Alonso de Montúfar y la lucha entre el clero secular y regular.

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Las primeras décadas de la dominación española fue ganada en la materia religiosa por las ordenes mendicantes (franciscanos, dominicos y agustinos), quienes ganaron el monopolio de la evangelización de los indígenas, gracias a la continua lucha de los franciscanos contra los encomenderos españoles y por el apoyo del primer arzobispo fray Juan de Zumárraga. Mientras el clero secular (sacerdotes y diáconos) quedaron muy reducidos en sus campos de acción para solo dar servicios religiosos a los españoles, sobre todo su situación era empeorada por su escaso número provocando que fuesen sustituidos por los propios frailes. Es de ahí que, a la muerte de Zumárraga, el rey se da a la tarea de equilibrar las cosas con el clero regular y devolverle el poder eclesiástico al secular, razón para que el puesto fuese asignado a Alonso de Montúfar, un clérigo muy experimentado por su carrera en puestos importantes.

Montúfar nace en 1489 en Loja, Granada, tocándole vivir de cerca los últimos años de la Reconquista y sobre todo los inicios de la labor evangelizadora enfocada a los musulmanes, haciendo que se decantara por la vida religiosa e ingresa a la orden de los dominicos de donde hizo carreara como maestro llegando al rango de colegial perpetuo. Esto hizo que fuese miembro de la Santa Inquisición de Granada y participase en el proceso de erasmista Juan Gil, sumado al haberse ganado la protección del arzobispo fray Diego de Daza, logra que el Consejo de Indias lo considerase para ocupar el puesto de arzobispo de México. Tuvo que retrasar su viaje por cuatro años en lo que dejaba arreglado sus asuntos en España, tiempo donde pudo entablar relación con Vasco de Quiroga quien se encontraba en la península y lo asesora sobre el trabajo que había realizado en Michoacán, las pautas que se debían seguir para la evangelización de los indígenas y también hablan sobre la necesidad de ir secularizando la vida religiosa de la Nueva España.

Hacia 1554 tanto Montúfar como Quiroga parten de la península y llega a tomar el puesto el 1ro de junio después de seis años donde era sede vacante, siendo recibido en un inicio con entusiasmo, pero al poco tiempo se disipa ante su rápido actuar con las ordenes mendicantes y su intento por capitalizar a la diócesis. Mientras la idea de las órdenes religiosas era la de crear una sociedad nueva aprovechando el desconocimiento de los indígenas del cristianismo al inculcarles sus valores más puros, Montúfar era parte del sector conservador de la iglesia española y consideraba de vital importancia el culto a las vírgenes y a los santos y a la doctrina del purgatorio al ser partidario de la Contrarreforma. El problema radicaba en el fondo doctrinal, ya que las ordenes mendicantes eran partidarias de las ideas de Erasmo de Rotterdam o incluso del milenarismo, pero Montúfar estaba en contra al considerar que atentaban contra la autoridad diocesana y la de Roma al basarse en la idea del retorno a la iglesia primitiva, considerándolas como el punto de origen del protestantismo de Martin Lutero y el cisma que produjo.

Llegaría a descalificar el trabajo de los frailes en su proyecto evangelizador al considerar su alejamiento del dogma católico, que habían abusado de los indígenas al obligarlos a construir iglesias ornamentadas, a los que habían recibido educación los pone como ladrones y violadores de mujeres y el proteccionismo de los indígenas solo lo consideraba una excusa para no pagar el diezmo. Organiza el Primer Concilio Provincial Mexicano para dar las pautas de su programa ejecutivo, convocando solamente a los prelados de las diócesis y a los representantes de los cabildos eclesiásticos de México, Tlaxcala, Guadalajara y Yucatán, las ordenes mendicantes no tuvieron representación salvo por el obispo de Tlaxcala fray Martin Sarmiento de Hojacastro y el de Chiapas fray Tomas de Casillas. Se establece la preminencia de la ortodoxia católica para combatir al protestantismo, dando especial énfasis al erasmismo del clero regular, por lo que se debía de incentivar el culto a la virgen María y a los demás santos, estableciéndose a San José como santo patrono de la Nueva España por sus atributos de “controlar el rayo, las tormentas y el granizo”.

Les quita facultades a los frailes en sus labores religiosas como el poder oficiar las bodas de los indígenas o la fundación de nuevas misiones y conventos, así como se ordena el cese de cualquier culto de origen indígena al considerarse como herejías, sobre todo se debían examinar las imágenes que habían producido para evitar toda clase de desvío para cambiarlas por “imágenes legítimas”. Se hace obligatorio el pago del diezmo para los indígenas al ser considerado fundamental para la financiación de la formación de sacerdotes los cuales pueden cumplir con su papel de protegerlos de los encomenderos, pero esta medida fue desobedecida por el clero regular quienes llevan a pleito el asunto ante el Consejo de Indias argumentando que los indígenas ya cumplían con el pago de tributo como forma de contribución para el estado, considerando el diezmo como una carga excesiva que podría alejarlos de la iglesia. La corona decide dejar sin efectos la orden de Montúfar dándole un golpe serio a su autoridad, cuya legitimidad estaba comprometida al saberse su participación en numerosos negocios, como el caso de los beneficios de las minas de Temascaltepec de donde pudo financiar las obras de la Catedral Metropolitana, todo a través de la participación de su supuesto hermano (se ha dicho que pudo ser su hijo) Martin de Montúfar.

Gracias por su atención y los espero en la siguiente lectura.

Federico Flores Pérez.

Bibliografía: Gisela von Wobeser. Origen del culto a nuestra señora de Guadalupe, 1521-1688.

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Imagen:

Izquierda: Jose Vivar y Valderrama. El bautizo de Ixtlixóchitl, un noble indigena, siglo XVIII.

Derecha: Anónimo. Retrato de Alonso de Montúfar, siglo XVI.

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