Calumnia 

calumnia 4

Capítulo 4

La amistad de las dos amigas sufrió un revés tan grande que muchas personas del pueblo lo notaron. Norsy no volvió a salir y ni a preocuparse por su amiga Rosalba. Por el contrario, le rehuía y esquivaba cualquier conversación que alguien quisiera tener con ella con respeto a la fallida amistad.

Rosalba por su lado seguía viviendo su amor en una nube de rosa. Enrique era una persona humilde y franca, lo único que empañaba aquella felicidad era la enfermedad de Ana, que cada vez se veía más y más desmejorada.

Enrique partía a la ciudad donde estudiaba y Rosalba en el pueblo. Se llamaban y se enviaban cartas, llenas de amor y cada vez el romance se hacía más fuerte.

Rosalba compro un gran pañuelo de los que a Norsy le gustaba y lo envolvió en papel regalo y sin pensarlo se fue al cumpleaños de su amiga Norsy, pensaba ingenuamente que está había olvidado y que aceptaría su noviazgo.

Rosalba llego a la puerta y se sorprendió al encontrarla abarrotada de tantos jóvenes. La fiesta era por lo grande y a ella no la invitó. Eso quería decir que aún estaba resentida con ella por eso giro sobre sus talones para marcharse.

—Rosalba— la voz fría y dura se escuchó— ¿Qué haces en mi casa?— dijo la joven. Sabes que ya no eres bienvenida.

—Nor… quería darte este regalo—Rosalba extendió la mano temblorosa— solo quería felicitarte por tu cumpleaños.

Norsy la miro, en sus ojos brillaba algo turbio y tenebroso.

—Sabes mejor que nadie— levanto la voz lo más que pudo. Esta acción hizo que los presentes de la fiesta prestaran atención a la pareja que discutía— que no debo hablar contigo. Eres solo una mujerzuela que se acuesta con todo turista que viene al pueblo.

Rosalba al escuchar aquella mentira se sonrojo y paralizo. Jamás se hubiera imaginado que su mejor amiga mintiera de tal manera.

—¿Qué dices?— le dijo con voz temblorosa— jamás me he acostado con alguien.

—Si tú lo dices… — rio con maldad— muchos han visto cuando sale el ultimo turista de tu tiendecita, mientras la señora Ana que esta tan enferma atiende a su clientes, tu estas atrás revolcándote con él— rio a carcajada— crees que no lo sabía el pueblo. Bueno ahora sabe que eres una furcia al igual que tu madre.

Aquella palabras sobre su madre la golpearon aún más fuerte, que mintiera sobre ella.

—Calúmniame todo lo que quieras, pero con mi madre no te metas— grito la joven con amargura— pensé que eras mi amiga de verdad, pero solo eres una envidiosa que no sabe ceder ante el amor. Cuando una persona exige a otra que la ame, solo está humillándose para mendigar su cariño. Eso es lo que pasa a ti. Enrique no se fijó en ti que eres una mujer hermosa y con dinero. Se fijó en una mujer fea y con poca gracia. Tu orgullo es el que salió mal trecho por su desprecio.

Diciendo estas palabras la joven giró y salió. No le dio oportunidad para que ella la volviera a lastimar.

Llego a su casa y se encerró a llorar. Jamás imaginó que una amistada desde la infancia se estropeara por los celos y la envidia.

Rosalba no le conto a su madre pues estaba cada vez más enferma. El médico no le gusto lo que encontró en los exámenes, la mujer presentaba un cáncer en los pulmones y estaba progresando muy rápido y para la pobreza de las dos era casi imposible poder tratarse con los medicamentos que requería para aquella situación.

—Mi reina— dijo una mañana Ana— a Norsy la vi ayer en el centro médico y ni siquiera me saludo. ¿Pasa algo malo entre ustedes dos?

Rosalba estaba sentada jugando con la comida.

—Ella está molesta porque Enrique no se fijó en ella— dijo con tristeza. La joven estaba más delgada y ojerosa. La tristeza la abrumaba y la preocupación la acorralaba diariamente. Parecía enferma del mismo cansancio— ella se enamoró de él, pero como Enrique se fijó en mí.

Ana bajo la mira.

—El amor no se mendiga— suspiró con nostalgia—. Yo me enamore de un hombre casado y le rogaba por un tiempo de amor, quería vivir siempre a su lado, pero él jamás me amo, simplemente tomo lo que yo le ofrecía sin ningún tipo de compromiso. Y mira me quede sola y gracia al cielo llegaste tú, fue mucho peor lo que pasamos por falta de dinero. Las personas son muy crueles. Solo juzgan y no ven más allá, creen que ellas nunca se van a equivocar en la vida.

Rosalba escucha en silencio y le dolió mucho sus palabras. Su madre se aisló de la sociedad y nunca volvió a tener un amor que le llenara la vida.

—Amo a enrique, pero no sé a dónde va a parar todo esto. Norsy dijo en la fiesta que él y yo nos acostamos y que lo hago con cuanto turista llega al pueblo— una lagrima salió de sus ojos— lo siento mamá.

Ana ahora comprendía porque ya nadie le comparaba en la tienda que era el único sustento. Las ventas bajaron tanto que no lograba ni reunir para los recibos de los gasto de las casa.

—¡Dios!— exclamo angustiada— tenemos que hacer algo— dijo Ana preocupada— y ¿Si hablamos con los padres de Norsy?

—Ya trate de hablar con Esteban pero él salió a la ciudad, parece que se escapó con una chica— dijo en voz baja Rosalba— y sus padres están de viajo por el Caribe.

—No te preocupes, pronto todo se va arreglar— dijo Ana con voz sosegada, para disimular y que su hija no notara su preocupación.

Solo paso unos pocos días cuando Ana colapso por la enfermedad y Rosalba la interno.

Pasaron horas de mucha angustia y Rosalba se encontraba sola en la sala de urgencia. Las personas que se hallaban ahí la miraban y murmuraban de ella, haciéndola sentir incomoda y aún más triste y sola.

Enrique al saber aquella noticia saco un permiso en la universidad y se quedó con ella unos días y esto empero la situación de Rosalba. Esa era la confirmación de los chismes que propagaba Norsy. Norsy al ver los resultados siguió difamando a Rosalba y quería que los chimes llegaran a oídos de Enrique y este al oírlos repudiara a la joven novia y la abandonara.

—Enrique, el pueblo comenta que yo soy una cualquiera— dijo una tarde Rosalba— que me acuesto con todo turista que llega al pueblo.

—Lo sé— bajo la mirada— pero estoy seguro de que no es así. Yo confío en ti. Él sabía por el preceder de ella, era una joven aun inocente y no como lo quería pretender con los chismes del pueblo.

Esas palabras la llenaron de alegría.

—Pero creo que lo mejor sería que termináramos. Yo solo he sido un problema para ti— Enrique dijo con voz cansina. Norsy lo llamo esa mañana y le conto todo lo que estaba pasando su adorada amiga. El pueblo la estaba atormentado, nadie compraba en la tienda y a Ana no le querían atender como debía ser. Él ingenuamente creyó aquella mentira. Sin saber que era su mejor amiga la que estaba interviniendo por su Rosalba.

Rosalba que estaba ya cansada con tanto tras pies simplemente bajo la cabeza y lloro con tristeza.

—Te entiendo, lo nuestro es imposible – dijo amargada por el dolor y las vicisitudes del destino.

Ana salió dos días después, la mandaron con muchos analgésicos fuertes y medicamentos para dormir. Eran muy fuertes para controlar el dolor de la mujer enferma.

—Mamá ya tomaste tus medicamentos— preguntó la joven con una tristeza que se reflejaba en su rostro, a pesar de la sonrisa cálida que ella le brindaba— aquí está el jugo para bajar las pastillas.

—Gracias cariño— dijo la madre que la veía muy apática y triste. Se veía desmejora.

Después de acomodar a su madre Rosalba fue al baño y se dio una ducha. Lloro recordando cuando esa tarde salió a conseguir los medicamentos. Norsy azuzo a un grupo de personas y estos la golpearon con verduras, ridiculizándola al máximo.

Lloro con dolor, con tristeza. No entendía como su vida estaba como estaba. Ella solo se dio al amor, jamás pensó que su amiga, su mejor amiga la maltratara así.

Sin meditar en las consecuencias tomó unas pastillas para dormir y sin pensarlo las ingirió. Solo quería dormir un poco, se sentía tan cansada y afligida. Le dolía el corazón. Llevaba noches sin dormir tanto por la preocupación como por el dolor de haber perdido a su amiga y a su primer amor.

Lo que no sabía Rosalba que la fatiga y la debilidad fueron el apoyo mortal con las pastillas. Esta cayó en un profundo sueño donde nunca más despertó.

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