Amarte hasta mis cenizas (4-6)

Amandote hasta mis cenizas 2 1

                                      Capítulo 4: No debes comenzar a sentir, Rebecca.

—Creo que ya debo irme. —mencionó William sonriendo de lado con algo de timidez en su tono de voz, pobre, le he dicho que mi padre es un hombre bastante serio, ¡Pero es que esta vez sí se ha pasado!, asentí y él se despidió de todos y dejándome para el final, me dio un tierno beso en la mejilla y luego sonrió—. No me gustaría irme, pero tengo que hacerlo, cuídate, princesa. —susurró cerca de mi oreja.

¡Princesa! ¡Me ha dicho princesa! ¡Dios ahora puedo morir en paz! —fue lo primero que pensé, sonreí de lado y seguí mi camino detrás de él, acompañándolo hasta la salida, esperando que allí, a las afueras de mi casa, pasase algo más. «En ese momento ya me tenías, Will, ya podía sentir que todo mi corazón era completamente tuyo»

Una vez él se había ido mi madre me hizo sentar lejos de mis hermanos y comenzó con su cuestionario extraño, me preguntó si William y yo, en efecto, manteníamos alguna especie de relación o algo así, pero tuve que decirle que solo somos amigos, no dejé abierta la posibilidad de ser pareja más adelante, porque no lo sabía y pensaba que si lo decía en voz alta abría más paso a posibles ilusiones de mi parte… bueno, más de las que ya tenía.

Evitando así hacerme falsas esperanzas le dije tajantemente a mi madre que William y yo solo somos amigos y así, evitar que mis padres pierdan el sueño de verme toda una vida vistiendo santos, no sé si eso es bueno o no, ¿Pero qué padre quiere que su hija se quede sola toda la vida? Ni idea. Solo quería creer que lo decían desde una mirada que yo en ese entonces ignoraba.

Me fui a la cama y cómo ya era costumbre entre Will y yo, nos quedamos hablando hasta cerca de las dos de la mañana, cómo me hacía reír ese hombre, ambos éramos diferentes al resto, o al menos, eso pensada en aquel momento, la noche estaba bastante avanzada y no sé si resulta así para todos, pero es el momento más desestabilizante de todos, agregando que es un momento en el que estamos más expuestos a abrirnos a la persona con la que hablamos, en este caso, no omitía ningún detalle de mi vida con William, un arma que podría tener doble filo, si lo pensaba más a detalle, pero no me importaba, confiaba en él cómo nunca he confiado en alguien más, al menos no en un hombre.

Mensaje William: Llegué bien. —escribió William en un mensaje provocando que se asomara una sonrisa en mi rostro, me alegré de tan solo darme cuenta de que era él quien me escribía.

Mensaje Rebecca: Que bueno. —respondí sonriendo a la pantalla cómo si alguien pudiera verme.

Mensaje Rebecca: ¿No pasó nada durante el camino a casa? —agregué curiosa pensando en quien sabe que cosas pudo haberse topado por el camino.

Mensaje William: Todo tranquilo, no te preocupes. —mencionó él casi enseguida, volví a sonreír, esta vez aliviada.

Mensaje Rebecca: Me encantó que vinieras, pensé que no lo harías en verdad. —escribí mientras seguía sonriendo cómo una niña chiquita a la que le acaban de dar un premio.

Mensaje William: Claro que lo haría, es más, me sirvió para volver a darme cuenta de lo hermosa que eres, toda una princesa. —escribió provocando que nuevamente me sonrojara, ¿Qué poder tenía él sobre mí?

Mensaje Rebecca: Basta con eso. —comenté.

Mensaje Rebecca: Harás que me crea todo lo que me dices y cuando ya no lo digas estaré triste. —agregué en medio de una sonrisa, a pesar de todo esto que estaba sintiendo por William, no podía dejar de pensar en una cosa, si este llegaba a dejarme en cualquier sentido… dios, dolería mucho.

Mensaje William: Y quien te dijo que dejaría de decírtelo. Siempre te recordaré lo hermosa e inteligente que eres. —agregó nuevamente, ¡No puedo contigo William Smith! ¡Me estás volviendo completamente loca! Y sí, muy loca, tanto que ni siquiera me daba cuenta de todo lo que estaba escribiendo.

Mensaje Rebecca: Te quiero. —escribí sin pensarlo, solo lo sentí y mis dedos, sin tenerlos bajo control, lo escribieron, mi corazón y mis manos se habían confabulado para escribir aquel mensaje del cual, cabía la posibilidad, me arrepentiría.

William se demoró en mandar nuevamente un mensaje, temí que se hubiese arrepentido de seguir hablándome por mis palabras, creo que debí haberlo dejado a él seguir avanzando en ese tema., así que aproveché de dejar el teléfono cargando, de cenar y luego de cepillarme los dientes y colocar mi pijama.

Para cuando lo volví a tomar en mi mano, tenía algunos mensajes de él, ¿Cuál será el contenido de ellos? De pronto me encontraba sumamente ansiosa.

Mensaje William: También te quiero. Disculpa por responder tan después, pero me estaba bañando. ¿Estás ahí? —escribió y sonreí, mi corazón se aceleró cuando leí el mensaje donde decía que también me quería, pero no puedo hacerme muchas ilusiones con eso, tal vez solo me quiere como amiga, no puedo explayarme tanto con el tema, no si quiero seguir permaneciendo una mujer cuerda y no una completa loca.

Mensaje Rebecca: Sí, sí estoy, es que estaba comiendo. —respondí adjuntando una carita sonriente. Mágicamente la vergüenza se me había ido, me gustaba poder hablar así con Will.

Después de unas horas en las que nos mensajeamos y hablamos por llamada, quedamos de acuerdo para juntarnos un viernes por la tarde, obviamente, que no le afectara demasiado en su trabajo, seguramente iríamos a la misma plaza a la que habíamos ido, y no me molestaba, porque me encantaba conversar y estar con William, sin importar donde fuera, él tiempo a su lado parecía eternamente mágico y único, tal vez me estaba dejando llevar por todo lo que sentía, pero quería hacerlo.

Terminé durmiéndome y creo que él también puesto que, llegó un momento en el que ninguno de los dos siguió respondiendo los mensajes, pude percatarme de eso por la mañana, una vez desperté.

Cuando lo hice, recordé un sueño que había tenido, dormía al lado de William y él me abrazaba fuertemente, pero sin causar alguna especie de daño, al contrario, me sentía demasiado protegida cuando lo hacía.

Esperaba que aquel sueño algún día se hiciese real, pero sabía y me decía a mí misma que no debía ilusionarme, a veces parecía una loca, —Rebecca no debes hacer esto, Rebecca no debes enamorarte, no debes sentir más de lo que él siente—. Pero a veces me decía que las cosas no siempre eran como lo parecían, entonces no podía dejar de pensar en que tal vez ese hombre podía llegar a sentir lo mismo que yo, y que se encontraba en el mismo dilema…

                                   Capítulo 5: El comienzo de una bonita historia de amor.

«Pobre de mí estúpido corazón que nunca encuentra paso en el camino de la razón cuando ya se encuentra enamorado, ¿Será que tendré que volver a pasar por esto William? Porque para mí es incontrolable sentir lo mismo que ese día, lo mismo que ese día que te conocí, sobre todo cuando estás ahí, tan cerca, diciéndome que me amas, que tu peor error ha sido dejarme.

Dios, William, te amo y no puedo sacarte de mí, de mi cabeza, ni de mi alma, que ese mismo dios al que le recé por cuidarnos, por cuidarte, por entregarnos una vida juntos, un hijo que ambos atesoraremos por siempre, a ese mismo le rezo para que algún día salgas de mi cabeza, que la sombra de lo que significaste en mi vida desaparezca de una vez por todas… quiero que me liberes, que dejes de atormentarme, que dejes de provocarme todo esto que siento y que no me deja avanzar… porque desde ese día que terminamos, desde ese día que no avanzo.

Mi corazón siempre se ha caracterizado por ser rebelde, entregado, y es que sigue siéndolo, pero aún tu nombre está grabado en él, por favor, devuélvemelo y deja de lastimarnos a ambos con esto que no nos llevará a ningún lado»

Mensaje William: Buenos días. —el mensaje que Will estaba acostumbrado a dejar por las mañanas a veces pensaba que solo despertaba primero que yo para desearme los buenos días, sobre todo los fines de semana, aunque luego recordaba que también trabajaba y que tenía que levantarse temprano para hacerlo.

Mensaje Rebecca: Buenos días. ¿Cómo dormiste? —pregunté curiosa, la verdad es que estás preguntas no eran forzadas, solo fluían en la conversación, simplemente quería que todo lo relacionado con Will fuese lo más natural posible.

Mensaje William: Con los ojos cerrados. Tranquila, amanecí bastante bien, ¿Y tú? —preguntó, no pude evitar sonreír con aquel mensaje, es que me encantaba.

Mensaje Rebecca: Bien también. —respondí adjuntando una cara sonriendo.

No podía sacarme de la cabeza aquel sueño, ahora me estaba atormentando, porque tenía deseos de contarle, pero no quería parecer una tonta niña pequeña, así que no lo hice, tendría que esperar a ver qué pasaba entre nosotros y ahí ver la posibilidad de contarle mi sueño, pero, por ahora, eso era algo que no tenía futuro.

Mensaje William: ¿Qué haces? —preguntó Will, creo que me estaba acostumbrando a sus repentinos mensajes que acababan con mi percepción de tranquilidad, y no era algo que me convenía hacer puesto que esto fácilmente podía acabar de un día para otro, sin ningún justificativo, exactamente tal cual empezó, o al menos eso pensaba.

Por nada del mundo quería volverme una persona dependiente de otra, no tenía muy buenas experiencias en ese sentido, de solo recordar mis experiencias pasadas, aunque no fueron muchas si me quedaron grabadas en la mente.

«Sí, amado William, sí tuve experiencias anteriores a ti, conocí una pequeña muestra de lo que era el amor antes de conocerte y digo pequeña, porque aunque quisiese, ninguna experiencia pasada se compara a la que viví contigo, me hiciste sentir de manera inexplicables y de la misma manera me hundiste, Y sí, le agrego la —s— porque fue más de una vez, no en el sentido que seguramente comprenderás, pero sí, me hirieron, pero nunca llegué a amarlos, no cómo a ti, imagínate todo el daño que lograste hacerme y la brutalidad con la que marcaste mi vida, fue desastrosa. Cuando te conocí recuerdo que quise… anhelaba tu ayuda para cambiar mi vida, para cambiar la aburrida tranquilidad en la que me mantuve por tantos años, pero la terminaste por completo, mis noches no hago más que soñar contigo, con lo que fuimos, y en mis días veo tu viva imagen reflejada en nuestro hijo, en la casa donde compartimos tantas cosas, dios Will, quería perder un poco de tranquilidad, pero tu arrasaste con toda»

Mensaje Rebecca: Aquí, estaba desayunando. —mencioné sonriendo a la pantalla.

Mensaje Rebecca: ¿Tú qué haces? —agregué nuevamente.

Salí de la cocina con mi tazón de café y me dirigí a terminar una de las tantas tareas pendientes de la escuela, no las haría si no significaran nada, pero lamentablemente contaban para las evaluaciones y no quería verme perjudicada solo por mi propia irresponsabilidad, no ahora que ya me quedaba el último año antes de entrar a la universidad.

Mensaje de William: Que bueno, yo en el trabajo. —respondió, de pronto me entró una sensación cómo si le hubiese molestado aquel comentario de mi parte, o peor aún, su respuesta.

Los días pasaron y hoy ya era el día en el que nos veríamos nuevamente, llevé ropa para la escuela, para así cambiarme inmediatamente tocase el timbre de salida y no ir con ropa de colegiala, William me estaba esperando a la salida del establecimiento y por alguna razón todos se quedaron observándome.

«Siempre quise que mi pareja me fuese algún día ir a buscar a la escuela, supongo que tú lo hiciste, William. El primer día de clases en el instituto tú me fuiste a dejar y por un instante, luego de tantos problemas que nos atormentaban, sentí que estábamos bien, que podríamos enserio volver a empezar y que la nueva vida juntos con la que tanto soñábamos por fin comenzaría…

Pobre e ilusa de mí, pensar que todo eso podría ser posible. Tú lo sabías William, ¿No? Tú sabías perfectamente cómo acabaría todo y no es que te culpe por eso, simplemente tenías más vida recorrida que yo, más experiencias, mejores, no podía esperar que nuestra relación funcionase, éramos y seguimos siendo muy diferentes el uno del otro»

—¿Por qué vistes así? —preguntó. Sonreí avergonzada, ¿Sería un comentario bueno? ¿O tal vez parecía que estaba haciendo el ridículo y por eso todos me estaban mirando?

—Porque íbamos a salir, ¿No me queda bien acaso? —mencioné con las mejillas rojas por vergüenza. Él sonrió y luego camino conmigo a su lado, trató de tomar mi mano cosa que me avergonzó aún más, sólo esperaba que nadie me estuviese viendo en estos momentos, en parte, porque no quería tener que explicar que solo éramos amigos cuando evidentemente, quería ser mucho más que eso, pero no estaba segura de sí él también lo quería.

—No es eso, te ves demasiado hermosa princesa. —mencionó mientras trataba de buscar mis ojos con su mirada, traté de mirarlo, pero no aguanté más de medio segundo haciéndolo, ¿Qué tenía él diferente a los demás? ¿Por qué captaba tanto mi atención? Solo era un chico más, cómo cualquier otro—. ¿Qué pasa? —preguntó tomando mi mano, me puse mucho más nerviosa.

—Me da nervios. —respondí con un tono de voz bajo—. ¿Por qué lo haces? —agregué sonriendo tímidamente—. Tomarme de la mano y mirarme así. —aclaré cuando sentí su mirada confusa sobre mi ser.

—¿Mirarte cómo? —mencionó William provocando que mi mirada se fijase en la suya por un poco más que solo un par de segundos—. Cómo si fueras la mujer más hermosa y perfecta de la tierra, eres tan hermosa y distinta al resto de mujeres que he conocido, que me hace pensar si esto es real o si solo está en mi imaginación. Tomé tu mano porque quiero asegurarme de que no escaparás cuando te diga lo que tengo planeado, sé que es demasiado pronto, pero no quiero esperar más para hacerlo.

«Cuando me insinuaste que querías estar conmigo, que sentías cosas por mí… juro por todo lo sagrado, William, fue el momento más maravilloso de mi vida, ¿Quién diría que detrás de toda esa felicidad se arrastraría tanta tristeza y lágrimas? Nadie que nos hubiese visto tenía pensado aquello, solo las personas que nunca pensaron que saldríamos adelante, no juntos, no con un hijo, y tenían razón, nos dejamos consumir por el fuego de la comodidad y de la rutina…

Yo te demostré mi amor de sobra pensando que hacía bien en ello, mientras que a ti te faltó demostrarlo, te faltó confiar, te faltó amarme… William, en cada pensamiento que tengo contigo siempre termino haciendo dos cosas, la primera; sonreír por lo que fuimos, la segunda; llorar por cómo terminó todo»

                                        Capítulo 6: Me estoy enamorando de ti, Becca.

—¿Qué—qué co—cosa? —tartamudeé. Mis piernas comenzaron a temblar, ¿Será que quería decir lo que yo también tanto esperaba? «No te ilusiones Becca, no pienses cosas que no pasarán». —me repetí a mí misma esta vez, no quería parecer una estúpida.

—Que no sé cómo pasó, te juro que no me esperaba esto, por lo menos no tan rápido, pero estoy sintiendo algo muy fuerte aquí adentro. —mencionó tocando su pecho, a la vez que provocaba que mis ojos se llenasen de lágrimas—. En estos momentos mi corazón está acelerado con solo escuchar tu voz, quiero que seas mi novia, Rebecca, me enamoré sin siquiera saberlo, pero ya no puedo dejar de pensarte, u oírte después de cada llamada que hacemos, es cómo si tu voz hiciera eco en mi cabeza. No puedo, me niego a dejar de ver tus labios cada vez que me envías una foto de tu hermoso rostro, no sabes cuánto alegraste mi vida desde que apareciste en ella. —agregó.

—Y—yo… no sé qué decir. —respondí, no podía creer lo que sestaba pasando, sí era lo que yo creía, me sentía alegre, demasiado, pero también tenía miedo, mucho miedo porque no sabía si esto duraría, y tampoco quería arriesgarme para que al final todo terminara.

—Dime que también sientes lo mismo, no puedes negarlo, sé que te causa nervios cuando estoy cerca de ti, mírate, estás temblando con el solo hecho de tenerme cerca, me preguntó… ¿Cómo reaccionarías si llego a besarte? —susurró acercándose a mí, una de sus manos tomó mi mejilla, por acto inconsciente, respondí a su caricia cuando aquella zona se estremeció por completo, y con la otra mano, tomó ligeramente mi cintura acercándome más a él—. No sabes cuánto tiempo llevo deseando esto. —terminó de decir.

Sus labios fueron acercándose lentamente a los míos, cuando por fin los unió respondí a cada uno de sus movimientos, instintivamente, era la primera vez que lo hacía, y no sabía si lo estaba haciendo bien, pero disfrutaba de sentirlo tan cerca de mí.

—¿Lo hice bien? —pregunté apenada, no sabía si estaba bien lo que había dicho, pero de igual forma lo hice, soy estúpida, lo sé.

—¿Por qué lo preguntas? —dijo él mirándome fijamente, mis mejillas enrojecieron rápidamente, lo sé porque sentí ese calor tan particular en aquella zona.

—Nunca había hecho esto, no de esta manera, William, siento todo mi cuerpo raro y me siento torpe al tratar de besarte. —respondí con vergüenza, sabía que no tenía por qué sentirme así, pero de igual forma lo hacía, a mis diecisiete años era la primera vez que besaba a alguien, si me comparaba a mis amigas o compañeras, era un completo fiasco en ese tema.

—Fue más que perfecto, ahora más que sé que provoco estas cosas en ti. —mencionó. Creí que me estaba muriendo por dentro, por la vergüenza—. ¿Pasa algo? —preguntó.

—No, no pasa nada. —comenté.

Caminamos hasta llegar a la plaza, que, por cierto, quedaba mucho más lejos que la vez pasada, es más, ni siquiera sabía a donde iríamos, pero no era el mismo lugar de la vez anterior.

Él no había querido soltar mi mano en todo el camino, y creo que yo estaba demasiado nerviosa por eso, es verdad, nos habíamos besado, ¿Qué nos hacía eso? ¿Novios? ¿Amigos? ¿Amigovios? Creo que la última palabra la había inventado.

—¿Qué nos hace esto? —pregunté curiosa, sabía que estaba siendo demasiado apresurada con todo esto, él sonrió y luego me miró con una mirada que no conocía en él, me sentí extraña, una corriente pasó por toda mi columna vertebral, pero tampoco sabía que significaba.

—Creí que había quedado claro que te amaba, que mi corazón aprendió a amarte y que quiero que seas mi novia, ahora, debes responderme si también lo deseas tanto como yo.

—Sí, sí quiero. —respondí tímidamente, volvió a tomarme de la cintura y me acercó lentamente a él, unimos nuestros labios, sus manos iban bajando hasta mi trasero y decidí separarme.

—Perdón. —mencionó—. No quería incomodarte. —agregó.

—Tranquilo, es que no estoy muy acostumbrada. —respondí.

Él me abrazó y después besó mi frente, sentí cosquillas recorrer todo mi cuerpo justamente en ese momento en que separó sus labios de aquella zona de mi cuerpo, me resultó bastante tierno, seguramente atesoraría aquel momento cómo un recuerdo bastante valioso para mí. Creo que en mi vida había alcanzado a pasar por esto, pues mi relación anterior fue algo complicado, sin contar el hecho de que prefería mantenerme con las personas vía online a tener que tratar con ellas.

—Amor, necesito comentarte algo. —dije sonriendo.

—Sí, dime, sabes que puedes decir lo que quieras. —comentó él enseñándome una sonrisa.

—Recuerdas que alguna vez te comenté acerca de un hombre con el que estuve antes de ti… bueno, él me ha vuelto a hablar, pero lo he bloqueado. —comenté sonriendo tímidamente mientras sentía su mirada fría sobre mí—. Creí que debías saberlo.

—¿Por qué no lo bloqueaste antes? ¿Seguían hablando a mis espaldas? ¿Qué hacías con él? —preguntó provocando que su reacción me pusiera más nerviosa de lo que ya estaba.

—No he hecho nada y no lo bloqueé porque simplemente pensé que él ya lo había hecho, resulta que vio una foto en la que aparecía contigo y por eso me habló. —mencioné sonriendo mientras trataba de acariciar su mejilla, pero este se apartó bruscamente de mi lado, haciéndome sentir culpable, pero ¿Por qué lo estaría? No había hecho nada malo, ¿O sí?

—¿Qué hiciste con él, Becca? —preguntó nuevamente, William estaba enojado, pero no entendía por qué, pensé que sería mucho mejor que le comentase esto en lugar de ignorarlo.

—Te lo juro por nuestro amor, Will, que no hice nada con él, de hecho, ni siquiera sabía que lo tenía, pensé que me había bloqueado o que me había eliminado. —mencioné.

—Mmm bueno. —dijo. Lo abracé, pero había algo diferente, se sentía distante de mí.

«Recuerdo perfectamente que lo primero que pensé en ese momento pensé que había cometido un error al contarte aquello, y lo que me hizo dar cuenta de que nunca podría ser completamente sincera contigo, no lo sé, fue un pensamiento estúpido, quizás… quizás tan solo no quería agobiarte o entregarte más inseguridades de las que ya tenías, deseaba con todas mis fuerzas ser tu lugar seguro, que confiases en mí cómo nunca lo hiciste, durante toda la relación siempre deseé ser la mujer que te acompañase en tus buenos momentos, en los malos, y en los peores.

Pobre ilusa, de nuevo. Debí comprender que no me amabas, que nunca llegaste a amarme cómo yo a ti, yo sí era capaz de dejar mis creencias de lado por ti William, ¿Por qué tú no? ¿Por qué nunca fuiste capaz de aceptar tus errores y trabajar en ellos? Porque sí, debes aceptar que los cometiste una y otra vez, por eso estamos así ahora, separados. Tú feliz con otra y yo… yo intentando sacarte de mi cabeza»

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