca.

Fue hasta 1828 cuando el estudioso estadounidense Constantine S. Rafinesque-Schmaltz se hizo de las cinco páginas publicadas por Humboldt y usando como referencia las descripciones de Palenque de la obra de Antonio del Rio indica el origen maya del documento, dándole a conocer sus observaciones al egiptólogo y lingüista Jean-François Champollion, siendo confirmado su origen por otros investigadores del siglo XIX. La Biblioteca pronto le vio la importancia que tenía el códice y busco diferentes maneras de exhibirlo, pero debido a su extensión y asegurar su protección se decide mejor hacer ediciones facsimilares disponibles para el público general, pero sería durante la dirección de Ernest W. Förstemman de 1865 hasta principios del siglo XX quien hizo los mayores aportes en cuanto a su identificación, demostrando su función astronómica al determinar el sistema de colores de algunos de los numerales y sobre todo determina que servían como registro del ciclo de Venus, sirviendo a la obra de Paul Schellhas y su estudio de los dioses.

Para el siglo XX, el estudio de la cultura maya estaba más que consolidado gracias tanto a los diarios de exploración de los viajeros occidentales, los materiales que se llevaban y al estudio de las fuentes coloniales y de lo poco que quedaba de la época precolombina, pero la Segunda Guerra Mundial llego a suponer un peligro para su preservación al ser la ciudad de Dresde uno de los objetivos de los bombardeos durante el declinamiento de los alemanes, sufriendo varios daños por agua donde algunas páginas fueron deslavadas, pero logrando su preservación gracias a los vidrios que la protegían, cambiando de sede para la Biblioteca del estado de Sajonia donde permanece hoy en día. Diferentes investigadores dieron sus respectivas interpretaciones que contribuyeron con su estudio, pero la más influyente fue la de Eric Thompson cuya edición facsimilar fue la más distribuida y se atrevió a sugerir como datación de los años 1200 al 1250 d.C. y le atribuye su origen en Chichen Itzá.

Diferentes mayistas a lo largo de la historia y hasta hoy han contribuido con sus conocimientos a entender mejor el códice Dresde, de momento todo indica por las inscripciones jeroglíficas que fue elaborado por personas que hablaban el maya Itzá o el mopán, a pesar de ser elaborado por el siglo XIII lleva registros con una antigüedad del siglo IX. Además de los ciclos de Venus, también contamos con los registros tanto de los eclipses de lunares y los solares, los cuales tuvieron como finalidad el ayudar a los campesinos para determinar los mejores tiempos para el cultivo y la cosecha, indicando la forma en que se deberían llevar a cabo los rituales correspondientes para el dios patrono de estos ciclos, también se determinan los tiempos de sequía, la ocasión para realizar la quema de los terrenos e incluso hay indicios que nos indican un posible registro del planeta Marte, indicándonos la forma en que mezclaban la observación de los astros con su visión cosmogónica y esotérica para poder controlar lo sobrenatural adivinando sus movimientos.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Erik Velásquez García. Códice de Dresde. Parte 1. Edición facsimilar, edición especial de la revista Arqueología Mexicana no. 67.

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Imagen: Códice Dresde, siglo XII.

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