Cuando la primavera termina…

Decidí entregarte mis labios para que entiendas lo que siento por ti, que quiero dejar huellas libres sobre tus heridas pasadas…

Pues, para que inventar lo que ya sabes, jamás;

y sacar una excusa sin sentido, nunca;

ni vanagloriarse, ni seguir la idiosincrasia cuando otros callan.

Y en silencio me quedaré al aceptar que falle a mis principios, mirándote a los ojos como un niño que ve su alma libre dentro de su soledad, dándome cuenta de que lo que deje de hacer me engaño a mí mismo.

Mi poesía no es de combate, más bien es de un canto para las voces oprimidas.

Mis manos acariciando las tuyas solo son para derramar esperanza, de flores rosadas con olor a miel, con mi boca junto a la tuya, para la vida que soñé y quiero en la relación saludable, sin dejar de enmudecer ni gemir cuando empecé a vivir reduciendo mi factor al miedo.

La lluvia dejó su espejo en la calle que mira al cielo, reflejando el sol cubierto por las nubes,

por tu calle pasé un millón de veces,

enamorándome de la mujer que estaba en esa torre de cemento.

Mis anhelos son acordeones,

la gente pasa y viven su mundo,

y cuando yo te veo caminar hacia mí…

nube,

cielo,

torre,

mis manos tiemblan por toparte,

cuando ya puedo sentirte,

mi paz se completa,

entendiendo que empecé a morir cuando nací, pero no aprendí a escaparme de tus ojos.

Esos ojos hipnotizantes, llenos de misterio y emociones… 

¿por qué es tan difícil descifrarte? 

Cuando el sol se oculta, y los destellos naranjas aparecen en el cielo te recuerdo y quiero correr a ti, 

pero luego recuerdo,

solo nos vemos y amamos durante primavera,

y la primavera ya terminó.

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