El arraigo de la cultura cinéfila entre la juventud.

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Fue tal la fascinación causada por la llegada del cine mudo a México que pronto se convirtió en el principal entretenimiento de los jóvenes, convirtiéndose en parte de la canasta básica el apartar una parte de sus ganancias para ir a las funciones, siendo los trabajos más buscados el de trabajar para los cines y con ello poder ver las películas gratis. Uno de los trabajos más problemáticos era el de voceador, ya que o estorbaban el paso en las callas o molestaban con sus gritos, siendo constante que la policía estuviese sobre ellos, siendo preferible hacerla de vendedor de dulces dentro de la sala ofreciéndolos a los espectadores mientras veían la película. Esta oportunidad que les daban las salas de cine a los niños y jóvenes de tener trabajo fue otro de los argumentos de los ataques de los tradicionalistas al asegurar que estaban inculcando la desobediencia y el libertinaje, convirtiéndolo en un agente de la descomposición social que tanto temían.

Hay que apuntar la existencia de una barrera muy importante al nivel cultural, como lo era el problema de analfabetismo que era muy alto en los años de la posrevolución y que era mencionado como una de las causas por las que no a muchos no les gustaba ver películas por los subtítulos, pero una gran mayoría no les importaba el mensaje de las películas y solo se quedaban maravillados por las escenas de acción o cómicas que aparecían. Ya que no había nada que detuviese la popularidad del cine en la sociedad, hubo propuestas sobre la de implementar cierto control sobre las películas a proyectarse, como la de crear una comisión de personas honorables que no perteneciesen a la industria de exhibidores para determinar cuál podían ver los niños y jóvenes, sobre todo por tenerse la idea de que estas primeras impresiones podrían marcar su formación como individuo y pedían la existencia de películas o salas donde se hubiera películas para instruirlos moralmente.

Pese a todos los contras percibidos por los defensores de la moral, no podían dejar de lado las ventajas ofrecidas como un medio de comunicación masiva, sobre todo porque las estructuras de las películas tenían una alta capacidad de retención de sus mensajes, factor que resultaba perjudicial si se consideraba los mensajes de las películas comerciales y la alta afluencia de niños pobres. Pero también era cierto que la industria cinematográfica al nivel mundial apenas estaba en desarrollo y no existían muchas películas infantiles para los años veinte, sobre todo había críticas hacia el gobierno por la carencia de una propuesta pedagógica donde se integrase a los niños en el proyecto revolucionario de construcción del país, sobre todo porque en las últimas décadas ya se había desarrollado la idea sobre la importancia de la infancia como una etapa fundamental en la formación de las personas.

En estos primeros años del cine, había películas que se acercaban a la temática infantil, teniendo como sus primeras estrellas a Mary Pickfor, Shirley Manson y Jackie Coogan, teniendo algunos éxitos como “El Chico” con Charles Chaplin de 1921, “Oliver Twist” de 1922 y “Días de Circo” de 1923, figuras aclamadas por este sector conservador al coincidir con su cine ideal. Los dibujos animados ya habían hecho su aparición entre los años de 1915 y 1920, pero el éxito de estas producciones se daría hasta 1930 con la aparición de personajes célebres como Félix el gato, Betty Boop, Popeye y sobre todo las producciones de Walt Disney, recibiendo el atractivo de ser el género donde entra el color y el sonido. Por el lado mexicano, la SEP se había hecho de algunos equipos viejos de grabación que resultaron insuficientes para crear materiales de calidad para los niños, produciendo solamente propaganda oficialista y se tuvieron que conformar con promover la proyección de documentales en las salas.

Por el lado de la ley, intentaron evitar la proyección de películas con temáticas adultas en las matines, siendo este el horario para poner las películas aptas para niños a mitad de precio y dando como apoyo la exención de impuestos, pero para dar resultado tenía que haber un acuerdo con las escuelas para que llevasen a sus alumnos a ver estas películas, provocando que estas reglas fuesen violadas con regularidad. Incluso los bajos precios no serían un incentivo para los niños para ver películas propias de su edad, ya que con tal de ver lo que les interesaban estaban dispuestos a pagar lo que les pidieran. El problema era más profundo, no solo era el cine el principal propagador de la “indecencia”, la dinámica de la modernidad hacía que los niños y jóvenes estuviesen expuestos a materiales de diversos indoles para quienes pasaban sus vidas vagando por la ciudad o ganando para comer, por lo que debían de esforzarse para poder brindarles las condiciones adecuadas para lograr un desarrollo completo de sus aptitudes.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Susana Sosenki. Diversiones malsanas: el cine y la infancia en la Ciudad de México en la década de 1920, de la revista Secuencia no. 66.

Imagen: Anónimo. Multitud a las puertas del Cine Odeón, 1930.

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