Criaturas del bosque

Era una noche de lluvia en pleno bosque, ambos caminantes buscaban resguardo de las aguas que caían turbulentas acompañadas de retumbantes estruendos producto de la incesante, por varios minutos continuaron escabulléndose entre las mazmorras cuando a lo lejos distinguieron una luz, se trataba de una cueva iluminada en su interior, los errantes no dudaron en ingresar para protegerse del frio que azotaba con las gotas cuando dentro de ella se toparon con una puerta misteriosa. Al ingresar por aquella puerta una pequeña campaña sonó alertando a una mujer que salía de la cocina, tan bella y pálida como la misma niebla del bosque, su cabello rojizo ondeaba rebelde con cada paso que la dama otorgaba al suelo como si un honor se tratase, su alegre sonrisa era coloreada por un intenso rojo como la sangre misma, su voz al dar la bienvenida a sus clientes era candorosa como si una melodía brotara de aquellos hermosos labios, pronto ambos se dispusieron a descansar en la mesa central en lo que la mujer le daba una bebida caliente a cada uno.

— Me alegro tanto que la lluvia tan solo los haya mojado —insinuó burlona— este bosque puede ser peligroso en estas épocas.

— Y por eso mismo nadie suele estar aquí —resopló uno de ellos— de hecho, que usted este atendiendo un bar por estos lares, todo cuando hay una historia muy curiosa de este lugar ¿desea conocerla?

— Tan solo trato de reestablecerme luego de que mi esposo se fue de casa —respondió aun sonriente en lo que servía sopa caliente a la mesa—pero me gustan las historias, no estaría mal para pasar la tormenta.

— Dicen que en estos bosques hay criaturas muy peligrosas y voraces, tanto que solo encontrarse con ellas es significado de muerte, hasta ahora había salido invisto de nuestros tantos encuentros que incluso he llegado a pensar que soy tan solo un señuelo que los ayuda a capturar más.

— ¿Qué clases de criaturas son, señor? — cuestionó tímidamente su acompañante en lo que dejaba de comer del platón.

— Nadie sabe que son en realidad, algunos señalan en que son caníbales, otros dicen que son ninfas, o incluso se han dicho que son hadas diabólicas que solo consumen carne humana, pero lo que si se conoce es que su físico es similar al de una hermosa doncella, pálidas como el brillo lunar y ojos oscuros como la noche estrellada, engañan a los hombres con toda clase de artimañas solo para poder matarlos y alimentarse de su carne, no diferencian entre altos, feos, guapos o viejos, solo quieren comer y saciar su hambre infernal que provoca que la sola presencia de alguna de sus presas estas emanen un sentimiento voraz.

— Es una historia muy curiosa —comentó la mujer en lo que se acercaba a recoger la loza — ya entiendo por que duda de mi generosidad ahora.

De pronto el silencio se apoderó del lugar y la quietud se hizo presente ya no se escuchaba la lluvia ni tampoco otro ruido que colapsara con la pureza de aquella penumbra, la mujer se mantuvo estática ante la mirada del hombre que continuaba juzgándola con gran desconfianza, al poco tiempo el hombre abalanzó la mesa contra la mujer haciendo que esta cayera y se hiriera con la loza rota en el suelo, la sangre comenzó a brotar de sus delicadas manos entre que el caminante advertía a su compañero de que no se acercara a la supuesta criatura, sin embargo, pronto el rostro de la mujer empalideció mientras que sus ojos se oscurecían rápidamente, levantándose del suelo sacudió la suciedad del vestido para luego rasgarlo hasta dejar notar sus piernas blanquecinas.

— Es bastante audaz, ermitaño —quejó manteniéndose a distancia de su próxima presa— no confió ni un segundo en mi disfraz y aun así se mantuvo lo suficientemente cerca.

— Jamás confiaría en nadie en este bosque.

— Se equivoca caminante —sonrió de pronto mientras que el hombre de pronto sintió un terrible golpe en su espalda, luego de bajar la mirada notó la sangre de su cuerpo escaparse a grandes chorros— usted si depositó su confianza en alguien después de todo.

Su acompañante retiró entonces el puñal del cuerpo y lo dejó caer de rodillas mientras la mujer acercaba su rostro al de la victima para saborear lentamente la sangre que brotaba de sus labios, la mirada de ambos se volvió oscura como la noche y los labios de ambos se sellaron en un beso compartiendo la sangre de la presa obtenida haciendo que los labios quedaran tan rojos y vivos.

— Escuche ex invicto —burló su acompañante con una funesta sonrisa en sus rojos labios— las mujeres no son las únicas que engañan. Pero de que le sirve ese consejo si ya está muerto.

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