Capítulo 6: ¿Que hacía ahí?

Habían pasado dos días desde la vez que vi a Dann en la discoteca.

Era viernes, así que Jane y yo iríamos a cenar al piso de Bryan y Kate.

Tenía la pequeña esperanza de que cuando fuéramos, Dann me hubiera hecho caso y habría vuelto a casa.

Estuve todo el día en la universidad haciendo presentaciones, que honestamente me salieron muy bien. Mejor de lo que esperaba, teniendo en cuenta que tenía la cabeza en otro sitio. Después de las clases fui directa a la residencia. Quería comer y dormir un rato.

Sobre las siete de la tarde, Jane y yo fuimos al piso. Bryan había pedido pizzas.

Qué pena que no esté Dann para discutir sobre qué pizza es mejor.

Había una de peperoni — mi favorita — una de barbacoa y una de jamón y queso. Tenían una pinta estupenda y además, estaban buenísimas.

— ¿Entonces le viste Amber? — me preguntó Bryan de repente.

— Eh… si. — contesté.

— Y estaba con unos chicos que no tenían…

— ¿muy buena pinta?… No, en absoluto. — acabé por él. —Estaban llenos de tatuajes y eran muy corpulentos. Se notaba que iban al gimnasio — bromeé para amenizar la conversación.

Bryan suspiró. Al igual que Jane, él también sabía de quienes se trataba.

— Le dije que te llamara — solté para intentar tranquilizarlo. — Pero supongo que no me ha hecho mucho caso.

No pareció sorprenderle.

Quise preguntar quienes eran, pero no me pareció buen momento. Bryan parecía bastante agobiado y Jane parecía no querer hablar sobre el tema. Kate en cambio, no pareció darle mucha importancia. Se encerró en su habitación en cuanto terminó de cenar.

¿Hay alguien que le caiga bien a esta chica?

— No se de qué os sorprendéis — dijo Kate antes de entrar a su cuarto — ni que fuera la primera vez que hace algo así.

Bryan le dedicó una mirada amenazadora. Seguramente sería para que no hablara más, y que yo no me enterara.

Había algo que me ocultaban, estaba claro. Y pensaba descubrir qué era.

Después de cenar, Jane y yo decidimos irnos a casa a descansar, y Bryan se ofreció a llevarnos.

— Sí sabes algo, avísanos Bryan — le dijo Jane dándole un pequeño abrazo al llegar a la residencia.

Yo le sonreí y apoyé una mano en su hombro.

Salimos del coche y nos dirigimos a la habitación.

Eran las diez y media, así que vimos una película en mi cama, pero nos dormimos a la media hora de empezar a verla.

***

Eran las dos de la mañana.

Llamada entrante de Bryan.

— ¡Amber estoy abajo! Baja ya — me dijo muy serio. Abrí los ojos sin siquiera pensarlo. Podía imaginarme de que se trataba.

Me levanté sin hacer mucho ruido. Tenía a Jane justo al lado. Fui al armario y me puse unas mallas negras, una sudadera XXL rosa calentita y unas botas negras y me dirigí hacia la puerta de la habitación.

La abrí y miré hacia mi cama. No sabía si despertar a Jane, estaba muy a gusto dormida.

Decidí no hacerlo.

Bajé corriendo las escaleras.

Y casi te caes rodando por ellas.

Soy torpe de naturaleza. ¡Céntrate Amber!

Entré en el coche de Bryan que me esperaba justo en la puerta de la residencia. Lo miré y su mirada me preocupó más de lo que jamás admitiría en voz alta.

— ¿Qué ocurre Bryan? ¡Me estas asustando! — le pregunté casi gritando.

— Es Miller — su cara bastó para decirme que algo grave estaba volviendo a pasar. — He intentado llamar a Jane para no molestarte, pero no me ha cogido el…

— Vamos. — le corté mirando al frente.

Bryan no se lo pensó mucho, apartó su mirada de mí y arrancó.

Lo sabía. Miller estaba en problemas.

Bryan condujo unos cuarenta minutos hasta que llegamos a una especie de descampado. Fuera estaba oscuro y siendo sincera, daba mucho miedo.

A lo lejos se veía un gran grupo de personas a las que les rodeaban e iluminaban cuatro focos grandes de luces. Uno en cada esquina. Había chicas con poca ropa y que sujetaban carteles con ambas manos en lo alto de su cabeza. Pero no logré ver lo que ponía.

Nos acercamos con el coche hasta dejarlo lo suficientemente cerca por si pasaba cualquier cosa. Salimos de él y anduvimos hasta la gran masa de gente gritando. Justo en ese momento una gran bulla de gritos empezó a sonar más fuerte. Todos gritaban y animaban a algo que sucedía en el centro de esa enorme masa de personas.

— ¡Vamos Mike! — decían unos chicos que teníamos al lado.

— ¡Dale por la izquierda! — decían otros que estaban en frente.

— ¡Rómpele la nariz! — al escuchar eso me detuve.

¿Qué demonios estaba ocurriendo?

Se están peleando Amber.

Supuse que el tal Mike era uno de los que peleaba, pero ¿contra quién lo estaba haciendo?

Intenté mantener la calma. No sería Dann uno de…

Al apartar a la gente para poder ver la pelea más de cerca y poder ver a su contrincante, me paralicé.

Efectivamente. Era Dann.

Tenía la cara llena de sangre, pero estaba peleando con todas sus fuerzas. Aunque parecía un poco mareado. Se tambaleaba de un lado al otro, entornando los ojos. Parecía que iba a perder el conocimiento. De un momento a otro, se cayó de rodillas al suelo.

Eso explica lo del moretón y la herida de en la ceja…

Yo lo miraba perpleja y nuestras miradas se encontraron. Pudo notar el pánico en mis ojos y yo la sorpresa en los suyos. Dann se levantó de repente y cuando el tal Mike fue a darle un puñetazo en el lado izquierdo de su cara, Dann logró esquivarlo y acabó devolviéndoselo a él con mucha más fuerza — sinceramente no se de donde pudo sacarla—. Tanta que hizo que Mike cayera al suelo y se golpeara en la parte trasera de la cabeza. Al confirmar que Mike no se levantaba y que, por lo tanto, Dann había ganado la pelea, la gente empezó a vitorearle.

— ¡Miller! ¡Miller! ¡Miller!

Dann empezó a girar al rededor suyo, intentando no caerse, con las manos en alto, dando a entender que había sido el ganador del combate. Al girarse, su mirada se volvió a encontrar con la mía.

Mi cara era de terror.

No podía creer lo que habían visto mis ojos.

Dann peleando.

Odiaba demasiado la violencia. Me traía recuerdos que quería olvidar a toda costa y siempre intentaba no utilizarla en ningún caso.

Me di la vuelta y fui directa a donde Bryan.

— Me quiero ir a casa — dije intentado calmar mis ganas de llorar y con un gran nudo en la garganta.

No podía estar pasando esto. No quería verlo así.

Noté como alguien me sujetaba del brazo por atrás para que me detuviera.

— ¡Amber, espera! — eran Dann. Al ver su cara llena de sangre el nudo de la garganta se me hizo aún más grande y no pude evitar cerrar los ojos fuertemente al verlo y recordar parte de mi pasado. — ¿Qué hace ella aquí, Bryan? — dijo amenazante mirándole.

— Llevas casi una semana desaparecido y lo primero que se te ocurre decirme es ¿qué hace Amber aquí? — dijo Bryan muy cabreado.

— ¿Cómo has sabido dónde encontrarme? — dijo cabizbajo y soltándome la mano. Aproveche para ir al coche y quedarme ahí hasta que Bryan volviera, con o sin Dann. Me daba igual. Solo quería salir de ahí cuanto antes.

— Vete yendo al coche Amber, yo me ocupo de Dann. Hay que sacarlo de aquí — me dijo Bryan en voz baja justo en ese momento, dándome las llaves y poniéndome una mano en el hombro para tranquilizarme.

Mientras me alejaba de ellos escuché gritos. Estaban discutiendo. Me metí en el asiento del copiloto y subí las rodillas al asiento para poder esconder la cabeza entre ellas. Estaba nerviosa, con la respiración acelerada y con mis recuerdos vagando por mi cabeza una y otra vez. Atormentándome.

Lo cierto es que hubo una época en mi vida en la que la violencia fue la máxima protagonista. Pero no quiero hablar de ello ahora mismo.

Tarde o temprano tendrás que hacerlo.

¡Cállate conciencia! Creo que no es el mejor momento.

A los cinco minutos noté como una de las puertas de los asientos de atrás se abría. Me giré asustada. Eran Dann y Bryan. El primero estaba inconsciente y Bryan lo traía en brazos. Lo dejó cuidadosamente en el asiento de atrás del conductor, le puso el cinturón y se metió en el coche para salir lo más rápido posible de ahí.

Su piso nos pillaba más cerca que mi residencia, por lo que Bryan me ofreció quedarme esa noche a dormir. Yo acepté sin dudarlo. Tenía que ayudarlo con Dann. Durante todo el camino había estado mirando hacia atrás para saber como estaba. Ni si quiera podía reconocerle con tanta sangre y con la cara tan hinchada de los numerosos puñetazos y golpes que le habrían asistido.

Incluso así, te mueres por él, Amber.

Conciencia, voy a tener que enseñarte los momentos para pensar ese tipo de cosas. ¡CÉNTRATE!

Peleas clandestinas, ¿a quién demonios se le ocurriría pelear en un sitio así? Y sobre todo, ¿por qué un chico como Dann iría a pelear ahí? ¿Necesitaría dinero?

Imposible, sus padres son ricos.

Cierto.

No entendía nada. Pensé en preguntárselo a Bryan, pero cuando me giré para hacerlo, tenía la mirada clavada al frente y sus manos estaban apretando el volante con mucha fuerza. Parecía estar entre cabreado y preocupado, así que decidí esperarme a la mañana siguiente.

Bryan condujo tan rápido que ni siquiera me di cuenta cuando llegamos al piso. Entre los dos subimos a Dann en el ascensor. Cada uno de sus brazos estaba colgado cada uno de nosotros. Bryan me dio las llaves y abrí la puerta del piso como pude. Por fin entramos y fuimos directos a su habitación — estaba en el segundo piso, podéis imaginaros el panorama. Intentamos subirlo entre los dos, pero las escaleras eran demasiado estrechas y no entrábamos los tres. Así que Bryan optó por colgárselo por el hombro y subirlo él solo. Estaba inconsciente por lo que no se enteró de absolutamente nada—.

Me dolía mucho verlo así.

— Me quedo yo con él, tranquilo. — le susurré a Bryan tras dejarlo en la cama tumbado.— Yo me ocupo. Vete a descansar.

— ¿Estás seg…?

— Vete a descansar, de verdad. — le aseguré subiendo mi mano a su hombro y asintiendo.

Bryan asintió también, me sonrió y se giró para bajar a su habitación.

— Ya te vale, Dann — dije en alto.

Estás hablando sola, te recuerdo que no está consciente.

Fui al baño en busca de algodón y agua oxigenada para poder limpiarle la sangre que tenía por, básicamente, toda la cara.

Ni aún así se despertó, pero se retorció un poco de dolor.

Al acabar de curarle las heridas le quité la camiseta blanca que llevaba y le puse una limpia.

Madre mía que abdominales tiene el chaval.

¡Conciencia, céntrate, maldita sea!

Los pantalones no se los quité, no soy tan pervertida. Y por último, le quité tanto las zapatillas blancas, que tenía llenas de sangre, como los calcetines.

Lo acosté y le puse la manta por encima. Yo rodeé la cama para irme al otro lado. Me senté en el borde de la cama y me quité las botas. Opté por dormir con la sudadera porque tenía bastante frío. Me acosté a su lado, sin poder mirarle. Las heridas aun se podían apreciar.

— Am… ¿Amber? — me giré hacia él. Parecía que estaba despierto.

— Oye… si quieres puedo ir al sofá a do… — empecé a decir. Pero enseguida me interrumpió.

—Gracias — me dijo entonces acurrucándose a mi lado.

Es lo único que dijo. Acerqué mi mano hacia su cuello para ver si tenía pulso.

Claro que lo tiene idiota, acaba de hablar.

Y tras comprobar, que efectivamente si tenía, le acaricié la mejilla y me tumbé quedando justo enfrente de él. Lo miré durante unos segundo.

— Ya te vale, Dann Miller.

Y antes de que cerrara los ojos para dormir, vi que él sonreía..

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