Cuando murió nuestro amor. 

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Ante mi pregunta de si estaba bien, ella me miró y sus ojos ya no lucían igual. No fulguraban ni brillaban. Solo como con una costumbre vacía asintió y besó mi mejilla, entonces después de una hora apagué mi celular y lo coloqué en la mesita y dije:”buenas noches” Y al no recibir respuesta me percaté que se había dormido y estúpidamente pensé que solo había tenido un día duro y estaba muy cansada. El tiempo pasó y las miradas se volvieron más frías, las caricias más distantes, los besos más efímeros, los “te quiero” más lejanos, los abrazos más forzados y yo como un tonto seguía creyendo que no era nada, nos amábamos y ambos lo sabíamos. Solo tenía mucho trabajo y ya llegaría el momento de darnos más atención. Así que sin darle importancia seguí llegando tarde y lo justificaba, pues era mi deber, quería darle lo mejor sin detenerme a reflexionar, que era lo más importante en realidad. Seguí ocupando los fines de semana que antes eran solo nuestros, seguí dando por sentado que la amaba y me amaba. Dejé de darme cuenta cuando lucia algo nuevo y olvidé el camino a las floristerías. Hasta que esa fría mañana de invierno salí a la cocina con mi traje puesto y mi portafolio. Debía llegar temprano a la oficina, pues de seguro recibiría un ascenso y estaba feliz aunque sentía un extraño vacío. Por eso ese día me levanté con una idea en mente. La extrañaba, vendría temprano y la llevaría a cenar. Pero cuando entré a la cocina por mi café estaba allí, de pie, mirándome con ojos cristalizados, con ese vestido azul que casi no se quitaba y que aún le quedaba muy bien, y con dos maletas a su lado en el piso. Me acerqué intentando ignorar la gravedad de lo que veía y pensando que se solucionaría. Entonces el tierno beso que quise depositar en su boca fue a dar a su mejilla en un rechazo sincero. Con frialdad me sonrió y dijo que se iba. ¿Por qué? Le pregunté. 

“Ya no te amo”

“Ya no miro mi reloj por las noches mientras te espero”

“Ya tus besos no me causan ninguna sensación placentera”

“Ya no me importa que no llegues a esa cena que con tanto amor te preparé”

“Dejé de esperar un halago hace mucho”

“Ya no ansío tus besos ni tus caricias”

“Sencillamente, dejé de anhelar verte entrar por la puerta” “Ya no importa, ya no vale la pena”

Entonces se fue. Se fue y derrotado reflexioné: ¿Por qué no me di cuenta de que ya no sentía igual? ¿Qué ya no me miraba igual? ¿Qué después de hacer el amor ya no deseaba hablar? Ya no me contaba emocionada como estuvo su día… Entonces me di cuenta de cuando inició el camino a este triste final, desde el día que di por sentado que me amarías por siempre. 

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Alejandro
10 meses atrás

🥺🥺🥺 para reflexionar

Ysb
10 meses atrás

¡Es impresionante!
Y lo digo porque es como si en este justo momento, estuvieras viendo por un huequito las cosas que pueden o no estar pasando alrededor. Me siento un tanto identificada con este relato, a veces nos está pasando este tipo de cosas y otras veces, solo nos pasó ya. En determinadas ocasiones buscamos y encontramos la manera de manejarlas y otras, simplemente no lo hacemos ni la encontramos por miedo o por no creer en nosotras mismas.
Pero lo que sí está claro es que estas cosas pasan y muy a menudo, los hombres dejan a las mujeres de lado, creyendo que siempre van a estar ahí para ellos, cuando en realidad, el no llenarnos de detalles, el hecho de no estar pendientes de nosotras, de lo que queremos o nos hace falta, que no tiene que ser material siempre, sino solo con estar, con un beso, una caricia, una canción, cosas pequeñas… cuando dejan de estar o de hacerlas, se pierde todo. Y nosotras, vamos dejando de lado el sentir. Dándonos cuenta que si para ellos no es importante, no tiene por qué serlo para nosotras. Y así, sucesivamente, a veces son este tipo de cosas pero otras son por motivos más fuertes. En fin, gracias por tu artículo, siempre dando justo en el blanco.

Amiris
9 meses atrás

Exelente reflexión
Nunca hay que dar nada por sentado, el amor se debe regar porque al igual que una flor se marchita por falta de atención ❤️💔

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