¿Tu cama o la mia? Capítulo 17

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Salimos del centro comercial a carcajadas y con bolsas en nuestras manos. El hecho de estar riéndome después de un día agotador fue bastante aliviador.

Con Darya me había olvidado por un momento en donde estaba.

El día de ayer había sido mi cumpleaños y había recibido mensajes de amigos de la escuela y tuve que contestar únicamente con treinta caracteres o sospecharían de que estaba dando información del pueblo.

Era todo tan limitado y me preocupaba que mi abuela inclusive no pudiera venir a vivir aquí.

Mis padres me enviaron mensajes, pero demasiado cortos. No lo sentí como un día especial y eso me entristeció.

—Oye—Darya chasquea sus dedos delante de mi nariz y yo regreso de mis pensamientos—¿Estás bien? Dejaste de reírte de golpe.

—Sí, si perdón—me disculpo tras menear la cabeza—. Es que ayer recibí mensajes de cumpleaños pero los del palacio no me dejaron expresarme demasiado cuando respondí.Incluso los mensajes de mis padres fueron demasiado fríos.

—Es porque los del palacio tienen miedo de que enviemos mensajes cifrados. Aunque puedo conseguirte un móvil para que te comuniques con tus amigas más cercanas y decirles que estás bien.

—¿En serio? —no puedo evitar sentirme emocionada por la idea—. Pero ¿eso no te pondría en peligro a ti?

—Soy Darya Telesco, siempre estoy en peligro, Evangeline—me dice, sonriéndome—. Me caes muy bien, sólo por eso.

—No sabes lo agradecida que estoy contigo. No sólo por lo del móvil, sino por sacarme de mi habitación.

Darya sonríe y me corre un mechón de cabello para colocarlo detrás de mi oreja.

—Después de la bofetada que le diste a Adiele, es lo mínimo que puedo hacer por ti.

Me echo a reír.

—¿Por qué no se lo diste tú antes? —pregunto, curiosa.

—Porque nuestras familias son amigas, muy y tienen un poder adquisitivo muy alto por lo que mi familia me prohibió una enemistad con ella, o al menos, que no se note en el palacio.

—Eso es horrible.

—Créeme que es más normal de lo que crees. The Moon tiene el nivel más alto de hipocresía.

***

ADIELE.

Llega a su habitación y lo primero que hace es correr al baño para saber hasta qué punto tiene marcada la cara luego de que Evangeline le pusiera una mano encima.

Furiosa, irritada y con los pelos de punta, enciende la luz y por fin su reflejo choco con el espejo.

—¡¡¡Hija de puta!!! —le grita a su reflejo y su amiga, Amaya se acercó a ella.

La otra había decidido que ver como Adiele lloraba en el espejo porque Evangeline seria una pérdida de tiempo así que se esfumó.

—Te ha dejado la mejilla del mismo tono que un tomate.

—¿¿Crees que no lo sé, Amaya??

—¡Bueno, no te enfurezcas conmigo!¡Debiste reaccionar y ponerla en sus casillas!

—¿No viste que intenté abofetearla?

—Sí, pero te faltó fuerza y claramente no la tienes—Amaya endurece su voz y Adiele la mira—¿No deberías estar pensado con qué cosa vas a intimidarla ahora?¡La hija de puta tiene una fortuna superior a la de nosotras, deberías estar desesperada!

Porque creo que no lo has logrado amenazándola con la navaja.

Adíele sale del baño y busca en su nevera algo congelado para desinflamar su mejilla. Amaya la sigue.

—Creí que el gas pimienta la asustaría—escruta Adíele, pensando en voz alta—. Creí que la navaja la aterraría, digo, es nueva en el pueblo ¿de dónde cojones sacó tantas fuerzas?

—Darya.

Las dos se quedan viendo.

—Darya Telesco le está dando fuerzas sino no hubiera reaccionado como reaccionó en el centro comercial.

—Darya por más que le diga que se aleje de ella no lo hará. Convencimos a todas las chicas que ignoraran a Evangeline y fue la única que hizo la vista gorda.

—Estamos en problemas, en muchos problemas—se desespera Adiele, con un pedazo de hielo envuelto en un trapo y pegado a su cara—. Ya no se me ocurre nada con qué espantarla. La idiota tiene ventaja.

—A menos que consigamos que Dan y Nathan la odien y con eso nos salvamos.

—Me parece demasiado cliche, Amaya. Terminaran odiándonos a nosotras si eso nos sale mal.

Su amiga le pone las manos sobre los hombros.

—Escúchame bien, es la única opción que tenemos o tendremos que ahogarla en la piscina, es la única manera de…

Tocan la puerta. Amaya se queda en silencio. Adiele se aleja y camina hacia la puerta para abrirla.

Una vez que lo hace, Nathan Telesco está apoyado en el marco de la puerta.

El chico en cuestión parece tener una apariencia ruda y desafiante. Su cabello oscuro y desordenado cae sobre su frente, y su piel morena tiene varias cicatrices y tatuajes visibles. Tiene un piercing plateado en el labio inferior, lo que le da una apariencia aún más rebelde. Sus ojos son oscuros y profundos, como si estuviera constantemente en guardia.

Viste una chaqueta de cuero negra, una camiseta ajustada y pantalones ajustados, todos ellos en tonos oscuros y desgastados. Puede parecer un poco intimidante a primera vista, pero hay algo magnético en su presencia que atrae la atención.

Su actitud puede ser un poco desafiante, pero hay algo en su expresión que indica que es un individuo seguro de sí mismo y con una gran determinación.

O eso es lo que pretende aparentar.

—Creo que deberías irte, Amaya—le anuncia Adiele, con los ojos puestos en Nathan.

—Dios, debería matarte por abandonarme por tu chico—gruñe, saliendo de la habitación.

—Pasa—lo invita Adiele.

Nathan ingresa y esta cierra la puerta.

—¿Qué te pasó en la cara?

—No quiero hablar ahora. Desvístete, Nathan.

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