Crepuschusculo. Por: Marco Antonio Fuguett Toro.

La crisis todo lo afecta, lo trastoca. Él en el pasado, era un ser bestial, temido por todos; evolucionó, sí a eso sé le puede llamar evolucionar y cambió, ya no vive en el castillo, Transilvania quedó atrás, perdió hasta la última puya en la bolsa de valores y para colmo de males, terminó viviendo en un ranchito, de esos de tablas y de zing, en el peor cerro de Caracas.

Llegó allí con sus dos hijos; Draculito, el menor y Draculote, el mayor y con su hija adoptiva, la cuál le fue dada por gestiones del noble banco de sangre y a la cuál puso por nombre “Hemorragia”

Ya no chupa la sangre cómo antes, ésto debido a que la gente de ahora toma tanta caña, cocuy y ron, que lo menos que tiene es sangre. Ahora chupa modes, cómo sí fuesen guarapita y para rematar el asunto, fue detenido ayer por la policía, acusado de traficar con glóbulos rojos.

Casi no puede dormir, porque tiene de vecina a la llorona y esta con sus gritos y alaridos, los tiene locos. Pero el conde, ahora “nado”, Drácula, está desesperado, por eso llamó a Superman y éste vino en su auxilio, pero lo atracaron, le robaron la capa, los interiores y ahora en el barrio todos saben, que tiene el chiquito de acero.

Robin sé enteró del asunto y llegó de repente, cómo quién dice, sin previo aviso, a la casa del conde y allí le dijeron que este de hallaba declarando. Por eso sé fue velozmente, en el desgastado pata móvil y acompañado de Draculito y Draculote, a la ya mencionada comisaría. Allí el hijo mayor de la olvidada realeza, encaró sin pena alguna y con gran firmeza a los funcionarios policiales, gritándoles “Ustedes no saben quién soy yo. ¡Yo soy Draculote!” Dicho ésto, todos los policías examinaron con interés su abultado trasero, imagino yo que buscando evidencias.

En la sala de espera de la comisaría, sentaron al angustiado noble. A su lado ubican a un hombre, como de unos 45 años, que sangraba un poco por su brazo izquierdo, producto ésto, de una pequeña herida. Él lo ve, como quién desea un platillo exquisito y con la boca, hecha agua.

– ¿Qué te pasa vejestorio? ¿Te gusto? No soy gay, además, estás viejo, calvo y con colmillos de tigre. ¡Zape gato!

Le indicó éste, mientras se contenía la sangre con un pañuelo.

En eso se aparece Robin y le expresa al hombre, eso sí, algo enojado.

– Recontra recorcholis locote. ¿Estás demente?  ¿Como le hablas así al conde?

La cosa no pasó a mayores. Drácula declaró sin problema alguno y el tipo, en un gesto de desprendimiento, hasta le regaló el rojiso pañuelo para que lo chupara. Finalmente salieron de alli, ésto para hacer la larga y penosa cola, buscando esperanzados abordar el Jeep, que los llevaría de regreso al rancho.

– ¿Dónde está tu bati móvil Robin?

Pregunta Draculito a éste, rascándose con fuerza el trasero, debe ser por los parásitos, no sean mal pensados

– Lo perdimos, perdimos todo Draculito, ahora Batman y yo, somos buhoneros en el mercado grande, tenemos allí un puesto de venta de verduras. Cuando quieras ñame, papás o yuca, las tengo gruesas y grandes.

– Qué interesante, que interesante, claro que pasaré por allá Robin, no lo dudes.

Indica el hijo menor del conde, frotándose las dos manos 

Continuará 

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