El bombero que no pudo salvar a su esposa de las llamas. 

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Fue una tarde de septiembre 2021 cuando decidiste partir de tu tierra llevando contigo a un grupo de personas que se llenaron de valor para iniciar el viaje de la muerte.

Todos los migrantes con un futuro prometedor para sus familias y su tierra catracha.

Llevabas años realizando el trabajo de trasladar personas ilegales desde tu país hasta cierto punto en el camino.

Ese año decidiste cruzar al otro lado e ir a celebrar los 15 años de tu hija a la que hace unos meses habías llevado. 

En tu maleta cargabas las tarjetas de invitación para la fiesta que se celebraría dentro de dos semanas.

Una tarde del 4 de octubre le llamaste a tu esposo y le dijiste que esa noche cruzarán el río para llegar a tierras gabachas.

La madrugada del 5 de octubre los medios mexicanos informaban sobre un accidente que ocurrió y en el cual se encontraban 3 personas calcinadas, una de ellas eras tú.

La camioneta en que viajaban iba a exceso de velocidad, policías les dispararon y eso provocó que el auto derrapara en carretera y quedara con las llantas hacia arriba.

Fue tan fuerte el impacto que los cuerpos de los heridos quedaron regados por todo el lugar y tú quedaste atrapada en el amasijo de hierro, pedazos del auto también salieron volando.

Segundos después se produjo una fuerte explosión y fue allí donde acabaste de morir.

Fuiste presa de las llamas, nadie te pudo rescatar. Ni siquiera tu esposo que en ese entonces era un bombero que se dedicaba a apagar fuego.

Lejos de tu patria no lograste llegar a tu destino, dejando un amargo dolor en nosotros, tu familia que tanto te amaba.

Pasaron los meses y por culpa del gobierno corrupto que en ese entonces estaba en la presidencia no te pudieron repatriar ese mismo año porque perdieron los documentos.

Tu esposo renunció al cuerpo bomberil y se dedicó a terminar su carrera de abogacía. No soportó el hecho de ser rescatista y no poder estar cerca aquel fatídico día para salvarte. 

Fue hasta diciembre de 2022 que se logró tu repatriación. Venías en un ataúd de color blanco y completamente sellado.

Tu madre no soportó las ganas de verte y abrió la caja de lata en la que el gobierno mexicano te envió.

Un olor nauseabundo se desprendió, allí dentro estabas tú. Irreconocible, estabas calcinada y tus huesos fracturados para debido a la posición en que quedaste tuvieron que hacerlo así para que pudieras entrar.

Ahora todos te recordamos como la buena persona que fuiste, escribo estas palabras con dolor y llanto en mi corazón ahora que he encontrado la manera de desahogarme. 

Hasta el cielo G.Y. C.

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